El botón de la guerra: Labastida, la Comuna de París y un búfalo en Springfield

La primera escena de “El Señor de la Guerra” (peli de 2005 con el gran, el único, el inimitable y el memeable (Caver) Nicolas Cage) me llamó muchísimo la atención. Una cámara petada de efectos especiales y acompañada por la mítica “For what is worth” de los Buffalo Springfield sigue la biografía de una bala desde que es construida hasta que acaba en el cráneo de un anónimo niño de un anónimo país africano anónimamente en guerra.

Así, nuestra bala protagonista pasa primero por la máquina que le inserta la pólvora, luego por las manos de un operario que comprueba que está bien hecha (¡viva el posfordismo!) y acaba en la caja de madera junto a sus hermanas balas. En un puerto, la caja es abierta por un señor con cara de soviético, gorra de soviético y gesto de soviético que comprueba el contenido de la caja y vuelve a cerrarla (soviéticamente). En otro puerto, ya en tierras africanas, alguien vuelve a abrir la caja y algún otro operario retarded lanza un enorme gancho contra la caja, haciendo que el contenido se desparrame por el suelo y la bala casi acabe en el mar, pero es salvada por una mano milagrosa, que la devuelve a su caja. La caja, la bala y la cámara se marchan de paseo en un camión primero a la selva y luego a un poblado, donde se escuchan tiros, posiblemente señalando el inicio de los San Fermines. Un señor coge nuestra bala (que ya es nuestra) y la mete en un fusil que comienza a disparar. Cuando le toca el turno a la bala, esta se queda un rato en la recámara hasta que el disparador decide que un niño al fondo de la calle va a ser el que se la lleve de regalo. There is a man with a gun over there, it´s telling me I got to beware. I think it´s time we stop, children, what’s that sound. Everybody look what´s going down.

Buzz Marxyear dando lecciones on fire. Fuente: gcmx.wordpress.com/

Buzz Marxyear dando lecciones on fire. Fuente: gcmx.wordpress.com

Esta escena me parece una gran metáfora de lo que Marxito llamó el fetichismo, esto es, la invisibilización a través de los objetos de las relaciones sociales de explotación que se esconden detrás de ellos. Si recuperásemos arqueológicamente la bala en el cráneo del muchacho seguramente viéramos un episodio de violencia, probablemente lo relacionaríamos con un conflicto en el lugar donde lo encontramos, pero muy pocos llevaríamos esa historia hacia sus inicios más remotos, a la fábrica de donde esa bala salió, al operario que la evaluó y al soviético que ayudó a que llegara a su destino. Todo este tránsito es lo que Kopytoff llamó “la vida social de las cosas”, la biografía de los objetos. Cada uno de esos pasos le dio una esencia distinta al objeto hasta su forma final y cada uno de esos pasos es esencial para la comprensión del objeto como tal ¡Cuán potente sería la Arqueología si cada uno de los objetos tuvieran su biografía completa y qué historias nos contarían! Y como afirma AGR en el blog guerraenlauniversidad “los objetos arqueológicos que cuentan las historias más interesantes no son, necesariamente, los más espectaculares”. Pequeños objetos, grandes historias.

Cerro de “El Castillo” de Labastida. Fuente: Juan Antonio Quirós, Memoria final del proyecto arqueológico del castillo de Labastida.

Cerro de “El Castillo” de Labastida. Fuente: Juan Antonio Quirós, Memoria final del proyecto arqueológico del castillo de Labastida.

Desde hace un par de años, el Grupo de Investigación en Patrimonio y Paisajes Culturales (GIPYPAC) bajo la dirección de Juan Antonio Quirós está llevando a cabo un proyecto arqueológico en el entorno de Labastida con el objetivo de comprender los orígenes medievales de la construcción del paisaje de poder representado por el, ya extinto, castillo situado en la villa. Durante el verano de 2013 se llevó a cabo una intervención arqueológica sobre la plataforma en la que se levantaba el castillo, del cual se conservaban fotografías de los paramentos hasta no hacía mucho. Del castillo no quedó nada de nada de nada (de nada). Entre el tiempo, la necesidad de reutilizar el material y la intervención administrativa (gran parte del castillo se derribó para allanar la plataforma), se llevaron prácticamente todos los restos de la fortificación, salvo algún paramento de la muralla y poco más. Una damnatio memoriae en toda regla. Curiosamente, el único edificio que se logró excavar fue una estructura, posiblemente militar, vinculada con las guerras carlistas, que ahora son trending topic en el mundo wuminganiano (niano-niano-niano).

