Introducción: Cine y Prehistoria. La Prehistoria en los márgenes de la Historia (I)

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Inventos absurdos de nuestro tiempo.

En esta ocasión traemos a Alberto Lombo Montañés como invitado al infierno del GAS presentando la introducción de lo que promete ser una interesante (o no) serie de textos sobre cine y Prehistoria. Os dejamos con el aperitivo y esperamos recibir muy pronto el resto de sus partes. Bon appétit!

La Prehistoria estudia la historia más antigua y vasta de la humanidad, decimos que estudia los orígenes de la historia, porque el nombre de pre (guión) historia puede dar lugar a errores. El nombre escrito así fue difundido en 1865 por un banquero naturalista inglés llamado John Lubbock en su libro Pre-historic Times, y puede dar a entender que existe algo tan absurdo como un periodo previo a la historia. La Prehistoria no es una pre-historia, es decir, no es un periodo sin historia. Si bien es cierto que esta historia tiene sus peculiaridades, sobre todo porque, entre otras cosas, carece de textos escritos y de grandes personajes. Efectivamente en la prehistoria no hay lugar para Julio César ni Cleopatra; los protagonistas son gente anónima.No existen las gruesas biografías de ilustres, y a menudo, empalagosos personajes; sin embargo seguro que la prehistoria tuvo sus Einstein o sus Leonardo da Vinci, en los inventores de la talla del sílex, los hacedores del fuego o los realizadores de las obras de arte paleolíticas, y fueron, no lo duden ustedes, tan importantes como los descubridores del barco a vapor, y desde luego, más importantes que los descubridores de cosas tan absurdas como el mini-golf de wáter o las zapatillas-tienda de campaña.

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Pájaro posado sobre un posible bisonte de la cueva de Altxerri, según Altuna y Apellániz.

No, los prehistóricos jamás inventarían semejantes cosas, nunca crearon algo que no fuera estrictamente necesario para nuestra supervivencia física y psíquica. Y desde luego fueron los primeros creadores de imágenes, es más, crearon la primera poesía hecha imagen.Observen la sensibilidad que demuestra esta grafía, es un pequeño pájaro posado sobre el trasero de un bisonte de la cueva de Altxerri, fíjense en el bello contraste entre el pájaro y el bisonte, entre lo celeste y lo terrenal, entre lo pequeño y lo grande. La parte superior del pájaro, la cabeza y el pico son una grieta natural, que quizás sugirió la forma al artista que añadió, mediante el grabado fino, un ojo, la cola y el pecho. El pájaro fue sugerido por la roca, parece salir de la pared, es la superficie natural de la roca quién evoca en la mente la forma del pájaro,es la naturaleza la primera artista, es ella la que incita la mano inquieta del autor o autora de esta magnífica obra de arte.

Además,estas gentes paleolíticas dieron forma a nuestros sueños. No se conformaron con la realidad y pintaron o grabaron seres surgidos única y exclusivamente de su imaginación, esto ocurre incluso en un panel completo que el gran prehistoriador francés M. Lorblanchet denomina el Panel de los Monstruos y en el que no parece haber ninguna referencia al mundo “real”, este panel es pura fantasía paleolítica.

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Panel de los Monstruos de Pergouset, según Lorblanchet.

Estas imágenes son algo más que un documento gráfico, incluso a veces se rebelan contra el análisis y la clasificación científica, porque son la expresión del espíritu humano. La mano que lo produjo, era una mano sensible, conmovida por la vida que le rodeaba. No son obras hechas para ser estudiadas en las aulas de clase, son obras hechas para conmover, para transmitir, para soñar, para comunicar la grandeza de la existencia.

Pero nuestros prehistóricos no obtuvieron por ello fama ni gloria, más bien fueron denigrados durante mucho tiempo en los márgenes de la historia como seres insociables, insensibles, brutos, armados con una maza y vestidos con unos harapos ridículos de piel de oso. No tienen un justo reposo en el panteón humano, ni un razonable lugar dentro del imaginario colectivo, y es ahí donde interviene el cine, como gran difusor de valores e imágenes, manteniendo y perpetuando una prehistoria popular de ficción, una prehistoria sin historia.

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Las dos versiones de Hace un millón de años.

Es ahora donde interviene el prehistoriador indignado de ver a Victor Mature luchando contra galápagos gigantes o mujeres en bikini en pleno periodo glaciar.

Al principio, al ver películas como Hace un millón de años, mi reacción, como la de muchos de mis compañeros, era de desprecio o enojo; pero con el tiempo he aprendido a liberarme de los criterios de verosimilitud científica que, como científico, aplicaba a todos estos films y me impedían comprender el éxito de este fenómeno social, de esta prehistoria construida por el cine. Al ver estas películas por enésima vez, me pregunté ¿desde hace cuánto existe la Prehistoria? ¿Tenemos derecho los prehistoriadores a adueñarnos del discurso del pasado? ¿Existía una prehistoria antes de la Prehistoria? ¿Contra qué estamos luchando sin éxito, contra la imagen popular de la prehistoria?

Ningún pueblo, ninguna sociedad puede vivir sin memoria, sin historia, sin su pasado. El pasado justifica el presente y el futuro, pero ¿cuál es el pasado de la prehistoria? el pasado del pasado, el origen de todas las cosas, el mito. Y hace tan sólo unos años que los científicos entramos en el terreno del mito recibiendo burlas, tergiversaciones e insultos, ¡qué arrogancia la de la joven ciencia prehistórica con tan sólo un siglo y medio de existencia! ¿Quién es ella para imponerse de pronto a más de dos mil años de tradición narrativa sobre los orígenes?

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Caricatura de Darwin.

Es decir, la historia de los textos escritos lleva casi dos mil años relegando la tradición mítica (oral) a lo ficticio, pero cuando la ciencia prehistórica empieza a mitad del siglo XIX a explicar los orígenes humanos, choca contra, no sólo las creencias de origen bíblico, sino contra una tradición narrativa perfectamente establecida. En la cultura occidental son sobre todo los relatos míticos grecolatinos acerca de los orígenes y el Génesis mezclados, con las ideas que sobre los pueblos “primitivos” se forjaron durante los siglos XVIII y XIX principalmente. Pero el prehistoriador sería un iluso si creyera que puede excluirse de la influencia del discurso mitológico, pues está enraizado en la sociedad a través del lenguaje e incluso del inconsciente (Chavaillon, 1998: 66).

Es nuestra obligación entender todo lo referente a la relación entre la prehistoria científica y la prehistoria de ficción, o lo que es lo mismo, la difusión social de la Prehistoria. Deberíamos entonces empezar, reconociendo la existencia de esta prehistoria ficticia, es decir, un conjunto de ideas asociadas a lo primitivo, una iconografía mitológica que ha difundido el cine y unos valores que siguen los postulados del Génesis, que a la mayoría de científicos nos ha ganado la partida a la hora de llegar a la gente. Recuerda M. Foucault que hay otros medios de hacer historia fuera de los cánones académicos, hay una “memoria popular” al margen de los discursos creados por la escritura (Foucault, 1974: 7).

Referencias:

Chavaillon, Jean (1988): La edad de oro de la humanidad. Crónicas del Paleolítico, Barcelona, Ediciones Península.

Foucault, Michel (1974) : Anti-rétro. Entretien avec Michel Foucault, Cahiers du Cinéma, 251-252, pp 5-19.

Alberto Lombo Montañés

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