… ¡Hola nueva wumingada! Arqueohistorias para no dormir. Parte I: El emperador nudito.

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Fuente: Julio… eres un picarón. Cortesía de SM.

Compas, compos y compes. Una vez se ha terminado la primera wumingada del mes con una participación escasa pero muy intensa, os proponemos una nueva forma de participar con nosotras que esperemos atraiga a las masas como el voto in-útil a los votantes de la PPSOE. En la página de la wumingada del mes os proponemos que contéis una anécdota humillante que os haya ocurrido en una excavación arquehólica. A la mejor historia se le concederá el beneplácito de ser publicado como una entrada en el blog además de recibir, totalmente gratis-que-se-nos-lo-llevan-de-las-manos, un libro sobre Arqueología o no. Para que veáis que aquí nadie tiene nada que esconder, en los próximos días publicaremos anécdotas humillantes de los participantes del GAS. Porque semos así. Hoy … El emperador nudito, anécdota humillante de Soyuz Gorri. ¡A participar, coñe!

El emperador nudito

Cuenta la leyenda que un equipo de prospección empezó buscando un yacimiento y que finalmente encontró un mito.

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Fuente: cortesía de Soyuz Gorri (la foto, no el objeto)

Es habitual que en una campaña arqueológica se estrechen lazos entre miembros del grupo. Se comparten muchas horas a lo largo del día, suele hacer mucho calor, el alcohol se fusiona con el ADN y las horas de sueño brillan por su ausencia. No hay estudios que lo demuestren, pero sospecho que en una semana de excavación, el sistema inmunológico debe estropearse hasta llegar a niveles davidvetterianos. El cerebro humano adopta ciertos instintos primarios para poder sobrevivir y así es que encontramos a arqueólogas desayunando café hecho con un calcetín como filtro, comiendo mortadela recalentada a 6000 grados o bebiendo cervezas más parecidas al caldo primigenio que a una bebida tolerable por la OMS. Entre esos instintos de supervivencia, el de reproducción también está presente y las campañas pueden ser Sodomain y Gomorrieta mezclado con la primera comunión de Nacho Vidal y Sasha Grey. Parece que haber tenido que palear y sudar polvo durante horas en el estrato no supone ningún obstáculo mental de cara a seguir paleando y sudando polvo por la noche. Max profundizará más en todo esto en su gran obra “El calostro y las cosas” que será presentada próximamente en GAS.

Voy a contaros una experiencia cercana (a la muerte) que puede ilustrar bien ese comportamiento propio del Genitalense Superior. Para empezar, tenemos un equipo de prospección en la España profunda (no, no estoy hablando del ano de Magnífico Rector) en el que, por un lado, sus miembras parecen haber sido seleccionadas por el responsable de recursos humanos de La Sexta, y por el otro, algún que otro mandril armado con un jalón al que saca brillo cada noche. Pues bien, el amor triunfó y dos camaradas del equipo se dedicaron a producir insomnio al resto. Todavía recuerdo ese ruido continuo de muelles cada noche y todavía hoy un escalofrío me recorre el cuerpo. ¿Por qué no metí bromuro en el presupuesto de la prospección? ¿¡Por qué?! Mea culpa.

Tanta actividad sexual nos volvió locas a las demás y estuvimos a punto de marcarnos un suicidio colectivo al viejo estilo del Templo del Pueblo. En cualquier caso, logramos sobrevivir y la última noche de campaña decidimos beber y dormir haciendo caso omiso a tal frenesí. La mañana siguiente amaneció con un último desayuno digno de esas series yankees que dan tan mala hostia: zumo, tortitas con nutella, café, fruta, etc. Había que despedirse a lo grande. Todo iba bien cuando vino la pareja de moda a desayunar. Recuerdo cómo los vi salir de su cuarto –un lugar que apestaba peor que una lonja de pescado en Ondarroa un día de agosto a las 4 de la tarde– y la voracidad con la que desayunaban tras una noche de campeonato en su antro del amor. No había comentarios. Simplemente tortitas. Pero en ese mismo instante, miré al suelo y vi que bajo la mesa en la que estábamos desayunando había un condón tirado… ¡con su nudito y todo! Ese nudo que cerraba la semilla del pecado. Ese nudo perfectamente ejecutado por unas manos sudorosas. Ese nudito marcaba la delgada línea entre civilización y barbarie. Ese nudito me observaba con la altivez decadente del emperador Hirohito al rendirse ante MacArthur. Ese nudito era lo poco que quedaba de decencia en el ser humano y había muerto al ser encontrado por equipo de prospección en el último minuto del partido. Ese nudito nos hacía sospechar que nuestro altar del desayuno podría haber sido mancillado y es entonces cuando las tortitas empezaron a tener un sabor distinto: el sabor lujurioso de la culpa y el mito.

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Fuente: hiro hito con sus hirohiteces. Cortesía de Mrs. Margaret

¿Qué es lo que había pasado? ¿Cómo había llegado hasta ahí ese objeto que definía el habitus sexual de los días precedentes? ¿Cómo habíamos llegado a esa situación: desayunando tortitas sobre el lecho improvisado de la perdición? Aparte de la sorpresa y el comentario oportunamente expresado en un “¡mira el nudito!” por parte de una compañera, yo hice lo que todo arqueólogo haría. Abrí ficha de hallazgo, marqué el punto con el GPS y lo documenté con precisión. No hubo reproches. La venganza se materializaría más tarde… Como todo bien arqueológico ahora era propiedad de la Humanidad y nadie podría cambiar eso. En el museo arqueológico fliparon bastante cuando quisimos depositar el hallazgo… pero tal vez estemos forzando demasiado los límites del mito desde hace un rato.

Soyuz Gorri

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4 comentarios en “… ¡Hola nueva wumingada! Arqueohistorias para no dormir. Parte I: El emperador nudito.

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