Vulcano, otro reallity más

Figura 1

Muy agradable despertarse y ver esto sobre tu casa… Fuente: colby.edu

Jane of the jungle se anima con una nueva colaboración en la que arqueología, naturaleza y volcanes muy enfadados son los protagonistas. Gracias, Jane, por compartir tus locuras con nosotras. Al resto, en breves os llegará el cobrador del frac para partiros las piernas si no colaboráis con algún artículo, reflexión o… cualquier cosa. Avisados quedáis.

Tsunamis, terremotos, maremotos, volcanes, lahares, ovnis, Mozilla y el monstruo del Lago Ness luchando cerca de Japón, la erupción de alguna isla de las Canarias y el maremoto que pueda ocurrir al que tanto temen los estadounidenses, Chuck Norris enfadado… Estos y otros males son algunos de los grandes miedos de la humanidad. Ya lo demostraron Hitchock con las aves que atacan o Spielberg con Tiburón.

Sin embargo, estos temores son reales (música de peligro…).

Como desgraciadamente hemos podido ver por las televisiones e internet, la última víctima ha sido Nepal, recordándonos al resto de mortales que algo ocurre bajo la tierra, se mueve, se mascan tragedias, que muchas veces ni nos damos cuenta, al menos en la plácida campiña salmanticense (a pesar de que el Mariquelo lo recuerda cada año subido de la torre de la catedral).

En otras partes del mundo (Ecuador, por ejemplo), éstos son hechos cotidianos. Ocurren a diario, los volcanes se mueven, los llaman “temblores” (como si aquí paz y después gloria), expulsan fumarolas y cenizas de vez en cuando (en el caso del Tungurahua, unos 10 años lleva expulsando gases, el marranete) son manifestaciones de que las fuerzas naturales están vivas, no son sólo parte de un bonito paisaje.

Se convive con ellos, son un ente vivo, se les teme y se les respeta. Los volcanes están humanizados en el imaginario popular y existe un sin fin de leyendas en torno a ellos: son la mama Tungurahua, el taita Imbabura (el padre, una figura a la que se le debe respeto), la mama Cotacachi con su laguna Cuicocha (o “laguna de los dioses” en kichwa), el Guagua Pichincha y el Ruco Pichincha (el bebé y el viejo o dormido Pichincha, en realidad dos volcanes que dominan el valle de Quito), etc.

Cuando alguno de estos volcanes entra en actividad o sufren alguna explosión, para prevenir cualquier mal y agradecer que nada ocurrió (esta vez, chan chan), se hacen limpiezas rituales a las casas y ofrendas, unos ritos que pude presenciar en vivo y directo a consecuencia de una gran explosión del Tungurahua que cubrió de ceniza y azufre las ciudades más cercanas y se sintió en varios cientos de kilómetros a la redonda.

Se hacen planes de evacuación del Cotopaxi (ahora mismo en actividad alta desde que empezó a monitorearse, con la novedad de que ahora tiene una fumarola saliendo de su cima… ejem….) para que no ocurra como en el Nevado del Ruiz en Colombia (algunas imágenes del desastre…), temiendo que no sólo se coma alguna ciudad a su paso, sino que sus aguas desheladas y el lodo que arrastre se lleve medio Quito y valles anexos, como ocurrió en el siglo XVIII.

Figura 2

(Noten que también se alerta de otros peligros no menos inminentes…)

La naturaleza también guarda sus registros, a modo de archivo (poner meme de archivo): en los cortes de las carreteras pueden verse, por ejemplo, una serie de estratos de cenizas de hasta 1 metro de espesor que alertan de la intensidad de las erupciones.

Figura 4

El Chimborazo y sus registros. Fuente: alpineinstitute.com

Figura 3

Quizá algo debamos de aprender de los antepasados andinos…. Y la arqueología también tiene aquí algo que decir, como no podía ser de otro modo. Hay numerosas erupciones volcánicas documentadas que sepultaron gran parte de las áreas habitables y cultivables de la sierra ecuatoriana a lo largo de la historia. Tanto fue así que las poblaciones se vieron obligadas a migrar a otras zonas, como la costa, a la espera, por algunas generaciones, de que las cenizas se asentaran y los valles volvieran a ser aptos para la ocupación humana. Y siguieron respetando la naturaleza. Quizá, no sólo deberían hacerse planes de evacuación, si no, sobre todo, evitar construir masivamente, al estilo Benidorm, en las zonas de riesgo y respetar el equilibrio natural… Los taitas y mamas despertarán y nos llevarán con toda su furia, de no hacerlo…

Jane of the Jungle

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