Wumingada del mes. Parte VI: yo excavando y un bonobo frotando sus genitales

Es ir al campo y llenarme de mierda y me pongo más sexy y más caliente que un congreso de porno. Fuente: letsgotothemovies7.com

Es ir al campo y llenarme de mierda y me pongo más sexy y más caliente que un congreso de porno. Fuente: letsgotothemovies7.com

Bueno, teniendo en cuenta lo calladitas que soléis estar habitualmente, conseguimos un puñado de arqueohistorias, de trocitos de miserias, para compartir entre todas en un baño de humillación. Hoy os dejamos con la aportación de S.M. Todavía estás a tiempo de enviarnos la tuya, con tu pseudónimo (o te lo ponemos nosotras) a grupoarqueologiasocial@gmail.com. ¿A qué esperas?

“Una excavación es un evento serio al cual la gente acude de forma seria, responsable y profesional para excavar”
– Dijo NADIE en NINGÚN MOMENTO

Y efectivamente así es, queridos amigos. Y si no, que lance la primera piedra quien jamás haya dicho “Jehovah”. Porque las excavaciones son las Islas Galápagos de los antropólogos, de los biólogos especializados en chimpancés y otros primos nuestros; la Meca de “el ser humano es gilipollas por naturaleza”.

Y yo, por más que pasen los años, sigo sin entenderlo. Parece ser que realmente el efecto Aragorn (cuanto más sucio, sudado y lleno de sangre preferiblemente de orco/trasgo/uruk hai/político tenga encima, más sexy y buenorro está el susodicho) también es aplicable a los arqueólogos/ólogas, porque si no, ya me diréis vosotros cómo es posible que las excavaciones se conviertan en los antros de trospidez y depravación en los que se convierten. ¿Cómo es posible que tras 8h de pico/pala/carretilla/cuchillo/capazo/criba, de volver a casa con mierda hasta en el Ohio y en lugares de cuyo nombre no quiero acordarme en estos momentos, de ese olor indescriptible que produce la fusión del festín de nuestras glándulas sudoríparas con la crema protección +∞ (sí, esa que es más infranqueable que la frontera de Gibraltar) y los “restillos” de la tierra removida durante el día (¡Uy! Y sentíos afortunados si no estáis excavando algún establo o cloaca… ese olorcillo tiene que ser tal estimulación para vuestros sentidos que mejor perder el olfato directamente); todavía, TODAVÍA puedas encontrar percutible a una persona? Pues pasa. Pasa y mucho. El ser humano es extra-ordinario. Vamos, que tira el cochineo más que dos tetas llenas de carret… esto… me he liado.

Fases en una excavación cualquiera antes de la cópula. Fuente: Quo.

Fases en una excavación cualquiera antes de la cópula. Fuente: Quo.

Continuando a lo que íbamos, mi historia comienza en un pequeño yacimiento cuyo nombre por si acaso, ocultaremos tras el piadoso manto de la ignorancia. Los reencuentros definitivamente no siempre son maravillosos. Y mucho menos cuando a esa persona ya te la has percutido en anteriores capítulos. Efectivamente, debido a una serie de causas entre las cuales podemos incluir el alcohol, gran compañero del arqueólogo/a; el/la persona (voz en OFF) que os cuenta la historia, acabó en pleno encuentro erótico-festivo con otro ser que también decidió excavar ese año. Hasta aquí todo normal, de nuevo que tire la primera piedra quien nunca haya dicho “Jehovah”.

El/la que suscribe, al poco tiempo se arrepintió, debido a que todos nos conocíamos y la noticia voló no fue una actitud muy profesional, pero como persona madura, seria y responsable; decidió no darle más importancia al asunto, porque sabría que el universo, los astros, los dioses del Asgard y Superman, jamás volverían a conjuntarse para volver a unir a nuestros dos protagonistas en un mismo escenario. ¡JA! O como suele decirse por aquí: ¡BUM! En toda tu cara.

Tareas cotidianas en una excavación cualquiera. Fuente: Paleofreak.

Tareas cotidianas en una excavación cualquiera. Fuente: Paleofreak.

Efectivamente. Tres años después, cuál fue la sorpresa del/la que suscribe, cuando al bajarse del coche en otra excavación nueva llena de personas completamente ajenas a todo lo ocurrido anteriormente, de repente, se encuentra con “el/la percutor-a/percutido-a”. No hubo violines tocando delicadas melodías de fondo. No hubo un ordenador dentro de su cabeza analizando posibles vías de escape. Sólo hubo un “Mierda” que resonó igual que la erupción del Vesubio apenas se oyó. A todo esto, os preguntaréis… ¿a qué venía ese arrepentimiento? ¿por qué ese autocastigo que se infringe el/la que suscribe? ¿es gilipollas? ¿o sólo muy idiota? Que le quiten lo bailao, ¿no? Pues os diré por qué. Resulta, que el/la percutor-a/percutido-a tenía una GRAN ligera fama de ser más raro/a que un puñetero perro verde un poco bohemio/a.

Y efectivamente, el/la percutor-a/percutido-a, decidió la primera noche, realizar una bohemiez de las suyas. Estábamos plácidamente durmiendo todos los integrantes del equipo (claro, dormíamos todos toditos juntos… Sodoma y Gomera parecía aquello), cuando, en mitad de la noche ya serían las putas cinco, quien suscribe, gracias a su sexto sentido arácnido, se despertó de un sobresalto. ¿Qué se encontró? ¿La niña del pozo? ¿A Eduardo Punset ofreciéndole un pan natural? ¿A Wu Ming olisqueándole la ropa interior? NO. Ojalá. Bueno… igual lo último hubiera sido más tróspido que la historia en sí.

¡NO! (Esto… eh… efectos especiales, aquí había pedido un ruido de suspense… así mejor, CHAN CHAAAAAAN!…) lo que se encontró uno de nuestros protagonistas fue a su compañero/a de escena en una actitud… cómo lo definiríamos… un poco Pan Paniscus. Sí, efectivamente, como personas leídas y escribidas que sois todas, sabréis que los bonobos tienen el cimbrel en un estado de generación constante de energía, o lo que es lo mismo, e= masa cascada2 una interesante e imparable vida sexual. Sí, habéis imaginado bien. El/la percutido-a-una-y-nunca-máis, se encontraba observando al/la que suscribe cual mandril con una actitud “un poco” simiesca, mientras con su mano friccionaba su trowel, o removía su agujero de poste, a vuestra imaginación y preferencias lo dejo ;). El/la que suscribe se alteró hasta tal punto que sólo fue capaz de gritarle su puta madre que qué cojones hacía con su vida.

El diálogo, desde luego no fue ganador de un Óscar, pero la imagen, la imagen fue finalista al premio. Y todo esto fue la primera noche, imaginad quien se pasó casi dos meses enteros sin pegar ojo. Una historia para no dormir. Y nunca mejor dicho.

Porque la arqueología es maravillosa. A veces. Y otras veces es pus. Pero sin ella, ni nosotros ni nuestros psicólogos seríamos nada.

S.M.

¿Quieres recordar las otras historias? aquí tienes la parte uno, dos, tres, cuatro y cinco.

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2 comentarios en “Wumingada del mes. Parte VI: yo excavando y un bonobo frotando sus genitales

  1. Pingback: Y la wumingada del mes llegó a su fin… ¡Votad vuestra favorita o morid! | Grupo Arqueología Social

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