“Empatía arqueológica” y otras formas de “crear ambiente” (de conflicto)

En nuestro país, la Arqueología del Conflicto es una disciplina todavía joven (y apuesta cuan Pedro Sánchez), pero todo indica que ha llegado para quedarse. Aún quedan muchos restos humanos por recuperar y la materialidad de la guerra y su posterior dictadura ha sido poco estudiada. Todavía tenemos tiempo para seguir enzarzándonos en el debate sobre “memoria” e “historia”. ¿Por qué no? Algunos todavía somos jóvenes y podremos sobrevivir a quienes sostienen la postura opuesta. Y es que en eso se basaba la idea de Kuhn sobre el paradigma científico, ¿no? El que viva más tiempo gana. Como en Los inmortales… ¡Sólo puede quedar uno! (No, no meteré ningún chiste sobre Jordi Hurtado).

Pues bien, una parte interesante de hacer Arqueología del Conflicto es el estudio de la violencia estructural o simbólica. ¿Esto qué es? Si a alguien no le recorre un frío escalofrío por la espalda a leer lo siguiente, no podrá saber de qué hablo: “No sé, cariño, tú sabrás qué has hecho”. Imagínate un ceño más fruncido que un calcetín vuelto del revés y ahí lo tienes. (Tal vez algún/alguna informático/informática que haya pasado por aquí no entienda el ejemplo). En cualquier caso, esto que estamos haciendo ahora es un ejercicio de empatía muy provechoso para el tema que quiero abordar.

“Empatía arqueológica”. Éste el concepto que vamos a manejar para explicar vulgarmente aquello que se puede definir como “mutar la relación “sujeto investigador-objeto de la problemática” en “sujeto investigador-sujeto de la problemática”” (más info. aquí). O dicho de otra forma, cuando hacemos Arqueología del Conflicto no sólo estudiamos el objeto de la represión, la cosa en sí (esto me lo convalidais como filosófico, ¿vale?), sino que conseguimos meternos en la piel de quienes vivieron ese contexto en el pasado. Hacemos nuestro un pedazo de memoria ajena, un pedazo de la vivencia de alguien a quien ni siquiera hemos conocido. Quienes excavaron el campo de concentración de Castuera (Badajoz) lo conocen de primera mano: haciendo un sondeo en la zanja perimetral del campo, encontraron un pico que evocaba a la perfección ese pasado y además creaba una estrecha unión con quienes lo descubrían. Unos y otros, los de ayer y los de hoy, excavaban esa zanja con un pico: casi un mismo pico, en una misma zanja (contado con más detalle aquí).

Pero la “empatía arqueológica” va más allá y es que en una excavación arqueológica se reproducen otros elementos propios de la violencia estructural que hacen que el conflicto pasado esté presente. Otro ejemplo ilustrará bien lo que digo: cuando se llega por primera vez a una excavación que ya está consolidada en el tiempo, que lleva unas semanas en marcha o varias campañas año tras año, es inevitable sentirse como Andy Dufresne entrando en la cárcel de Shawshank… “¡Pescado fresco! ¡Pescadito fresco!” Las novatadas forman parte de la dinámica de trabajo: que el nuevo cargue con la carretilla y tape el sondeo, que la nueva sea condenada al ostracismo de la estación total, etc. ¡Esto sí que es crear ambiente! ¡No me cuesta nada imaginar la disciplina militar de un contexto arqueológico de la Guerra Civil! Gracias compañerxs, sin vosotrxs esto sería un curro cualquiera, sin implicación con el pasado, sin empatía arqueológica… Pero ¿qué mejor que excavar trincheras, con disciplina castrense incluida?

La idea era de Soyuz Gorri, pero nos mandó una imagen tan cutre que Mrs. Margaret tuvo que hacerla de nuevo. Así que es cortesía de Mrs. Margaret.

La idea era de Soyuz Gorri, pero nos mandó una imagen tan cutre que Mrs. Margaret tuvo que hacerla de nuevo. Así que es cortesía de Mrs. Margaret.

Esta forma tan efectiva de crear ambiente no es exclusiva de la (todavía) joven y marginal Arqueología de la Guerra Civil y cualquier otro campo arqueológico nos lleva siglos de ventaja… En GAS creemos que es importante contar nuestros traumas y nuestras anécdotas a pie de UE y por eso el bueno (y esquizofrénico) de Max empezará una serie de entradas con el sugerente título de “El calostro y las cosas”. Muy recomendable. Ahora me voy porque me ha tocado llevar la carretilla y mover la terrera, pero os dejo con un textito de Joseba Sarrionandia sobre arqueología y empatía, publicado en el recopilatorio Ez gara geure baitakoak (Pamiela, 2006).

«Bazen arkeologo bat, beste asko lez, harantz eta honanzka beti bila ibili eta sekula materialik aurkitu ez zuena.

Bere buruaz etsiturik, arkeologiaz gupidaturik, kontserba lata hura ez zuen zaborrontzira bota. Sardinak jateko erabili zuen sardexka, dolar zentimo batzuk, pobrea baitzen, garagardo iturri bat eta egunkari orri tolestu bat latarekin batera gorde zituen lurpean.

Horrela, hogei mila edo laurogei mila urte barru, beste arkeologoren bat zoriontsuagoa izango zen akaso.»

Como no todo el mundo tiene la suerte de ser un bilbaíno de Pyonyang como yo, os dejo la traducción aquí. ¡Lo que sea por crear ambiente!

Fuente: finofilipino.org

Fuente: finofilipino.org

Soyuz Gorri

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2 comentarios en ““Empatía arqueológica” y otras formas de “crear ambiente” (de conflicto)

  1. Querida SM,
    Tu historia me ha enternecido por momentos y apesadumbrado por otros. El trauma hay que sacarlo para que pueda aflorar cual crisálida en celo. Pero creo que el enfoque de la historia es incorrecto. Bajo mi ecuánime e imparcial punto de vista, en realidad “encanto de pus” te estaba haciendo un favor para que explorases tus límites y crecieras y te desarrollaras como atleta de halterofilia. De hecho, el gran héroe de la historia es “encanto de pus” y deberías de agradecerle el maravilloso mundo de agujetas y calambres que, gracias a su intercesión por parte del padre, del hijo y del espíritu de las navidades pasadas, pudiste contemplar con tus propios ojos, cual esclavo saliendo de la caverna de Platón.
    Atentamente, Max

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  2. Eso me recuerda a cierto encanto de pus que, con criterio científico ante todo, se dedicaba a llenarme la carretilla hasta límites insospechados (o hasta que harta, me piraba corriendo) para comprobar, digo yo que mi fuerza como animal de tiro de carreta. Todavía sigo sin saber por qué no le vacié ninguna encima.
    Sin acritud, pero con mucho cariño, y creando ambiente
    SM

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