La amenaza SIGilosa. Cuando el enemigo está en tu propio ordenador

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Las del Gas nos hemos vuelto más vagas que de costumbre y dejamos que gente con dos o tres dedos de frente más que nosotras haga nuestro trabajo. En esta ocasión, la compañera Sigismundo Yeyé nos regala un poco de sabiduría sobre los Sistemas de Información Geográfica, esos engendros que, mal utilizados, son como una hemorroide purulenta. Y ya sabéis, comentad, participad o que os den, que os den por ahí.

Hace unos meses me sobresalté por una noticia. Sergio Ramos había comenzado a usar SIG, y por lo que parece también GIS, aunque no lo tenía muy claro.

Parecía ser, se comentaba en los corrillos, que hoy en día el manejo de estos programas está a la orden del día y es indispensable para sacarse la ESO en algunos institutos de ricos modernos y que de ahí venía la creciente afición del defensa camero por los GIS… o los SIG.

Desde hace años pertenezco a una orden de geógrafas de tintes masónicos donde nos preocupa seriamente el escaso conocimiento que tiene el humano medio sobre los Sistemas de Información Geográfica. Lo cierto es que tú, lectora del GAS, estas rodeada de SIG y no lo sabes, cuando utilizas Google o cualquier aplicación de tu móvil tus datos son desplegados y/o almacenados con variables geográficas, pasando a formar parte del Nuevo Orden Mundial por un lado y, por otro, ayudando a saciar las necesidades onanísticas de los miembros de mi orden.

Esta situación, a buen seguro desconocida por la mayoría de vosotras, es la que conocemos como la amenaza SIGilosa (porque somos muy cachondas) y, con la venia de Wu Ming, me he propuesto desvelarla al mundo a través del GAS. Y es que, da la casualidad de que además soy arqueóloga, por lo que puedo aprovechar también esta vía de difusión para mandar a tomar por culo a advertiros del peligro que supone la ecuación “arqueóloga inexperta + SIG”.

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Resumen de lo que ocurre cuando haces uso inocente de un SIG

¿Qué demonios es un SIG?

Como ya te he comentado, aunque no lo sepas vives rodeada de SIG (o Sistemas de Información Geográfica). En el momento que utilizas Google Maps o cualquier derivado, estás utilizando un SIG; cuando ves el tiempo en el telediario, estás viendo un SIG; cuando utilizas el filtro de búsqueda por distancia en Tinder, estás configurando un SIG… y así en multitud de ocasiones.

Comprobado que eres un SIG andante y que hasta la CIA utiliza un SIG para saber desde donde estás leyendo esto, falta un detalle para las lectoras más espesitas, definir qué es un Sistema de Información Geográfica. Según wikipedia: “es un conjunto de herramientas que integra y relaciona diversos componentes (hardware, software, procesos, usuarios) que permiten la organización, almacenamiento, manipulación, análisis y modelización de grandes cantidades de datos procedentes del mundo real que están vinculados a una referencia espacial, facilitando la incorporación de aspectos sociales-culturales, económicos y ambientales que conducen a la toma de decisiones de una manera más eficaz”. Para las que se encuentren en la misma situación que Sergio Ramos, os ofrezco una descripción más sencilla:

  • “…conjunto de herramientas que integra y relaciona diversos componentes (hardware, software, procesos, usuarios)…”: Un SIG son muchas cosas, tu ordenador, el programa, los procesos que utilices y, joder, hasta tu eres un SIG.
  • …permiten la organización, almacenamiento, manipulación, análisis y modelización de grandes cantidades de datos…”: Un SIG te permite hacer mogollón de cosas muy locas a partir de datos. ¿Qué es un dato? Mariano Rajoy podría resumirlo muy bien: un dato es un dato. Pero no, voy a ser generosa, cuando hablamos de datos hablamos, básicamente, de numeritos, letritas o simbolitos.
  • “…datos procedentes del mundo real que están vinculados a una referencia espacial…”: Los numeritos, letritas o simbolitos no son baladí, son algo que, en teoría, se sitúa espacialmente en el mundo real… es decir, para estar en un SIG, los datos han de estar situados en el espacio de alguna manera.
  • “…facilitando la incorporación de aspectos sociales-culturales, económicos y ambientales que conducen a la toma de decisiones de una manera más eficaz”: Aquí entran las arqueólogas, pues los datos pueden ser de cualquier tipo, incluso sociales, y es entonces cuando se forma la gozadera y empieza la “toma de decisiones de manera más eficaz”, que en el caso de la Arqueología se traduce a “pueden contarse mentiras de forma más eficaz”.

