Efeméride: 67 años de la creación del Estado de Israel

Theodor Herzl era un hipster, bro. No te creas que esas barbas son gratuitas.

Theodor Herzl era un hipster, bro. No te creas que esas barbas son gratuitas.

Hoy 14 de mayo de 2015 se cumplen 67 años de la creación del Estado de Israel y en GAS no hemos podido evitar querer celebrarlo por todo lo alto. Y es que aunque el nombre de nuestro grupo pueda ser malinterpretado intencionadamente como un alarde de humor negro antisemita, ¡no es así! Al igual que “sexo” y “género” no son lo mismo, en GAS somos muy conscientes de la diferencia entre “judaísmo” y “sionismo”. El sionismo es una ideología nacionalista que busca el establecimiento de un Estado etnocrático y que se sirve del concepto de “pueblo judío” para desarrollar tal proyecto. En cuanto al “judaísmo”, pues el judaísmo es… es… Es muy difícil de definir, precisamente porque el sionismo lo ha contaminado y deformado hasta límites nachovidalianos. ¿Los judíos son sólo un grupo de personas que profesan una misma fe? ¿Son un pueblo histórico? ¿Son una raza? (A ver si Adolfo iba a utilizar la categoría correcta…) ¡Jehová no lo quiera!

En cualquier caso, el sionismo pasó de ser el sueño de un loco muchacho centroeuropeo a convertirse en un proyecto político real. Este proceso histórico ha sido chupiguachifantásticamente analizado por el historiador israelí Shlomo Sand. Sus dos libros sobre el tema –La invención del pueblo judío (2008) y La invención de la Tierra de Israel (2012)– han causado un gran impacto. Se espera un tercer libro que se llamará La invención de los judíos seculares. Sólo falta que el amigo Shlomo haga su obra cumbre: La invención de la invención de la invención de la… ¡Lo petaría! Ahora en serio, son unos libros muy recomendables en los que se aplican a la perfección las nociones de “invención de la tradición” (de Hobsbawm) y de “comunidades imaginadas” (de Anderson). Si piensas que nuestra labor es la de desnaturalizar el presente y todo eso, el amigo “Xolomo” te encantará (chiste para vascohablantes… por favor, los demás no os sintáis excluidos: somos una nación inclusiva, moderna y laica… como Israel). Sand demuestra cómo el concepto de “pueblo judío” nazió nació a lo largo de los siglos XIX y XX y que aún hoy sigue en construcción. Lo importante es que el sionismo lo moldeó a su imagen y semejanza para así poder justificar un proyecto de colonización. En este sentido, el Sabino Arana judío Theodor Herzl organizó auténticas compañías de colonos para iniciar la compra, venta y ocupación de tierras en Palestina (también se barajó Argentina). Recomiendo encarecidamente la lectura de algunos de sus textos porque son canela en rama: hay tanta xenofobia, que al final resultante erotizante.

Por lo demás, el 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión leyó la declaración de la independencia de Israel, el resto del mundo “civilizado” tenía flojera por cierto sentimiento de culpa por lo ocurrido la juerga anterior (que si Alemania lo hizo todo, que si aquí nadie sabía nada…) y el resto de habitantes de los alrededores comenzaron a identificar este día como Nakba (“desastre” o “catástrofe” en árabe) porque supuso el comienzo de la “primera guerra árabe-israelí” –con más secuelas que Rocky– y el exilio para miles de refugiados palestinos.

Por suerte, hoy todo está en calma por allí… Oh wait. Mejor pensemos en otra cosa. Florecitas. Mariposas. Verdes prados. Verdes prados llenos de cadáveres. Alambres de espino con cuerpos famélicos enganchados. Niños gazatíes sin casa y sin futuro… Hablar de sionismo es hablar de horror. Es como intentar hablar de nazismo y pensar en qué mono le quedaba el peinado hipster a Adolfo. Para muestra, un botón.

Un chistecito un poco subidito de negro. De humor negro, digo.

Un chistecito un poco subidito de negro. De humor negro, digo.

Para acabar, os ofrecemos un estupendo bonus track que merece muchísimo la pena. Es un breve diálogo sacado de La invención del pueblo judío que relata un hecho real. Dov, antiguo miliciano anarquista en la Barcelona de la Guerra Civil, se marcha exiliado a Israel tras el conflicto, pero allí encuentra otro nuevo episodio bélico: la ya mencionada primera guerra arabe-israelí, en la que combate por el bando israelí. Años más tarde, el Estado de Israel le abre una investigación para determinar su nacionalidad (u origen étnico) y su religión (algo imprescindible por supuesto) y he aquí la conversación con el funcionario que le investiga. En este breve texto se resumen algunas de las muchas contradicciones del Estado de Israel.

«- Usted no es judío –dijo el funcionario.
– Nunca dije que lo fuera –replicó Dov.
– Tendremos que cambiar su inscripción –dijo con indiferencia el funcionario.
– No hay ningún problema –acordó Dov–, adelante.
– ¿Cuál es su nacionalidad?
– ¿Israelí? –sugirió Dov.
– No existe semejante cosa –afirmó el funcionario.
– ¿Por qué?
– Porque no existe una identidad nacional israelí –el funcionario del Ministerio dijo con un suspiro –. ¿Dónde nació usted?
– En Barcelona.
– Entonces pondremos “nacionalidad: española”.
– Pero yo no soy español. Soy catalán y me niego a ser clasificado como español. Contra eso es contra lo que luchamos mi padre y yo en los años treinta.

El funcionario se rascó la cabeza. No sabía mucho de historia, pero respetaba a la gente.

– Entonces pondremos “nacionalidad: catalán”.
– ¡Muy bien! –dijo Dov.

Así Israel se convirtió en el primer país del mundo en reconocer oficialmente la nacionalidad catalana.

– Ahora dígame: ¿cuál es su religión?
– Soy laico y ateo.
– No puedo escribir “ateo”. El Estado de Israel no reconoce esa categoría. ¿Cuál era la religión de su madre?
– La última vez que la vi todavía era católica.
– Entonces escribiré “religión: cristiana” –dijo el funcionario con alivio.
Pero Dov, normalmente una persona tranquila, estaba empezando a impacientarse.
– No llevaré una tarjeta de identidad que diga que soy cristiano. No sólo se opone a mis principios, también ofende la memoria de mi padre que era un anarquista que quemó iglesias durante la Guerra Civil.

El funcionario volvió a rascarse la cabeza, valoró las opciones y encontró una solución. Dov abandonó la oficina del Ministerio con una tarjeta de identidad azul que declaraba que tanto su nacionalidad como su religión eran la catalana.»

Soyuz Gorri

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