El padre Santiago y su peculiar gusto morboso

Fg5_Muerte de Abel Valarezo

Hacía ya algún tiempo que Wu Ming no recibía una colaboración… Parece que no hay manera de que dejéis de ver HyMyV y gastéis media neurona en dejar un poquito de pus por aquí para que todas podamos disfrutar con su sabor… En fin, parece que no está la miel hecha para vuestros infectos paladares.

Por fortuna una nueva amiga, Grijander, acudió a la llamada de la locura y trajo esta trágico-historia con muertes, curas, nobles e indígenas en Ecuador. Spoiler: un noble muere entre indígenas en Ecuador y un cura le hecha un selfie.

En estos tiempos donde la viralidad de usar y tirar está a la orden del día y en los que hace fotos hasta el Tato, resulta incluso tedioso –mentira, a mí me encantan- ver recopilaciones de fotografías en las que, sin ser buscado, se ha conseguido inmortalizar –ejem… dudo de la inmortalidad de estas cosas, pero yo que sé- alguna persona en posición llamativa, una gaviota robando un helado, un culo-que-parece-codo u otros divertidos instantes relativamente inesperados.

Pero cuando nos enfrentamos a la fotografía histórica, fuera de que si Nicolas Cage es más longevo que el teletexto, de vez en cuando aparecen rarezas que nos dejan sonriendo y cavilando sobre en qué estaba pensando el fotógrafo (en tiempos remotos predominantemente masculino), si realmente estaba de coña o inmortalizó –aquí sí, putos moñas del filtro de instagram, aquí sí- por error un hecho que nos deja literalmente el culo torcido. Y tengo por aquí un documento gráfico que quiero compartir en este medio. Por fardar.

Fg1_Nicolas Cage es viejuno

Nicolas Cage es viejuno. Obtenida de http://www.blogys.net/

Contexto:

A lo largo del siglo XIX la República del Ecuador no consigue hacerse efectiva o presente en todo el territorio que teóricamente era suyo (resulta que ya había gente allí, pero no muy “civilizada”). La gran Provincia del Oriente, que es como decir el cacho de la Amazonía que quedó dentro de las fronteras ecuatorianas tras los procesos de Independencia y que por entonces llegaba hasta Brasil (Perú les arrebató una parte enorme de la Amazonía en la guerra de 1941), era un territorio malamente cartografiado y por lo general desconocido. Ante la imposibilidad de abarcar la tarea de “civilizar” aquellos lugares e integrarlos satisfactoriamente en el Estado, y por el miedo a que otros países, como efectivamente pasó, se hicieran presentes antes que ellos en su propio territorio, se decidió que si el Estado no era capaz de hacerlo se buscaría a otros agentes que lo consiguieran operando en su nombre. Así, en 1888 se dividió esta vastísima provincia en 4 partes, vicariatos, y se entregaron a órdenes religiosas para que llevaran a cabo la tarea.

La fotografía que nos ocupa testimonia este proceso, aunque algo tardío, y es que el Vicariato de Zamora (el más meridional de todos, que actualmente coincide grosso modo con la Provincia de Zamora-Chinchipe) se les concedió a los franciscanos, que fueron menos efectivos que jesuitas y salesianos en la expansión de la palabra. De hecho, entraron por primera vez desde Loja hacia Zamora en 1895, y duraron ná, porque los shuar de la zona decidieron que no, que os piráis. U os matamos un poco.

Fg2_Mapa Zamora Chinchipe

Lugar de los hechos: Actual provincia de Zamora Chinchipe. Extraído de https://upload.wikimedia.org

Pero en los años veinte del siglo veinte (a la hora veinte del día veinte) se rumoreaba que el Estado les iba a quitar la concesión para dársela a los salesianos, y los padres panchos -franciscanos, entendámonos- pensaron que como que eso no podía ser –no es una exageración, que lo tenemos bien documentadito-. Así que se pusieron manos a la obra y entraron en contacto de nuevo con los colonos (es decir, grupos humanos de origen serrano, civilizados, agricultores de misa y comunión) que, al margen de ellos, iban y venían con mayor alegría y estaban bien asentados en esta pequeña aldea de Zamora. Los frailes les arreglaron la capillita, que estaba hecha una pena, y los locales les reconocieron como autoridad, acabándose así el Deadwood zamorano.

