Revilla, un sabor que maravilla

Figura 80

Revilla en el libro de visitas del Museo de Altamira (cortesía de Xurxo Ayán: Altamira vista por los españoles, JAS, Madrid, 2015).

El Diario Montañés es un foro habitual para aquellos que se echan al monte, como el Consejero de Turismo del Gobierno de Cantabria, Francisco Martín, que a pesar de (o precisamente por eso) ser Ingeniero de Caminos, ha atajado por la línea del medio a la hora de reflexionar sobre Altamira como recurso turístico. Este Macario del ventrílocuo Revilla (un sabor que maravilla) se ha percatado de que hay gente que está dispuesta a pagar lo que sea para entrar en la cueva original por lo que una buena idea sería llevar a cabo una subasta entre la peña de pasta. El director del Museo de Altamira no gana para disgustos cada vez que abre el periódico.

Esta propuesta de gestión integral del patrimonio ha resultado ser una boutade de este señor, de la que se ha desmarcado rápidamente el presidente Revilla. Estas cosas pasan en esa peculiar relación del revillismo con los bisontes de Altamira, una relación difícil de entender, como el peronismo para los no argentinos. Para comprenderlo lo mejor es leer Altamira vista por los españoles (Madrid, JAS editorial, 2015) de Xurxo Ayán, concretamente el capítulo Revilla o la Cueva de Alí Babá.


Figura 28

Miguel Ángel Revilla, líder del Partido Regionalista de Cantabria, llegó a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Cantabria en 2003. La ideología regionalista de Revilla ha contribuido a reforzar el autonomismo a través de una política cultural y turística que ha remarcado el proceso de autoafirmación de la identidad cántabra. Sin embargo, Altamira, gestionada por el gobierno central, no casa bien con su populismo de sobao pasiego . Dentro de sus competencias, los gabinetes de gobierno de Revilla han preferido promocionar intensivamente otras infraestructuras, recursos culturales y, por supuesto, las cuevas bajo competencia del Gobierno autonómico (la Cueva del Soplao, por ejemplo).

Figura 81

El embajador de USA y Revilla en el libro de visitas del Museo de Altamira (cortesía de Xurxo Ayán, Altamira vista por los españoles, JAS, Madrid, 2015).

A pesar de ello, Altamira mantiene incólume su capital simbólico en la arena política, y el presidente Revilla intentó explotarlo a su manera. En junio de 2010, el Patronato de Altamira acordó por unanimidad reabrir la cueva en un plazo corto de tiempo. En la rueda de prensa oficial, acompañado de la entonces ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, Revilla anunció motu propio que invitaría personalmente a Obama a visitar la cueva: Ya tengo redactada la carta. Y en inglés, llegó a decir. Esta relación con la diplomacia estadounidense venía ya de antes, como se aprecia en el libro VIP del Museo de Altamira, en donde quedó consignada la visita conjunta el 8 de agosto de 2006 del embajador yanqui y el presidente de Cantabria. Revilla acompaña su firma con una caricatura autógrafa. El abortado affaire Obama-Revilla es el ejemplo más claro del uso discriminatorio de la cueva original en función de determinados privilegios. Como se recoge en Altamira vista por los españoles, el caso no pasó desapercibido a los visitantes del Museo de Altamira.

Este museo es precioso. Los bisontes se ven estupendamente. NO QUIERO QUE ABRAN LA CUEVA ORIGINAL. Tenemos un presidente de Autonomía que va a utilizar nuestro patrimonio para hacerse fotos con Obama y cía. POBRES BISONTES!!! QUÉ VERGÜENZA!!! QUE ASCO DE POLITICA!!!  (Junio de 2010).

Es la 2 vez que venimos (porque nos obligan) nos gustaria ver las cuevas auténticas ya que estas no tienen ni punto de comparacion. Revilla (presi de Cantabria) dijo que las cuevas se abrirían pero mi pregunta es cuando. Si tienen que venir personas importantes como Obama ya las estarían abriendo, pero para la honesta gente no las abren (2010).

Como podemos apreciar, el consejero Martín lo que hace es seguir con el guión previsto, cinco años después: Imaginemos, por ejemplo, lo que sería colocar esa subasta en The New York Times o que venga Bill Gates a Cantabria a visitar Altamira afirmó para El Diario Montañés, con dos cojones.

Figura 30

En junio de 2010 Revilla había alcanzado ya una notable repercusión mediática y era conocido en el conjunto del Estado español, sobre todo después de su debut televisivo en el late night de Buenafuente (La Sexta) entre los años 2007 y 2009. Su participación mensual en el programa aseguraba unos cuantos titulares al día siguiente. Su papel en 2009 como El niño de las Anchoas, repartiendo este suculento producto cantábrico como regalo institucional a Juancar, a Zapatero, Rajoy y presidentes autonómicos, ha pasado a formar parte ya de la cultura popular.

Tertuliano habitual en programas como La Noria, Abre los ojos, El gran debate, Espejo público, Las mañanas de Cuatro, laSexta noche, Al rojo vivo o El Intermedio, el Señor de las Anchoas incluso se regaló una biografía oficial: Revilla. Políticamente incorrecto (2010).

Figura 29

Toda la campaña de márketing alrededor de la figura de Revilla parece servir nuevamente de trampolín político a un personaje que representa en sí mismo la manera de gestionar la cosa pública en nuestros días, esa política-espectáculo a la que nos estamos acostumbrando los contribuyentes.

Revilla se acercó al Museo de Altamira en marzo de 2014 para grabar el énesimo programa de entretenimiento. El evento coincidió con la salida al mercado de un nuevo ensayo suyo, en el que denuncia y analiza los casos de corrupción y mala práctica política más relevantes de los últimos tiempos. En la reseña biográfica de la contracapa es definido como Pionero en la defensa de la transformación de la provincia de Santander en Comunidad Autónoma. No se dice nada de su ideología joseantoniana cuando era cargo del Sindicato Vertical en 1973. El título del libro: La Jungla de los listos (Revilla 2014). Últimamente los casos de corrupción vinculados a la Administración Revilla dibujan un panorama más propio de la Cueva de Alí Babá. A pesar de ello, ahí está de vuelta, Revilla Aló presidente.

Show must go on.

62014

El Biosbardo.

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