El Cid, la leyenda contra la Historia (o donde caben dos, caben tres) (I): la vida de Rodri

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Thug Life. Cortesía de Soyuz Gorri.

El único vínculo que tengo con la Edad Media se basa en mi gusto por la cerveza de trigo (y eso siendo optimistas y forzando un poco el asunto). Aún así, poseído por el espíritu de Wu Ming, voy a tirarme al barro de la manera irreverente que, a estas alturas, ya caracteriza a este nódulo de porquería en forma de espacio web. Y luego, si te he visto, no me acuerdo. Todo ello con el máximo respeto a posibles amantes del Medievo y sus formas feudales de opresión, claro está, así como al resto de los animales carroñeros que, en mala hora, han venido a parar a este post.

Hace ya varias semanas que finalizó el ciclo de conferencias “¿Para qué la Historia?” celebrado en el Museo de Evolución Humana de Burgos y que incluyó temas tan interesantes (a la par que espinosos) como la Guerra Civil Española, el nacionalismo y (mi favorito) el Cid. ¡Ah! ¡El Cid Campeador! ¡Rodrigo Díaz de Vivar! ¡Rodri para los amigos! ¡Que suenen las cornetas! ¡Vengan los juglares a deleitarnos con sus hazañas! Y, sobre todo, ¡que corran los moros! ¡Y que viva España ya puestos, joder! Tarariiiiiiii-tarariiiiiiiiiiiiiii (ruido de cascos de caballos y de corazas brillando al sol).

Resulta paradigmático el hecho de que se celebre una conferencia crítica hacia la figura del Cid en una ciudad como Burgos. Una ciudad que, si bien tiene una cara b bastante chula, destaca por ser bastante… como decirlo… de derechas. Y no se ofendan las gentes de Burgos que estén leyendo esto y no encajen con el perfil pepero (que espero sean muchas y que se haya notado en las elecciones municipales). En cualquier caso, si desean golpearme, que se pongan a la cola tras los medievalistas.

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El Cid un pelín idealizado. Fuente: andrewpetcher.wordpress.com

Vamos a volver al lío, que me pierdo y no acabamos nunca. Resulta que casi todo lo que la gente conoce sobre el Cid es mentira. Bueno, mentira no, leyenda. Es decir, una mentira antigua y mucho más gorda que las mentirijillas de andar por casa.

Rodri nació a mediados del siglo XI en algún lugar de Castilla (podría haber sido de Vivar del Cid, sí, y también de cualquier otro lado; vamos, que no se sabe). Noble (ni de mucha ni de poca categoría), pasa su infancia en la corte del rey Fernando I. Como tenía mala juntera se cría jugando con el infante Sancho (futuro Sancho II de Castilla) y crecen juntos pegándose hostias como panes, apedreándose, tirando gatos al río y haciendo las cosas que hacían los niños en los pueblos antiguamente. Total, que papá Fernando se muere y divide el reino (tenía mazo de territorios) entre sus tres hijos: Alfonso se queda con León, Sanchito con Castilla y García con Galicia.

La moda en la época era esa: los reyes dividían sus reinos entre su prole (me río yo del nacionalismo anterior al siglo XIX), y luego ésta se encargaba de elegir democráticamente quién asumía el trono de toda la herencia de papi. ¡Que no, hombre! Solían matarse entre los hermanos y el que quedaba en pie se quedaba con todo. Igual que ahora, no vayáis a creeros. Total, que se revientan unos a los otros. Rodri empezó sirviendo a Sancho, ya que eran coleguis. Como Sancho la palma relativamente pronto, García se va a tomar por culo y Rodrigo se ve que era útil para ser monarca (repartía leñazos como teleras), entra al servicio de Alfonso. ¿Conflictos? Ninguno. El muerto al hoyo y el vivo al bollo, de toda la vida.

