Homo naledi: la especie más gilipollas hasta la fecha

Homo naledi con toda la cara de tu abuela la que vive en el pueblo cuando te pilló dándote el lote con el hijo de la Loli (la que vive enfrente de la gasolinera). Fuente: biorigenes.

Homo naledi con toda la cara de tu abuela la que vive en el pueblo cuando te pilló dándote el lote con el hijo de la Loli (la que vive enfrente de la gasolinera). Fuente: biorigenes.

De las creadoras de los monos que tallaban herramientas demasiado pronto, Homo antecessor iba muy pedo, la poli mata a Homo heidelbergensis, Miguelón se afilia a Vox y CSI Atapuerca, llega a sus pantallas…

Por un momento, sólo durante unos instantes, los equipos de investigación en arqueología prehistórica dejan de mirarse los genitales y descubren… estooo, algo. Algo muy feo. Algo que podría ser una nueva especie de Homo a medio camino entre nosotras mismas y nuestros simiescos amigos del género Australopithecus. Otro mono, vamos. Con la cobertura del equipo mazo molón de National Geographic.

En primer lugar, un lamento (si quieres entrar por un momento en mi cabeza en forma de música, haz click aquí): ¿no teníamos ya suficientes eslabones en esta cadena hacia nuestra miserable existencia? ¿Hacían falta más monos en este mundo de monos? A estas alturas debe haber casi más especies de Homo que huesos. Los equipos paleoantropológicos (¡toma palabro!) combaten furibundamente entre sí por sacar nuevas especies en cada palmo de tierra. Por eso y por llevar puestas las botas más chulas, a juego con los pañuelos más molones del reino del Mola Mazo. Los expertos en el tema ya anuncian que este año se llevarán los colores cremas y amarillos, desenfadadamente desenvueltos sobre cueros de ternera joven cosidos en algún país del sudeste asiático por niñas de no más de cinco años.

En segundo lugar, vamos con la noticia (descarga el artículo original pinchando aquí). En una cueva sudafricana llamada Rising Star (el topónimo ya prometía mazo, troncas) hay unos paquetes sedimentarios a los cuales sólo puede accederse hoy a través de una grieta muy estrecha, de 18 centímetros. Lee Berger, el sacerdote supremo de todo este tinglado, busca en las redes sociales “expertos o expertas en antropología, delgadas, bajitas y que no tengan claustrofobia” (copio y pego literalmente de aquí). Así, un equipo íntegramente femenino se pone manos a la obra y recupera un cargamento de fósiles, unos 1500 huesos, entre los cuales se cuentan al menos 15 individuos. Si fueron a currar a cambio de un sueldo digno o de un bocata y una palmadita en la espalda, no lo sabemos. Nosotras esperamos que fuese, como mínimo, a cambio de lo primero, ya que la primera mujer en firmar el artículo se encuentra en el puesto número siete (¡Pum! ¡En tu puta cara, ley de paridad!).

Yo-mujer entregar a hombre-jefe parte de los fósiles que yo sacar de la cueva. La foto responde a una dramatización de este texto tan dramático. Fuente: Flickr.

Yo-mujer entregar a tú-hombre-jefe parte de los fósiles que yo sacar de la cueva en la que tú no poder entrar (La foto responde a una dramatización de este texto tan dramático, a pesar de ser real). Fuente: Flickr.

Los especistas (que son los que están a favor de sacar constantemente nuevas especies) apuntan que los tipos y tipas estos están, paleontológicamente hablando, a caballo entre el género Homo y el Australopithecus. Debieron medir un metro y medio y pesar unos 45 kilos. Además, su capacidad craneal (unos 500 centímetros cúbicos) no debió otorgarles una inteligencia demasiado destacable, por lo que serían más gilipollas que otra cosa. No fabricaron herramientas, o lo hicieron con una tecnología biodegradable ultra avanzada que no ha dejado rastro alguno, hipótesis harto improbable. Por todo ello, se ha denominado a este grupo de desgraciados como Homo naledi, que significa “estrella” en la lengua local. ¿Soy la única que no le ve sentido a este nombre? ¿Qué narices hace a estos homininos y homininas ser “estrellas”? Si acaso están estrellados y estrelladas, porque ya me contaréis qué narices hacen todos esos cuerpos en una grieta en todo el puto culo de Sudáfrica.

Algunas de las currantas. Fuente: Canadian Geographic.

Algunas de las currantas. Fuente: Canadian Geographic.

Y aquí quería yo llegar. En los medios se anuncia la posibilidad de que aquello fuese un enterramiento:

Todos ellos fueron encontrados en la misma cámara de la cueva y aislados de cualquier otro tipo de huesos de otros animales, lo que ha llevado a pensar a los autores que pudo tratarse de un lugar de enterramiento deliberado. La formación del yacimiento recuerda a ejemplos cercanos como la sima de los Huesos de Atapuerca o la cueva asturiana de El Sidrón.

“No obstante, en este punto el debate está servido. Se trata de un hallazgo de primer orden, pero otra cosa es la interpretación que se haga del descubrimiento. Ahí se abrirá un interesante debate científico” ha señalado Rosas.

Gracias, Rosas, macho. Pon un poco de cordura a esta locura. Porque barajar como hipótesis para explicar la acumulación de cuerpos de Homo naledi es una cosa, y otra vociferar a los medios de masas esa hipótesis como la opción más lógica o, incluso, como la única. Dicho sea de paso, ni la Sima de los Huesos ni El Sidrón son enterramientos demostrados hoy (y os aseguro que mañana tampoco).

Restos de Homo naledi, aunque también podría ser yo cuando vuelvo de fiesta. Fuente: El Mundo.

Restos de Homo naledi, aunque también podría ser yo cuando vuelvo de fiesta muy pedo. Fuente: El Mundo.

Aferrándome al principio de la Navaja de Ockham (a pesar de rebanarme las palmas y parte del pellejo que cuelga exageradamente hacia fuera desde el centro gravitatorio de mis partes íntimas e intransferibles) me limito a sugerir que, en ocasiones veo muertos, esqueletos de diversas especies quedan atrapados de forma natural en miles de situaciones, y los homininos no son una excepción. Una riada, por ejemplo, puede acumular cuerpos en esas circunstancias.

O igual iban borrachos, o eran gilipollas. O iban muy mamados y además eran gilipollas.

Magnífico Rector

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