Perdonen que no me levante: 1916 y un nuevo caso de memoria vampirizada

Tras nuestra exitosa visita y posterior debate sobre los monumentos del franquismo (ver circo de Harris) volvemos a la carga con una bolsita de crítica cargada de arqueología y memoria. Hoy, nuestra vieja camarada y no obstante amiga El Perro de Chulainn regresa de entre las muertas para reflexionar, Gerry Adams mediante sobre el Alzamiento de Pascua de 1916 y las políticas de memoria en una Irlanda que, recordemos, tendrá elecciones legislativas mañana.

Me pides –¡qué abuso de confianza, Wu Ming!– que escriba sobre el centenario del Alzamiento de Pascua de 1916 en Irlanda que se celebra este año y sobre esta perla audiovisual que el gobierno de Irlanda lanzó como parte de los preparativos para celebrar tan significado episodio:

Escribir sobre el Alzamiento de Pascua de 1916 parece, a primera vista, fácil, pero en realidad resulta muy complicado. En principio el episodio lo tiene todo para una buena película con música de Hans Zimmer: en una Irlanda ocupada por la pérfida Albión un grupo de heroicos luchadores por la libertad se alzaron en la Pascua de 1916 en Dublín para proclamar la independencia del país. Tras una semana de combates contra la implacable maquinaria militar británica fueron derrotados, capturados y ejecutados por un gobierno inglés que en plena I Guerra Mundial no estaba dispuesto a tolerar la más mínima sombra de desafección en la colonia. El esfuerzo, se diría después, no fue en vano. De las cenizas del fénix de Pascua renacería con más fuerza un movimiento que tras una larga guerra de independencia lograría, finalmente… ¡Corten!

Figura 1

La foto muestra que los ingleses no se anduvieron con chiquitas (Fuente: britlitwiki.wikispaces.com)

Bien, aquí es cuando las cosas se complican, porque la guerra contra Inglaterrra (1919-1921) no se zanjó con la independencia absoluta de Irlanda, que quedó partida en dos y nominalmente subordinada a la corona británica; ni fue tampoco del gusto de todos. De hecho, a la guerra de independencia siguió una guerra civil entre diversas facciones republicanas que se prolongó hasta 1923. Pero tampoco esto puso fin a los problemas derivados de la colonización británica y de la lucha por la independencia. ¿Me meto con el conflicto del Ulster? ¿Lo hago a costa de no dar cuenta de la terrible situación social que se vivía en el entonces conocido como Estado Libre Irlandés, luego República de Irlanda?

Figura 2

Las fotos de Gerry Andrews sobre el Limerick de 1970/1980 son imprescindibles (Fuente: www.gerryandrews.com)

Hablar de memoria histórica en Irlanda es como pasear por un cuadro de Escher. No hay arriba ni abajo y cuando intentas avanzar te pierdes en un complejo juego de perspectivas que al final te arrastra de nuevo al inicio de tu recorrido, al que llegas aún más confuso de lo que estabas –a mí al menos me pasa, como el día que una irlandesa de Galway me dijo que la colonización inglesa no estaba tan mal, que así por lo menos los irlandeses hablaban inglés y no una lengua minoritaria y se podían hacer entender por el mundo-. Hay, es cierto, una narrativa oficial que intenta dar un sentido único –y profundamente teleológico – a todo esto, pero son tantas las capas de memoria con las que se construye que resulta difícil esquivar las contradicciones que se presentan en el relato. Basta con dar un paseo por O´Connell St. La calle está dedicada a Daniel O´Connell/Dónall O´Conaill, un líder político irlandés que durante la primera mitad del siglo XIX luchó por la emancipación de los católicos irlandeses. Es precisamente en esta calle donde se encuentra la General Post Office, el edifico más emblemático de cuantos tomaron los grupos que en la Pascua de 1916 se levantaron contra la ocupación inglesa y el lugar en el que los líderes del alzamiento proclamaron la independencia de Irlanda.

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General Post Office, remozada después del alzamiento (Fuente: Wikipedia Commons)

Conmemoran el hecho una estatua de Cú Chulainn –porque Irlanda es, no lo olvidemos una nación celta– y una reproducción de la declaración de independencia entre cuyos firmantes, además de a varios republicanos católicos de pro, encontramos a James Connolly, una figura de referencia para el socialismo irlandés. Precisamente a unos pasos de la GPO se alza una estatua dedicada a Jim Larkin, el líder sindical que en 1913 contribuyó a organizar la que hasta hoy es la mayor huelga que se ha vivido en la isla. En un país que algunos no dudan en calificar de paraíso fiscal hay quien diría que la altura a la que está la estatua es pura ironía: tanto respetan las élites irlandesas los derechos sociales que Larkin reclamaba que para mayor admiración del pueblo los han colocado en tan altas (e inalcanzables) cotas.

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Jim Larkin clamando al cielo (Wikipedia Commons)

En medio de todo este marasmo memoricohistóricoespacial, el gobierno de Irlanda parece haber intentado dar una vuelta más al discurso oficial con un doble salto mortal: dejar el alzamiento de 1916 fuera de las celebraciones del alzamiento de 1916. Muestra de sus intenciones es el video oficial que he presentado al principio; un video en el que la reina de Inglaterrra y David Cameron disfrutan de más metraje que cualquiera de los episodios que jalonaron la independencia de la República y que parece destinado a consagrar –construyamos los cimientos de una nueva Irlanda, dice– los valores neoliberales que propugnan las élites irlandesas.

Figura 5

Una opinión sobre Enda Kenny y su sensibilidad social (Fuente: www.politics.ie)

El video levantó ampollas. El Sinn Féin –un partido que intenta consolidar su espacio político con discurso anti-austeridad que no termina de casar con su trayectoria histórica– ha respondido a la afrenta con otro vídeo que, con un efectismo inversamente proporcional a su presupuesto, construye la imagen de un alzamiento heroico desde una lectura parcial de la declaración de independencia –parcial porque el alzamiento fue mucho más complejo, como lo eran las ideas y planteamientos políticos de quienes participaron en él-.

La disyuntiva, pues, se plantea en los términos de una lucha por el significado de la idea de nación irlandesa desde, por parte del gobierno, la ocultación de un episodio que, parece ser que temen, podría inspirar nuevos movimientos de contestación; y, por parte del Sinn Féin, una reivindicación reduccionista destinada a inspirar nuevos movimientos de contestación. Una y otra perspectiva representan un intento de vampirizar la memoria del alzamiento de Pascua. Max dejó la polémica abierta en el caso de Zaramaga. No creo que el del alzamiento de Pascua sea un caso estrictamente comparable, aunque diré, por seguir polémico, que en estas circunstancias tomar partido por la opción pretendidamente “transformadora” nos sume en el reduccionismo, nos nubla el pasado y con ello, la posibilidad –vale, quizá menos emotiva, pero no por ello menos inspiradora– de construir, desde el rechazo al revisionismo y al oscurantismo oficiales, una memoria que supere la visión romántica del alzamiento y que nos ayude a enteder y a hacer frente a los problemas a los que se enfrenta a día de hoy la sociedad irlandesa. Toma ya.

Figura 6

Gerry Adams opina sobre la memoria histórica (Fuente: irishpoliticalmemes.wordpress.com)

El Perro de Chulainn

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