Orgía conceptual en las JIA de 2015

Idealización de a llegada de las miembras del GAS a Lisboa.

Idealización random de la llegada de las miembras fundadoras del GAS a Lisboa.

Llegamos, sobrevivimos y nos piramos. Y el premio pa ti. Qué más podemos pedir. Hace unos días estuvimos en las JIA que se celebraron en la Universidade Nova de Lisboa, disfrutando de un buen ambiente de investigación arqueológica y mejor compañía.

Desembarcamos como un puñado de gaviotas en el mayor estercolero que pueda imaginarse. Jóvenes y jóvenas ansiosas por compartir conocimiento cienticífico, sin capos que te capen por hablar o beber más de la cuenta. Allí pudimos debatir sobre arqueología y bebernos hasta el agua de los floreros. Desarrollarnos como arquehólicas que somos, vamos. Y es que las JIA siempre han tratado de eso. Desde que se fundaron haya por el 2008 por una panda de arqueo-locas las JIA han sido y son todo un referente de la joven investigación arquehólica en su estado más puro. Su decálogo es meridiano al respecto: debate lejos de los cauces de la academica, crítica que permita acercar la arqueología a la sociedad y un buen ambiente en el que las cervezas se conviertan en acalorados debates que terminan en abrazo. Las JIA molan y el GAS no podía perdérselas.

Buen ambiente... Y grandes ausencias. Mrs. Margaret tuvo que quedarse en casa.

Buen ambiente… Y grandes ausencias. Mrs. Margaret tuvo que quedarse en casa.

Y todo ello en una ciudad como Lisboa, que oferta decadencia y magnificencia a partes iguales. Desconchones en paredes que un día cubrieron edificios de una potencia sin igual y que hoy se pudren entre arqueólogas borrachas. Temáticas y particularidades aparte, sacamos en claro de estas jornadas que llegan nuevas generaciones de investigadoras pisando fuerte, con petates cargados de teoría arqueológica marxista y posmoderna a partes iguales (vodka con LSD, el terror del positivismo ingenuo) y con muchas ganas de abordar el estudio del ser humano a partir de su materialidad, ya sea durante la Prehistoria o en los últimos cinco minutos de Historia.

Y estas JIA han cumplido. Se ha debatido de casi todo tipo de materialidades que han incluido barcos hundidos, animales muertos, tecnologías hipermodernas y tridimensionales, cacharrología cerámica, paisajes, paisajes del desenfreno (nuestro proyecto grupal del que os hablaremos muy, pero que muy en breves), didáctica de la arqueología y demás cosas nazis, Peter. Variedad de temas, mucha gente joven y quizá poco debate para nuestro gusto, pero buen rollo al fin y al cabo.

Un particular souvenir de Lisboa.

Un particular souvenir de Lisboa.

Nuestra pequeña crítica destructiva. Nuestro miedo particularizado. Y es que estas JIA si bien han respetado lo que podemos denominar el “espíritu de las JIA”, parece mostrar las garras de lo que más tememos en el GAS en la joven arqueología. En la última sesión de debate (en la que por supuesto, solo nos quedamos las más valientes o las más retardadas mentales resaca mediante) se planteó de forma directa pero estuvo presente de forma sibilina en todas las JIA: ¿y no será que, en el fondo, seguimos aceptando las normas de la academia y sus formas de proceder? ¿Hasta qué punto la joven arqueología es distinta de la vieja arqueología? ¿no estaremos manteniendo la idea de una arqueología como mera técnica, como una herramienta que aplicar mecánicamente? ¿no nos adentramos en una hiperespecialización y una adquisición brutal de “competencias” (Bolonia mediante) de manera que se pierde el aspecto más “humano” (filosóficamente hablando) de la Arqueología como ciencia social? El SIG, el maldito SIG…

No nos confundamos, las JIA son la hostia en vinagre chachis y son con diferencia el mejor espacio para el debate entre la juventud arquehólica. Si el futuro de la arqueología existe es a través de estas experiencias. Pero no nos dejemos confundir por los cantos de sirena de una academia anclada en la realpolitik de los mullidos asientos de despacho.

Esperamos seguir con vosotras, codo a codo, en las aulas y en los bares. Y las próximas JIA en Santander. ¡Arde Sardinero!

Wu Ming

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