Semana(s) Santa(s): religiosidad popular y totemismo

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La Semana Santa sevillana vista por Pony Bravo. Fuente: Flickr.

¿Qué son esos seres enmascarados con cucuruchos en la cabeza que, año tras año, entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección, toman las ciudades por miles? Hay quien emparenta a esta especie sureña, el nazareno (Enmascaratus nazarenus) con otra especie norteña, el etarra (Enmascaratus explosivus), de áreas montañosas y hoy en peligro de extinción. En realidad, los parecidos son más que razonables (ambos especímenes son elementos del folclore de sus pueblos) y se diferencian fundamentalmente por la protuberancia que poseen en la cabeza, que en uno es un cuerno (se mueven en manada y suelen combatir entre sí por los mejores puestos en la procesión) y en el otro una txapela (que permite camuflarse al ser visto desde el aire con los paisanos de su hábitat ante su depredador natural, el helicóptero de la Guardia Civil).

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Los parecidos son razonables.

Cuestiones biológicas y bromas aparte, la Semana Santa y su celebración al estilo tradicional (los famosos pasos y procesiones) en numerosas localidades de, digamos, Andalucía (pongamos como estudio de caso uno de los ámbitos clásicos, que no el único -Castilla, Hispanoamérica, Filipinas e incluso otras muchas zonas -dentro y fuera del Estado Español- a las cuales los trabajadores migrados exportaron estas costumbres, todas y cada una con sus peculiaridades), cuentan hoy y han contado siempre con partidarios y detractores. Así lo comentan en el siguiente artículo del Diario de Sevilla de hace unos años, refiriéndose a la religiosidad popular:

Este tipo de religiosidad, como todos los fenómenos complejos, no es un tema fácil de tratar, y ha sido objeto de fuertes críticas. Desde la ortodoxia religiosa, es vista como un sustitutivo de la religiosidad auténtica por otra ritualista y mágica, un sincretismo relativista y ambiguo donde se confunden pueblo, cultura, revelación, magia, fiesta… Desde una perspectiva ilustrada, una religiosidad que emana del pueblo sencillo es tratada de manera despectiva, y no puede tener más valor que el propio de la fe del carbonero, ayuno de los más elementales fundamentos teológicos.

Incluso desde dentro de la Iglesia encontramos sectores contrarios al fenómeno, y así lo expresan públicamente sin recato. Cierto teólogo y canónigo de la catedral de Málaga, ya fallecido, consideraba las celebraciones de la Semana Santa andaluza como un “fenómeno presuntamente religioso, modelo herético y pagano desde el punto de vista de la eclesiología del Nuevo Testamento, un pecado heredado de nuestros antepasados”.

A este tipo de “enemigos estructurales” se le suman diferentes campañas recientes por parte de sectores críticos (como la de ¡Basta ya! ¡Semana Santa al Arenal! en Córdoba en 2006) y laicos.

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Semana Santa en Valencia al estilo de Berlanga; cofradías, toallas y guiris compiten por cada palmo de arena. Fuente: eldiario.es

Al margen de todo ese debate, pero a tenor de todo el desconcierto que generan estos festejos entre la gente ajena a los mismos, nos gustaría transmitir una idea fundamental con unas cuantas pinceladas: las manifestaciones de religiosidad popular trascienden el elemento religioso sensu stricto, desbordándolo por multitud de puntos. En palabras del antropólogo Isidoro Moreno en uno de sus numerosos trabajos sobre el tema, Los rituales festivos religiosos andaluces en la Contemporaneidad (haz click aquí para descargarlo):

Desde una mirada externa y superficial podría parecer esquizofrénica una sociedad como la andaluza que, a la vez, posee un muy bajo nivel de práctica cristiana (…) y una tan alta presencia de personas en un tan abundante número de rituales festivos cuyos elementos centrales son explícitamente religiosos (…). [Este hecho resulta aún más llamativo si] a ello unimos la existencia en Andalucía de un muy elevado grado de conflictividad social desde hace casi dos siglos, de un anticlericalismo muy evidente (…) y una tradición sociopolítica muy predominantemente de izquierda (…)

