Los grados del hambre

Fuente: cinismoilustrado.

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Ahora campan a sus anchas. Más que nunca. Las Fuerzas del Mal lo han invadido todo. El Estado se pudre y la Gran Horda, esa mezcla repugnante de liberalismo económico y estética neocon, está engullendo sus tripas. Las suyas y las nuestras. Y las del vecino. Las del funcionario, las del pequeño empresario y las del asalariado. Las de la parada, el ama de casa y la estudiante. Las jubiladas tampoco se escapan. Ni aquella persona migrada, que vino huyendo del hambre, y que hoy se parte de la espalda por un jornal de miseria…

Esa caravana de la muerte ha logrado roer los huesos de otro monstruo. Uno más viejo que ella y no menos feroz. La oxidada maquinaria feudal de la universidad española ha cedido (y continúa cediendo) ante la ley de la selva en frentes tan numerosos como espeluznantes.

Los actuales grados universitarios van camino de convertirse en una especie de tercero de bachillerato, una pequeña píldora de competencias para saciar la inquietud de la persona joven de clase trabajadora. Otro tema son los másteres y los postgrados, amigo mío. Esos sí son de verdad. Ahí sí que se adquieren competencias a porrón. O, al menos, te cobran el puto crédito a precio de órgano sano de niño secuestrado en país rico.

Fuente: cinismoilustrado.

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El encarecimiento de las matrículas y el desvío de la buena formación a cursos posteriores es un verdadero atentado contra la democracia. El de clase trabajadora estudia tres añitos, aprende cuatro cositas y, con un poco de suerte, aspira a fregar suelos sin contrato ni pollas en vinagre (con perdón de la grosería). Eso por no hablar de las prácticas de la vergüenza, obligatorias en la mayoría de los grados, no remuneradas o, en el mejor de los casos, mal pagadas con algo de calderilla. Pagar por trabajar. Lo que nos quedaba por ver. Y, para más inri, las prácticas suelen hacerse en empresas privadas. Genial. Los mayores genocidas de la clase trabajadora ahora también esclavizan a su prole, aquella que con mucho sudor y esfuerzo, logró entrar en la universidad. “A lo mejor podemos contratarte cuando termines”. Y ahí van, chavalitos y chavalitas, partiéndose la espalda y el bolsillo, a trabajar gratis para que unos cuantos cerdos coman más y mejor en su pocilga de altos vuelos. A trabajar pagando, fantaseando con un contrato que no suele llegar. Y, que aunque llegase, no justificaría en absoluto la (sobre)explotación previa.

Desde el Grupo de Arqueología Social (GAS), condenamos el actual sistema de grados, la subida de las tasas, las prácticas no remuneradas o pagadas con becas de miseria, el 3+2 y toda esa puta mierda neoliberal y clasista. Creemos que la formación es un derecho y no un privilegio de quienes pueden pagarla.

Magnífico Rector

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