Arqueología de este mundo es una mierda cuando nos empeñamos. Sobre el drama (provocado) de los refugiados y las vallas

Media Europa se baña donde el resto del mundo se ahoga. Cortesía de Mrs. Margaret.

Media Europa se baña donde el resto del mundo se ahoga. Cortesía de Mrs. Margaret.

Escribo esto rápido debido a su urgencia, algo cansada y enfadada. Avisadas quedáis.

Es impresionante la capacidad que tenemos los seres humanos para provocar el sufrimiento a nuestra especie y a todas las que nos rodean. Y el día que las máquinas puedan sentir, también les haremos sufrir. Tiempo al tiempo y el IVA para Hacienda. Hace menos de una semana se publicaba la noticia de la localización de 71 personas dentro de un camión teóricamente de alimentación pero que esta vez, como ya ha ocurrido en un pasado de cuyo nombre no quiero acordarme (¡ah, sí! nazis), transportaba muerte. Tanta muerte que los forenses tuvieron que acceder con máscaras. Esto es como si Rajoy anuncia una nueva Reforma Laboral. Manos a la cabeza porque hay peste para (Rodrigo) rato.

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Materialidad contemporánea. Fuente: elmundo.es

Saltan las alarmas de los mágicos medios de comunicación y comienzan a llegar montones de noticias sobre el drama de la inmigración siria. La terrible fotografía del pequeño Aylan (solo le ponemos nombre a estas personas cuando ya están muertas) es el trágico punto de llegada de una semana que han dado ganas de vomitar… Mágicos medios de comunicación… Mágicos porque algo que estaba sucediendo desde hacía meses pero de lo que apenas nadie conocía ahora está en boca de todos. ¿De todos? ¡No, maldita sea! Los distintos gobiernos de la Unión Europea se tiran el balón de unos a otros, llorando desconsoladamente lágrimas de cocodrilo, tratando de que la mierda de las muertas y las desplazadas les salpiquen lo menos posible. Y no es para menos. El drama que vive Siria (y Afganistán, e Irak, y Darfur, y Sudán, y Yemen…) es en gran medida culpa de las políticas europeas y usamericanas para el control geoestratégico de Oriente Medio ¿Hipocresía? Póngame tonelada y media. Si Angela “ojalá-te-caiga-un-tiesto-in-da-face” Merkel apela ahora “a la fortaleza alemana para asumir el desafío de recibir este año a 800.000 solicitantes de asilo y criticó con dureza las actitudes xenófobas surgidas en el este del país”, hace unos meses “Berlín planea echar a los comunitarios que no logren empleo en seis meses”. ¡Bum! ¡En tu cara, lógica cartesiana!

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El ejército húngaro generando materialidad. Fuente: elmundo.es

Una de las escenas que más (me) han impactado ha sido el de los refugiados tratando de pasar la frontera de Hungría a través de la valla metálica. Una valla metálica de 175 kilómetros en la frontera meridional con Serbia y que está plagada de cuchillas, por si acaso no desgarran suficiente carne de las numerosas mujeres, criaturas y hombres que tratan de pasarla (solo el viernes se “interceptaron”, curiosa forma de decirlo, a 2822 personas, según esta noticia). Este tipo de vallas no son nuevas en la materialidad contemporánea. Nos podemos enorgullecer como Patria Una, Grande e Idiota de haber utilizado cuchillas similarmente sanguinarias en la tristemente famosa valla de Melilla de 12 kms., construida en 1998 y reconstruida, fortalecida y acuchillada en numerosas ocasiones. O en el muro de la frontera de México, de 600 kms. De largo. O el muro israelí, de 10 metros de alto y condenado por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya. O en el tristemente célebre muro de Berlín (un artículo revisando y matizando algunos aspectos de este muro, aquí). O en el muro del Sáhara Occidental, que contiene cerca de 7 millones de minas antipersona. Pero ni siquiera en eso hemos sido originales, y también este tipo de vallas son muy conocidas en otro tipo de contextos arqueológicos un poco (no mucho) más alejados en el tiempo, como los campos de concentración, sean franquistas, nazis o de la guerra de los Boer. Algunos, convertidos en atracción, ahora venden esa alambrada que hizo sufrir a nuestros pasados congéneres como un souvenir. Eso ha ocurrido en el campo de concentración de Amersfoort, en Holanda, donde el alambre, encontrado durante las excavaciones llevadas a cabo en 2011, se ha vendido para financiar el mantenimiento del campo. Es curioso cómo nos avergüenza una misma materialidad que por otro lado compramos… semos humanos, qué le vamos a hacer.

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Monumento en el campo de concentración de Dachau. Fuente: dospedalesmilcaminos.com

Estos engendros materiales, en el pasado, nos ayudan a entender un sufrimiento distanciado, el que no nos afecta más allá de la cortina del tiempo. Pero esos mismos engendros materiales nos atormentan en el presente, recordándonos que todavía estamos lejos de poder deshacernos de todo aquello que hace sufrir a los demás. Estos engendros serán nuestro legado material para una futura arqueología que nos mirará, espero, con asombro y desconcierto. “¿Pero cómo pudieron?” La arqueología del presente al menos nos tiene que hacer comprender mejor las razones objetivas y subjetivas que han permitido una materialidad así. Dicho de otra manera, la valla de cuchillas afiladas en Hungría no está ahí por cualquier razón. Como arqueólogas y ciudadanas podemos explicar su por qué. ¿Y por qué hacerlo? Porque nos permitirá construir las herramientas con las que podremos derribarlos. Apoyamos, desde luego, todas las iniciativas en favor de los refugiados, como la propuesta por Ada Colau de crear una red de ciudades-refugio. Pero las ramas siguen sin ser la raíz…

Max

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4 comentarios en “Arqueología de este mundo es una mierda cuando nos empeñamos. Sobre el drama (provocado) de los refugiados y las vallas

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