Requiem por una placa (española y) obrera. El barrio de Zaramaga (Vitoria-Gasteiz) y la memoria vampirizada

En lo que me voy convirtiendo en casta política y académica cada vez me cuesta más escribir en este intento-fracasado-de-antemano proyecto colectivo que es el GAS… pero Wu Ming me ha cogido por las orejas y me ha obligado a traer aquí un pedacito de enajenación mental. No os voy a privar de mi pus.

El otro día en clase de yoga para menopáusicas tuvimos que responder a la pregunta de qué lugares recomendarías para visitar de Vitoria-Gasteiz. La mayoría respondió de forma muy estandarizada y poco apasionada: la Virgen Blanca, la catedral vieja, la muralla medieval, la catedral nueva, kutxi, la catedral menor de edad… pero como a mí me gusta generar el caos respondí que el mejor sitio ofdawol en la capital gasteiztarra es el barrio de Zaramaga. La verdad es que sí que se generó un poquillo de caos. La mayoría no sabía dónde estaba ese barrio (a pesar de vivir en la ciudad durante a saber cuánto tiempo) y, en concreto, una chica -que no debía de vivir precisamente en Las Barranquillas de Madrid- me miró con los ojos desorbitados y su respingona pero graciosa nariz y me dijo (la chica, no la nariz): “¡Pero qué dices!”. Luego vino a insinuar, sibilinamente, que ese barrio estaba lleno de inmigrantes (“no soy racista pero…”) y que era poco seguro andar por allí. La ignorancia, como las políticas laborales del PPSOE, es tan jodidamente atrevida…

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Estampa random del barrio de Zaramaga. Fuente: noticiasdealava.com

Como Soyuz Gorri es imbécil perdido y un vago nivel perezoso cruzando una carretera, tendré que ser yo quién introduzca el barrio de Zaramaga. Me hubiera gustado que Soyuz Gorri hubiera hecho una entrada sobre el barrio de Zaramaga ya que ha hecho mucha investigación en él. Pero intentaré estar a la altura. Zaramaga es un barrio al norte de Vitoria-Gasteiz que podría ser descrito como el típico “barrio obrero”: casicas de ladrillo, todo muy ordenadico y desnudico, cerquita de las fábricas… todo muy “ico” e “ita”. Este barrio nació al calor de la época del desarrollismo frasquista, momento en el que la ciudad de Vitoria-Gasteiz, llamada “ciudad levítica” porque solo había curas y militares, se llenó de sucios “proletas” que venían a trabajar a las fábricas. Los empresarios, en connivencia y alevosía con la Caja de Ahorros Municipal de Vitoria, financiaron la construcción de barrios como el de Zaramaga, expresión del intento del franquismo por imponer un modelo del “perfecto currela” (Soyuz Gorri dixit): te levantas en una casa, cruzas la calle 10 metros, trabajas en una empresa que “te lo ha dado todo” y vuelves a casa a dormir. Al menos los tiempos han cambiado… espera un segundo

Pero Zaramaga es famoso como las muñecas por los hechos del 3 de marzo de 1976. En el proceso de una serie de huelgas de esos currelas y de una reunión en la Iglesia de San Francisco de Zaramaga, la poli, a órdenes del compa Fraga Iribarne (a la sazón Ministro de Gobernación), del amiguete Rodolfo Martín Villa (a la tazón de leche Ministro de Relaciones Sindicales) y otros coleguillas, decidió entrar a darlo todo en la reunión… sobre todo tiros. 5 muertos en total. Toda una declaración de intenciones de cómo se iba a gestionar la Transición.

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Monumento chillidesco a los hechos del 3 de marzo en el barrio de Zaramaga. Cortesía de Soyuz Gorri

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“Cocris” del monumento del 3 de marzo antes de su instalación. Sacado de un libro que no me acuerdo como se llama cortesía de Soyuz Gorri.

Los hechos del 3 de marzo produjeron toda una infraestructura asociativa en busca de verdad, justicia y reparación, fruto de los cuales ha sido toda una reconversión simbólica del barrio. Incluso EH Bildu ha propuesto la creación de un centro de la memoria en la iglesia de San Francisco. En términos de monumentos, esta reconversión simbólica tiene como elementos materiales más visibles una pasada de mural (de verdad que es una pasada, Acción Poética en Salamanca mediante. Así sí) y un monumento en forma de puño con cinco barras de hierro, muy al estilo Chillida. Cuentan que este monumento tuvieron que ponerlo a toda leche para que la policía no pudiera retirarlo sin traer máquinas, lo que explica el acabado, digamos, mierder del cemento donde se instala el monumento. Coronando la base del monumento hay una placa enmarcada por dos lauburus y la inscripción “1976ko martxoaren 3; Gogoan Zaituztegu” (algo así como “3 de marzo de 1976; nos acordamos de vosotros”).