Botón de la Guardia Nacional localizada en Labastida. Fuente: Juan Antonio Quirós, Memoria final del proyecto arqueológico del castillo de Labastida.

Botón de la Guardia Nacional localizada en Labastida. Fuente: Juan Antonio Quirós, Memoria final del proyecto arqueológico del castillo de Labastida.

Entre la estratigrafía de este edificio se localizaron varios botones. Entre estos botones destaca uno que pertenece a la Guardia Nacional de la República Francesa y en el que se puede leer la inscripción “GARDE NATIONALE”. Este botón ha podido fecharse con mucha precisión entre 1870 y 1871, dado que perteneció ni más ni menos que a la Guardia Nacional de la Comuna de París. Como saben Jordi Hurtado y los que juegan mucho al Trivial, La Comuna de París fue un movimiento insurreccional que se erigió como reacción a la derrota del ejército francés en la Guerra Francoprusiana y que estuvo constituido por el conjunto de las capas populares de París aliados con la Guardia Nacional. La Guardia Nacional venía a ser una milicia de ciudadanos dedicada al orden público, una especie de “munipas” del momento, pero que tuvieron un papel muy destacado en la defensa de París durante la guerra. Mientras que el gobierno provisional se montaba sus propias “raves” en el Palacio de Versalles, la Comuna tomó el control de la ciudad de París, y se dedicaron a hacer medidas bastante progres para el momento, como la autogestión de las fábricas abandonadas, creación de guarderías para los hijos de las obreras, declarar la laicidad del estado o el paso de las propiedades de la iglesia a control estatal. ¡Bum, en tu cara, Pablo Iglesias! ¿Ahora quién es el radical? Como todos sabemos, los movimientos progres suelen acabar mal. La comuna de París fue una orgía tarantiniana de sangre. Se calcula que se mataron hasta 30.000 personas durante la represión del ejército francés en lo que se ha denominado la “Semana Sangrienta”, entre el 21 y el 28 de mayo de 1871.

El llamado Muro de los Federados, donde se parapetaron los últimos combatientes de La Comuna de París. Fuente: es.wikipedia.org.

El llamado Muro de los Federados, donde se parapetaron los últimos combatientes de La Comuna de París. Fuente: es.wikipedia.org.

¡Volvemos a Labastida! Y la pregunta ahora es… ¿qué carajos hacía un botón de la Guardia Nacional en un edificio carlista en Labastida? Bueno, pues la explicación es que una vez se desmontó el chiringuito de la Comuna en París, las autoridades francesas decidieron no tirar los trajes de aquellos a los que habían asesinado, que bien bonicos que eran, y venderlos a gente necesitada. ¿Y quién andaba necesitado cerca de Francia? Pues los colegas del sur, que por aquellos tiempos se estaba montando el fregao de la Tercera Guerra Carlista y andaban necesitados de muchas cosas en su cruzada contra los liberales a golpe de Dios, de Patria y de Rey (datete para el gatete: ¿alguien sabe a quién le toca ser rey carlista hoy? Pues a Carlos Javier de Borbón-Parma o Carlos Javier II, que se proclamó rey por su cuenta y riesgo con mensaje al pueblo carlista incluido). Y como andaban con necesidad de cosas en general, pues se vendieron estos uniformes de los comuneros a los carlistas, lo que demuestra que el capitalismo y la pela están por encima de ideologías o nacionalidades. Y el botón, como la bala del Señor de la Guerra, tuvo su propio recorrido desde París hasta el castillo de Labastida, con un par de paradas para echar unos potes por el camino, imagínome yo. Una biografía digna de ser contada, ¿no?

Max

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