En este negocio de colonizar el Oriente, se le daba mucha importancia a la apertura de caminos, con lo cual los misioneros se pusieron a la tarea contratando mucha mano de obra local (lojana, no nativa shuar), abriendo trochas y levantando puentes, todo en un rollo muy Cyrus Smith en La isla misteriosa. Y aquí entroncamos ya con la fotografía en cuestión.

El Diario del Padre Santiago

Durante el desarrollo de un estudio de estos caminos de migración, pudimos acceder al Archivo de la Misión Franciscana de Zamora y trabajar un material escrito no muy trillado. De hecho, el Monseñor a cargo del asunto nos hizo partícipes de la existencia de un documento peculiar. Se trataba –y se sigue tratando, supongo- de un diario de viaje de uno de los padres franciscanos –Santiago de nombre, mira tú- que iba contando cómo fue eso de hacer el camino. Comenzando a fines de 1925, y extendiéndose hasta mediados de 1926, el autor nos va relatando los pormenores de la gestión de obra tan complicada. Además parece que era aficionado a la fotografía, y fue inmortalizando –que sí, que sí, millenials– diferentes momentos que le resultaron importantes. En muchos casos se trata de fotografías de puentes, pasos y avance de obras, así como estampas típicas rollo postal, (aquí es donde vivimos, aquí rezamos, aquí nos la pelam….), pero también fue retratando todo lo que él, desde su perspectiva, encontraba llamativo, pintoresco o relevante sin más. De hecho, le echó unos pocos retratos a los componentes del grupo shuar que se movía en ese sector.

Fg3_Trabajo del Camino Loja-Sabanilla

“Extraído del Diario del Padre Santiago. El pie de foto original dice: Trabajando el camino de Loja a Zamora. Lugar de Sabanilla”

 

índice

“Extraído del Diario del Padre Santiago. El pie de foto original dice: Herrería en el campamento de Sabanilla, 1926”

Y aquí, por fin, entra la foto de marras. Al tender un puente sobre el río Sabanilla, se permitió a uno de los notables locales, todo un Valarezo para más señas, dirigir las últimas etapas de instalación como agradecimiento al apoyo que estaba dando a la obra. Con tan mala suerte que la diñó, precipitándose al vacío mientras clavaba unos maderos. Y ahí estaban Santiago y su cámara:

Fg5_Muerte de Abel Valarezo

Pie de foto: “Extraído del Diario del Padre Santiago. El pie de foto original dice: Momentos después de la trájica [sic ] muerte del sobrestante Abel Valarezo + lugar de la caída”

Sabemos que es precisamente es exactamente ese momento porque lo escribió encima de la fotografía (aplauso clamoroso) y porque está narrando justo ese pasaje en el diario. Y no me jodáis que no es curioso. Mientras todos los peones están mirando hacia abajo, con pinta de estar diciendo “vaya ostia se ha metido el colega”, los frailes, muy dignos… ¡están mirando a cámara!

Personalmente, yo me lo imagino así (DRAMATIZACIÓN):

El tipo, Santiago, tras oír un grito y un lejano chof, corre a su cámara, justificándose de antemano ante las miradas de extrañeza:

-“A ver, ya que tenía yo la cámara montada para cuando acabarais el maldito puente, que llevamos no sé cuántos días aquí y la de traer los troncos ha sido cojonuda –que lo fue-, que esto está lleno de barro y me vengo comiendo mosquitos una temporada, pues… ¡hago la foto por mis sacrosantos escapularios! Que luego en el convento no se lo van a creer. Miren, miren todos para acá… ¡joder, -era español, el tipo- que miréis!… bueno, paso, miren sólo ustedes, hermanos, que estos no quieren.

-¿Sonreímos, Santiaguito?

-Haced lo que queráis. Hartito me tenéis. Sonreír dicen, los colegas. No me han sonreído en las otras veinte placas y ahora que se mata este deciden que es buen momento… En fin, va… a ver… decid todos ¡YU-CA!”

Y ahí tenemos este peasho de documento gráfico de un accidente laboral dudodenarl. Y yo que sé, pero juraría que uno de los fratres está sonriendo. SONRIENDO.

PD.1: Como curiosidad, revisando los fondos de Previsión Social en el Archivo Intermedio en Quito constatamos que la viuda de este probre señor, Escilda Reyes, estuvo reclamando una indemnización por el accidente, y dos años después le fue asignada (1.310 sucres de 1927, que no sé a cuánto asciende, pero que algo era seguro). Si el dinero llegó efectivamente a sus manos, lo desconocemos.

Grijander

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