 

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Mural en el barrio de Zaramaga. De arriba abajo se cuenta la historia de los hechos del 3 de marzo hasta que el “yayo” le cuenta a la nieta (esperamos que la suya) la historia. Memoria en estado puro.

Sin embargo, lo que siempre me llamó la atención de este monumento fue una pequeña placa situada justo debajo de todo el cementarro, asomando como un perrete aplastado bajo una tonelada de cemento. Esta pequeña placa era el “monumento” anterior a la férrea mano de hierro que se levanta en la actualidad. En ella se podía leer una inscripción ya medio rota en la que ponía:

[compa]ñeros asesinados

ne a una lucha obre[ra]

da y solidaria

hoy más que nunca

[neces]itamos seguir

Gasteiz

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Placa “obrera” en el monumento al 3 de marzo. Cortesía de Soyuz Gorri.

La estratigrafía de este monumento es el reflejo arqueológico de un complejo proceso como fue el de la reconversión de ciertos espacios de memoria, en este caso obrera, en mitos de la memoria del nacionalismo vasco. En un proceso que podemos datar en los años 80, los partidos políticos de izquierdas (fundamentalmente el PCE/EPK) y sindicatos obreros (fundamentalmente CCOO) abandonaron la reivindicación simbólica del 3 de marzo que fue “vampirizado” (término cienticífico para “apropiarse”) por el nacionalismo vasco. Tuve hace poco una conversación con un sindicalista de CCOO que recordaba que allá por 1982-1983 tuvieron que votar en una asamblea de su “sindicato de clase” (jajajaja, esto no puedo decirlo sin echarme a reír) si continuar yendo a la manifestación del 3 de marzo, donde ya se oía más el grito “¡ETA mátalos!” que el de “¡Que viva la lucha de la clase obrera!”. Este sindicalista fue de los que votó en contra. Y perdió. “Me cago en todos sus muertos (los muertos de los que votaron a favor). En el 3 de marzo nadie era nacionalista. Eran obreros”.

Yo no estuve en el 3 de marzo, pero el hecho de que la primera placa apele a la memoria de una lucha obrera más allá de cualquier frontera (sin ir más lejos, Romualdo Barroso, uno de los asesinados durante el 3 de marzo, era de origen extremeño y habitante de Errekaleor) y que sobre ella se montara un monumento-mano con una placa estampada de lauburus, reventando la estratigrafía anterior y obviando la memoria previa… me da que pensar… y no especialmente bien. Creo que con este gesto se perdió, o se distorsionó, una parte fundamental de la memoria de lo que significó el 3 de marzo. Llamadme loca, pero no sé si Romualdo Barroso en concreto hubiera gritado “¡ETA mátalos!”.

Y esto nos llevaría a la más profunda reflexión arqueológica de nuestra relación con los monumentos y con las cosas y su capacidad para crear, apuntalar o destruir agencias en un contexto histórico y político determinado. La clave aquí es qué tipo de agencias se crean, se apuntalan o se destruyen, los valores que se encuentran detrás de ellas y la capacidad de transformación social insertas en ella. La polémica pregunta aquí sería, ¿Qué agencia es más o menos (o nada) transformadora? ¿La agencia obrera o la agencia nacionalista? ¿Cuál de ellas (si es que deben ser excluyentes) debe preservarse en el monumento del 3 de marzo? ¿Y en otros objetos arqueológicos? Dejo la polémica servida, a ver si nos mojamos un poquico.

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La placa “obrera”… ¡ya no tá!. Cortesía de Soyuz Gorri

Tengo mucha costumbre de ir a Zaramaga porque me encanta el barrio, chica de nariz respingona mediante. Y sus bares. En concreto el centro extremeño, del que ya inventaré algo para poder escribir sobre él. Hace poco estuve haciendo inspección de bares y me encontré con que la placa había desaparecido. Alguien la había arrancado del todo. Quizá un transeúnte random. Quizá un niño jugando al furgol. Quizá un nacionalista que le molestaba la placa. Quizá un obrero nostálgico. Tal vez fui yo borracha perdida ¿Quí lo sá? Un trozo de memoria que marcha definitivamente. Para siempre. Y en su recuerdo, esta entrada en el blog y seguramente un enlace en el facebook al que daréis muchos likes ¡Larga vida, placa obrera del 3 de marzo!

Max

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6 comentarios en “Requiem por una placa (española y) obrera. El barrio de Zaramaga (Vitoria-Gasteiz) y la memoria vampirizada

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  5. Existe una novela que me gustó mucho que relata el ambiente del barrio y de los hechos del 3 de marzo. Os la recomiendo (si no la habéis leído):

    “Todo que ganar” Juanko Escaso (2015)

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