La Pelota de toda la Basca

Figura 3

Cortesía de Biosbardo

Todo aquel que haya trabajado en Arqueología del Conflicto sabe que acabará convertido en un pelotari, arremangado, boleando contra mentes más duras que la pared de un frontón. Sí, amigos detríticos, el frontón es arqueológico, que ya tiene pelotas.

El frontón es donde rebotan las pelotas, por eso los obispos y la gente de orden siempre estuvieron interesados en él. En Gasteiz en 1935 se inauguraron unas modernísimas piscinas municipales. La revista de las fiestas de aquel año, CELEDÓN, no tiene desperdicio. Una fotografía nos muestra a los cachas vitorianos cristianos y ronaldos fardapechines a pie de trampolín, molando que te cagas… y al fondo los paisanos con txapela y chirrindula viendo el percal. Lo interesante de esta infraestructura es que contaba con frontón anexo con capacidad suficiente para partidos de pelota a mano y a pala, en cuya derecha se ha colocado una tupida tela metálica que impide que la pelota vaya a molestar los que se bañan o son espectadores del viril ejercicio vasco. Para no confundirse de pelotas y observar la estricta moral católica se practicaba un riguroso apartheid de cabinas, vestuarios y demás.

Imagen1

Cortesía de Biosbardo

En el nuevo Madrid que vuelve a amanecer (hay botellas peor que el Pepe, Pepe Botella quiero decir, que lo tuvimos que aguantar en Gasteiz mientras se tiraba a la marquesa de Montehermoso, encima de cornudos lo celebramos como capital pepera y napoleónica que somos). Pero hablemos de Madrid, cojones ya. Pues resulta que en la Villa y Corte antes de la llegada del fútbol como deporte de masas lo que lo petaba era la pelota y la cesta vascongada, con dos cojones. Le molaba a toda la basca, como recoge el delincuente Ramoncín en su tocho cheli de la movida.

De aquella época nos queda la ruina arqueológica del Frontón Beti-Jai, diseñado por el mismo arquitecto que hizo el ayuntamiento de Bilbo, un proto Gugenjéin en toda regla, pero del palo decimonónico. De majestuoso estilo neomudéjar, orientalizante pro-Isis, estuvo en uso entre 1894 y 1919. Desde este último año ha servido para todo. Durante la guerra civil fue comisaría habilitada por las hordas marxistas y en la postguerra los francovitas los convirtieron en local de ensayo de las bandas de música de falange, falangina y falangeta, que ya se sabe que todos estos huesos manuales son fundamentales para el manomanismo va a llegarrrrr.

Vista_aérea_del_Frontón_Beti-Jai_(Madrid)

Cortesía de Biosbardo

El frontón, por lo tanto, no es una metáfora, sino que se ha convertido en todo un icono de la guerra civil española. Yo no estoy muy al tanto de las migraciones altomedievales de visigordos y vascones (Max, ayúdame), pero lo que es evidente es que en la Alcarria, los repobladores cristianos venían con una idea vascongada en la cabeza. Por el Alto Tajuña, en esos pueblos semiabandonados todavía se alza, a la par del torreón desmochado (¡qué romántico! por algo el hipster de Bécquer veraneaba en Algorta), el orgulloso frontón que sobrevive a los vaivenesdebonosycospedales. Antes muerto que sencillo, como el frontón de Abánades coronado por obuses.

Figura 1

Cortesía de Biosbardo

Excavando por aquellos lares recibimos toda una lección de economía política. En un pueblo un anciano hablaba maravillas del sempiterno alcalde, el cual había ganado en su día con el PSOE y ahora con el PP. Como nos dijo el petrucio: A mi me da igual, nos ha arreglado el frontón. Os animo a pasear por el Alto Tajuña a comienzos de octubre en un atardecer soleado: pueblos semiabandonados con octogenarios al pie del frontón, en plan Walking Dead. Evidentemente el frontón no es un recinto deportivo, es un referente identitario en estas comunidades campesinas que ya nadie va a repoblar, pero que se resisten a dejar de ser.

En Euskadi el frontón es la hostia. El franquismo lo sabía y en su recreación de la identidad vascongada le faltó tiempo para incorporarlo en el diseño de los nuevos barrios obreros tipo Zaramaga. A día de hoy, la duda ofende. Que se organiza una recreación popular de la batalla de Intxorta pues ahí acabamos todos comiendo a lo loco en el frontón de Elgeta. Que se conmemoran los bombardeos de Amorebieta, pues se monta la exposición guerracivilesca a pie de frontón, como tiene que ser.

Figura 2

Cortesía de Biosbardo

Soyuz Gorri se tocará esta noche recordando aquella vieja historia de pelotaris de Gudarilandia. Aquel pastor de un valle pirenaico de cuyo nombre impronunciable no quiero acordarme, que para acudir al partido de pelota tuvo que andar cincuenta kilómetros entre riscos nevados y vaguadas heladas. Perdió el encuentro con dignidad y volvió sin rechistar a su caserío, derrotado, pero vivo. Al lado de su hogar, las canteras de donde se estrajo el mármol con que se decoró el Kremlin de la Plaza Roja de Moscú.

Figura 4

Cortesía de Biosbardo

Del Biosbardo en guerra con la biosfera.

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