¿Existió la guerra en la Prehistoria?

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Fuente: cam.ac.uk

Hoy acude a darnos el brasón con la guerra Homo idiotus. Como sabréis, hace ya algún tiempo salió un trabajo en Nature un artículo sobre la primera masacre bien documentada entre cazadores-recolectores hace unos 10.000 años. Pues bien, Homo idiotus nos escribió lo que se le pasaba por la cabeza y nosotras, qué le vamos a hacer, nos vemos en el compromiso de publicarlo.

Ya sé lo que pensarán muchos de ustedes: otro pesado más que nos va a hablar del reciente estudio publicado en Nature sobre el hallazgo de “la primera matanza documentada entre cazadores-recolectores” cerca del lago Turkana, en Kenia y publicada hasta el cansancio en los mass media españoles. Pero no, ¡es tu día de suerte! A pesar de esta bulimia periodística no voy a tocar el tema.

El caso es que da la casualidad (y esto va en serio) de que soy tan tonto que se me ocurrió hacer el Trabajo de Fin de Grado sobre este asunto (ya pueden lapidarme).

Tengo que avisar de antemano que la pregunta que encabeza este texto tiene trampa y no es fácil de responder. La misma hizo correr ríos de tinta entre diversos autores que abordaron el tema. Mi respuesta es simple: todo depende del concepto que tengamos de guerra.

La guerra, en sentido amplio, se define como un combate armado entre grupos humanos que constituyen agrupamientos territoriales o comunidades políticas diferentes. Pero la “guerra” debe entenderse desde una óptica más general para que se puedan observar a las sociedades prehistóricas desde una nueva perspectiva.

En el caso de la prehistoria, el problema fundamental para abordar el tema de la guerra y la conflictividad, es la interpretación de las lesiones reconocidas en los huesos, su carácter mortal –o no- y las causas que las provocaron -¿resultados de accidentes o de violencia?-. Además, su demostración arqueológica es bastante delicada y puede presentarse de diferentes formas.

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Escena de un panel de arte rupestre levantino que representa un enfrentamiento entre dos grupos armados.

Pero antes de abordar este asunto…veamos otros aspectos interesantes. La guerra o la violencia ¿son biológicas o un fenómeno humano cultural adquirido? Apedreando un poco el estructuralismo de Leroi-Gourhan, diré que se trata de un fenómeno humano cultural adquirido. Al contrario de lo que pensaba el prehistoriador francés (la caza y la guerra estaban inscritas en el comportamiento agresivo inherente al ser humano), no se puede disolver la sociología en la biología. Pero acá hay para todos los gustos…varios antropólogos estudiaron el asunto de la guerra y la violencia en la prehistoria, y llegaron a diferentes conclusiones: algunos, como P. Clastres o L. Keeley afirman que las sociedades “primitivas” (no me gusta esta palabra) eran muy guerreras basándose en la etnografía comparada; otros, como M. Harris afirman que varias poblaciones de cazadores-recolectores actuales como los Inuit o los Kung gozan de mucha seguridad sin tener soberanos o especialistas en leyes. Sírvanse a su gusto.

Para no aburrir al público, no entraré en detalles sobre los yacimientos que se estudiaron para intentar arrojar luz sobre esta cuestión. Simplemente hay que decir que se conocen varios casos tempranos de signos de violencia en grupos cazadores-recolectores como en el Monte Carmel (Israel).

Hay que criticar dos aspectos:

1) La visión de la prehistoria como un período pacífico e idílico, en el que las comunidades vivían de forma fraternal y generosa.

2) La visión materialista de los comportamientos según la cual a partir del Neolítico, las sociedades acumularon excedentes y generaron riquezas, lo cual debió ser el punto de partida para suscitar competencias entre los grupos. Diversos estudios están tirando abajo esta teoría.

Todas estas visiones subestiman la complejidad de estas sociedades.

Si bien ya comenté que los actos violentos no son exclusivos de primeros agricultores y ganaderos, sí que se asiste a una intensificación en los conflictos durante el Neolítico y fases subsiguientes. El asentamiento en aldeas y el fomento de poblaciones sedentarizadas, cohesiona a los grupos, les dota de un mayor concepto de colectividad así como de propiedad territorial, base para el “combate” sobre un territorio que está claramente definido.

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Cráneo infantil con daños resultados de agresión hallado en una fosa de la Cultura LBK. Fuente: eldiariony.

Como ejemplo citaré simplemente la Cultura LBK (Linearbandkeramik) o Cultura de la cerámica de bandas. Se empiezan a fortificar los asentamientos y, además, se han encontrado una serie de fosas comunes con restos humanos que presentan signos de violencia: puntas clavadas, fracturas de huesos y cráneos producidas por traumatismos, etc. Algunos casos son Herxheim, Talheim, Schletz, Schöneck Kilianstädten, etc.

Esto daría para mucho más, pero para no aburrir a la gente (¿acaso hay alguna loca que siga leyendo esto?) TO BE CONTINUED… ¡a poder ser en los bares!

Homo idiotus

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Un comentario en “¿Existió la guerra en la Prehistoria?

  1. Pingback: Thompson está cabreado: la arqueología como banalización (Eichmann rules) | Grupo Arqueología Social

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