¿Por qué la arqueología no vuelve a los mozos atractivos?

La imagen que creen tener en las excavaciones. Fuente: cinemainside.

La imagen que creen tener en las excavaciones. Fuente: cinemainside.

“Un estudio reveló que los hombres que se dedican a estas profesiones o estudian estas carreras son mejor vistos por todas las mujeres. ¿Eres uno de ellos?

Las mujeres definitivamente se fijan en un hombre de muchas formas, no sólo en su físico, pues también les interesa que sea un chico con metas, sueños y que realmente trabaje en cumplirlos. La cara bonita y el cuerpo se desaparecen con el tiempo, pero los logros jamás terminan.”

Así es como comienza este artículo en el que tras hablar de lo que todas las mujeres buscamos en un hombre, lo cual tiene dudosos fundamentos cientifícicos, enumera una lista de las diez carreras universitarias que “hacen guapos” a los hombres. No quiero entrar a discutir sobre la posibilidad de generalizar respecto a los gustos, ya que como bien se dice, sobre gustos no hay nada escrito, y yo, personalmente, he visto a demasiadas amigas obsesionadas con especímenes que carecían no solo de atractivo físico, si no de cualquier tipo de atractivo. Vamos, que no los elegiría ni para alistarse en mi ejército para asustar al rival. Tampoco voy a criticar que hablen de que las mujeres no nos fijamos sólo en el físico y nos planten a una panda de modelos de pasarela ataviados con disfraces de doctor o de músico random. La persona que haya escrito esto, creedme que no se ha dado ni un solo paseo por la universidad de ingeniería o física, o tal vez hay una facultad para mozos recios de la cual jamás hemos oído hablar por aquí.

Esta es la imagen que realmente tenemos. Fuente: elmundotoday.

Esta es la imagen que realmente tienen. Fuente: elmundotoday.

Resulta curioso que se hayan elegido para la lista carreras universitarias tales como bombero/indie sin sustancia cantante alternativo/policía/emprendedor, y sin embargo, nuestros queridos arqueólogos e historiadores no sean mencionados. Tras un improductivo día en el templo del saber y el sudor (propio y ajeno), que viene siendo la biblioteca, me he rebanado los sesos intentando explicarme porqué mis colegas no están en esta lista.

Tanto si las mujeres entrevistadas son arqueólogas, como si han pasado alguna vez por una excavación, la imagen que se habrán encontrado será la siguiente. Habrán visto hombres que pueden parecer normales el resto del año (a no ser que descubras que hasta en sus momentos de máxima embriaguez son incapaces de hablar sobre algo que no sea extinción de los neandertales/postprocesualismo/peste negra/Honecker como primer hipster). Pero cuando llega el verano, todo cambia, y mientras el resto de mortales se dedican a lucir palmito por las playas y ciudades, nosotras y nosotros nos llenamos de mierda hasta las orejas, sudamos como cerdos (¿los cerdos sudan?), y cambiamos el uniforme de civil por el de excavación, que suele ser el mismo en ambos sexos:

Pantalón: descolorido. Poco favorecedor: Deja la raja del culo al aire (o aun peor, unos espantosos calzoncillos). Está tan roto que no sabes si están trabajando o acaban de volver del campo de batalla. Suele tener más agujeros que los malos de las películas de Tarantino (juro por Dios misericordioso que si no he visto testículos asomar por la entrepierna de pantalones, es porque he desviado la mirada).

Camiseta: aquí es muy fácil establecer una tipología muy básica. Tenemos las camisetas de cajas de ahorros y bancos, las de torneos deportivos del siglo XVIII como poco, publicidad de empresas de albañilería/construcción/bar de carretera, las de fiestas de tu pueblo, las del gaztetxe o csoa de tu barrio y las de los congresos a los que has asistido. A esto hay que sumar las camisetas que usaste primero como prenda de diario, después como pijama, después como trapo para limpiar los cristales, y finalmente decidimos usar como camiseta para TODA la campaña. Los más progres decidimos hacer de maniquí andante del Decarton, y comprarnos la misma camiseta básica de dos euros en 24 colores diferentes.

El mismísimo Van Gogh se inspiró en el calzado de un grupo de arqueólogos para pintar sus famosas botas. Fuente: Librodearena.

El mismísimo Van Gogh se inspiró en el calzado de un grupo de arqueólogos para pintar sus famosas botas. Fuente: Librodearena.

Calzado: A la hora de elegir entre salud o bien común y seguridad, como buenos profesionales elegimos esta última opción, y por eso, descartamos totalmente cualquier tipo de calzado que sea fresquito, transpirable y agradable a la vista ( y al olfato), para enfundarnos unas botas propias de una ascensión al Everest, y a poder ser, en color marrón horrible (siempre están más baratas que las bonitas, joder).

Accesorios: si hasta ahora el panorama no es muy alentador y sensual, no mejora mucho cuando le añadimos gorros de paja, de Gora Euskadi, pañuelos con cuatro nudos, o el gorro más ridículo que le has podido comprar a un vendedor ambulante en las fiestas del pueblo. También podemos añadir ese moreno a parches, esa nariz quemada, y esa cara de haber sobrevivido a un holocausto zombie.

Como habréis podido observar, las cualidades de estos ropajes no suelen ser los más recomendables para trabajar ocho horas a 40 grados en julio, pero el grupo es el grupo, y si todos damos asco, parece que importa menos. Que nos importa menos a las arqueólogas, porque al resto de la población tiene que resultarle, cuanto menos, vomitivo, ya no solo por la apariencia, si no por el olor que desprendes después de estar un día entero removiendo tierra mierdeval, sudando, y absorbiendo las diferentes emisiones de tus compañeros de sector.  Y es que ese olor no se va a ir en tres meses, está en tu coche, en el todoterreno, en tu colchón y en tu organismo, ese olor eres tú.

Así que a no ser que tengas la suerte de que te confundan con un ravero desfasao o con Jack Sparrow, amigos, vais a tener que esperar a que llegue el invierno y ventilaros un poco, limitaros a ligar con compañeras o compañeros, o la última y más inteligente de las opciones, dedicaros a picar y a estudiar, que es lo nuestro.

Brandine Von Mierder

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Un comentario en “¿Por qué la arqueología no vuelve a los mozos atractivos?

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