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el rey Sancho II de Castilla sufriendo un ictus o algo así… ¡ah! Y atravesado por una lanza. Fuente: wikimedia.org

Se ve que Rodri, a quien ya llamaban el Cid, se aburría con Alfonso. Por entonces, la Península estaba llena de moros (andalusíes) organizados en taifas, esto es, reinos pequeñitos que se zumbaban entre sí y con los cristianos (que también se daban entre sí). Los vasallajes y líos diplomáticos eran frecuentes. De moros contra cristianos, nada. Aquí una taifa reventaba a otra y el reino cristiano de turno se apuntaba a ayudar primero a una, luego a otra o reventaba a las dos o a ninguna. Y viceversa. Vamos, que aquí la oligarquía de turno se juntaba según sus intereses para saquear las aldeas y violar a las aldeanas que estaban bajo la tiranía protección de otro señor feudal, luego éste saqueaba las aldeas y violaba a las aldeanas del otro, etc. Y en un ambiente así uno se anima, claro. Rodrigo un día le dice a sus coleguitas (los treinta o cuarenta mamporreros que solían tener a su cargo los nobles de este tipo): “Hoy salimos, pero de tranquis”. Y ya se sabe. Acaban saqueando, matando y violando en la taifa de Toledo. Y esa taifa estaba bajo la protección de Alfonso VI. Y a éste no le hace mucha gracia, claro. “Rodri, ya te vale. La has liao parda. Ya estás cogiendo tus cosas y te piras cagando leches de aquí”.

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Alfonso VI de León, Galicia y Castilla… WTF? Se ha retratado con un húmero en la mano o algo así. Esto del Medievo no hay quien lo entienda, joder. Fuente: es.wikipedia.org

A partir de entonces pasa al servicio del rey de la taifa de Zaragoza, al-Muqtadir. Allí ve cómo se lo montan en las taifas: en Castilla él y sus hombres vivían en unas confortables casuchas de mierda y dormían en comodísimos jergones piojosos entre bestias y arreos del ganado. Sin embargo, en Zaragoza se vio obligado a hospedarse junto con los moros de postín en el Palacio de la Aljafería, repleto de incomodísimos lujos y sábanas blancas y limpias. Para colmo, los andalusíes solían lavarse a menudo, frente a los hábitos castellanos de higiene y aseo personal, que incluían, como mucho, a limpiarse el culo con una piedra después de llevar a cabo el acto de expulsar zurullos por sus anos. Pero era tal la cristiandad e hispanidad (Castilla=España, reinos de taifas=moros o algo así nos han vendido, ¿no?) del Cid que prefería… ¡que no, hombre! Entre el trueque de ovejas sarnosas y sacos de lentejas y granos pochos y el tintineo de los dinares andalusíes, el Cid eligió lo que habría elegido cualquier otro.

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La bandera de Rodri podría ser ésta: una coloreable. Cortesía de Mrs. Margaret.

Rodri sigue a su rollo liándola parda; trabaja para los del kebab, cuyos ejércitos eran un desastre (ya se sabe cómo son los andaluces… aunque, ¿no estábamos hablando de la taifa de Zaragoza?), vuelve a poner su lanza al servicio de Castilla, saquea, saquea y sigue saqueando y abusando de las campesinas (como todos los que llevaban armas). Al final manda al carajo sus lazos feudales y se hace con la taifa de Valencia, ciudad que gobierna hasta su muerte, seguramente por una herida mal curada (ya se sabe lo que dice el refrán: quien a hierro mata… dios le ayuda).

En este punto (y nos ponemos un poco serias) tenemos que destacar que, con la muerte de Rodri, quedó al cargo de la taifa de Valencia su mujer, Jimena Díaz. Este hecho no debería sorprendernos, ya que en algunas ocasiones, usualmente tras la viudedad, la esposa del señor tomaba el mando del feudo. En este sentido, parece ser que Jimena supo administrar hábilmente estas posesiones en un escenario político nada sencillo.

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Vaya ejército más cutre pusieron en la peli. Ni el de Pancho Villa. Fuente: elbauldelosabuelos.blogspot.com.es

Magnífico Rector

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3 comentarios en “El Cid, la leyenda contra la Historia (o donde caben dos, caben tres) (I): la vida de Rodri

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