Conviene tener presente que los rituales y elementos de la comúnmente denominada religiosidad popular hay que contemplarlos, y no sólo en Andalucía sino en general, aunque aquí muy especialmente, dentro de la permanente dialéctica entre dos fuerzas asimétricas (…): la que representa el poder político y la ideología dominantes (…) y la constituida por las estrategias, tanto activas como no plenamente conscientes, de adaptación, resistencia o incluso rebelión, sobre todo simbólica, de las clases, etnias, géneros y grupos sociales dominados (…) para preservar su propia identidad, autoestima y organización en un marco caracterizado por la opresión económica, política e ideológica.

(…) No pocos considerarían que todas estas dimensiones  se inscriben en el ámbito ideológico (…) Gran parte de los posicionamientos planteamientos como marxistas, las fiestan serían instrumentos alienadores (…) y desde posiciones ideográficas y subjetivistas, las fiestas tendrían un fondo de espontaneismo, libertad y contacto lúdico (…) Creo más útil contemplar éstas no tanto insertas en el ámbito ideológico (…) sino en el identitario.

A tenor de estas palabras de Isidoro Moreno y dentro de este amplio ámbito de la religiosidad popular, queremos dar unas pinceladas sobre un concepto que viene, desde nuestro punto de vista, muy a cuento: el de totemismo.

Una determinada imagen religiosa (una advocación mariana o un determinado cristo) funciona en la práctica como un tótem que representa a un determinado sector social más o menos amplio (un barrio, una ciudad o un grupo mucho más específico -como el de los esclavos negros que en el siglo XV fundaron la Hermandad de los negritos en Sevilla). La Virgen de La Macarena da nombre y sentir a todo un barrio sevillano.

En este sentido, no debería haber contradicciones ideológicas; en los pueblos andaluces en los cuales gobernó el Partido Comunista tras la Transacción Transición, las nuevas autoridades participaron en las procesiones, resolviendo el problema portando un clavel rojo en la solapa. Por poner otro ejemplo, ante los azotes de la derecha, Kichi dijo en Cádiz lo de “Me he criado con la Semana Santa, cómo vamos a prohibirla“.

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Kichi, alcalde de Cádiz, participa en una procesión hace tan sólo unos días “como persona individual”. Fuente: Libertad Digital.

En definitiva, no pueden juzgarse a la ligera este tipo de manifestaciones populares que, si bien poseen presencia de los poderes “oficiales” y giran en torno a elementos religiosos, trascienden de estos caracteres para ir mucho más allá, hacia terrenos en los cuales imperan, al menos en apariencia, las razones de la gente sencilla.

Otro debate diferente sería el papel que juegan en la sociedad los valores que se transmiten con estas identidades o en qué medida éstos son horizontales o impuestos; qué rol juega el pueblo de Málaga o el barrio al que pertenece el Cristo de la Buena Muerte cuando un cuerpo tan emblemático como el de la Legión española lo traslada a hombros en todo un espectáculo que combina desfile y marcha militar, música y religiosidad popular.

No obstante, hay que reconocer que la Semana Santa andaluza es, como dice Mrs. Margaret, la única manifestación de arte popular que funciona en plena contemporaneidad, combinando artesanía barroca, música, cantos, olores, vestidos, desfiles, cosas doradas y la total espontaneidad del público. Y además pueden verse comiendo pipas.

Magnífico Rector

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2 comentarios en “Semana(s) Santa(s): religiosidad popular y totemismo

  1. Pingback: ¿De dónde ha salido todo esto de la Semana Santa? | Grupo Arqueología Social

  2. Pingback: Thompson está cabreado: la arqueología como banalización (Eichmann rules) | Grupo Arqueología Social

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