Espero que ya os hayáis recuperado del susto de saber que vosotras también sois un SIG. Espero también que Sergio Ramos no se haya quedado bloqueado con ese primer punto de la definición porque aquí hay que avanzar hacia la siguiente cuestión.

Historia de los SIG

Visto que hablamos de datos, software, hardware y toda la pesca, estaréis pensando que los SIG son cosa de hace dos días y que hasta la llegada de nuestros potentes ordenadores de sobremesa no había ni SIG ni NOG (como diría vuestra madre). Pero erráis, oh ignorantes masas. Tiende a considerarse que el primer SIG fue creado por Juan de las Nieves John Snow en 1854, donde gracias a diferentes capas superpuestas y hechas a mano, pudo encontrar el origen de un brote de cólera en un pozo londinense.

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Los Sistemas de Información Geográfica, inventados por un bastardo hijo del pecado

Batallitas a un lado, no es hasta la década de 1960 cuando comienzan a utilizarse de verdad los SIG, con cables, lucecitas, botones y todas esas cosas que os gustan. Al principio, el aspecto de los SIG era verdaderamente infecto y su disponibilidad, evidentemente, reservada únicamente a la gente capaz de utilizar ordenadores, es decir, el ejército y los centros de investigación. No obstante, amigas y amigos, esto no fue impedimento para que la Arqueología Procesual se valiera de estas fabulosas y nuevas herramientas y que David L. Clarke comenzase a coquetear con los análisis de captación de recursos casi desde los primeros compases del Procesualismo. Fueron buenos tiempos para la Arqueología pues al fin habíamos conseguido transformarla en una ciencia tan seria como la física o las matemáticas… Sin embargo, los últimos compases de siglo trajeron lo peor que podía pasar: posmodernos por un lado y, por el otro, los ordenadores personales y la democratización de la informática ¡Horror! Ahora todo el mundo tiene al alcance de la mano herramientas que permitirán empantanar nuestra bella y analítica Arqueología Espacial…

Así es, amigas y amigos, el mundo actual pone al alcance de la mano multitud de software gratuito con el que poder hacer realidad tus geofantasías más sórdidas (un truco de geógrafa, añadir el prefijo geo- a todas las palabras, para que quede más sofisticado) y, de paso, hundir más y más a nuestra amada Arqueología. A continuación, una serie de consejos a llevar a cabo.

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Sabrina Salerno se apunta también a la moda de los SIG

Soy arqueóloga, ¿Para qué me sirve el SIG?

No hay duda a día de hoy de que los SIG han cambiado la forma de hacer Arqueología. Sin más, todo artículo que se precie ha de tener al menos un pequeño mapita hecho con estas tecnologías… y eso solo si a la autora no le da por trastear y liarse a hacer análisis espaciales y procesos súper guays de la muerte. Pero escuchadme, camaradas, pues como os dije al comienzo de mi alegato, he venido a advertiros, pues los SIG ponen un maravilloso mundo de posibilidades… o mejor, geoposibilidades, a nuestra disposición. Unas geoposibilidades que, por otra parte, hace pocos años solo estaban reservadas a la casta, lo cual nos hace sentir muy muy poderosas pero, recordad, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Y es que, como diría Pedro Sánchez, los SIG pueden ser un arma de destrucción arqueológica. Me explico. Dije hace unas líneas que aquello con lo que opera un SIG es, pese al bonito mapa que tú estás viendo, datos, y aunque el dato se vista de seda dato se queda ¿Que sigo sin explicarme? Pues básicamente, que pese a que por su resultado vistoso los SIG estén tolerados por las turbas de arqueólogos posmodernos la mayoría de nosotras, los mapitas generados son, únicamente, una manera bonita de presentar datos, variables y cálculos estadísticos. Sí amiga, sí, cuando fuiste a aquel congreso pasaste 15 segundos viendo un póster con mapas chulos y rehuiste aquel que empezaba por “Nuevos métodos computacionales para…” porque lo tachabas de procesual y nazi pero, en realidad, eran lo mismo ¿Qué todavía no lo has entendido lo que quiero decir? Pues seré aun más concreto. En un mundo paralelo en el que tu eres Jorge Fernández Díaz el SIG es algo así como ETA.

¿Qué hay en realidad cuando ves un mapa hecho con SIG?

Superado este nuevo shock, ya puedo entrar en materia. Lo que quiero decir con todo esto es que un SIG, por sí mismo (o por sig mismo, un geochiste), no aporta nada al mundo de la Arqueología si no hay al otro lado de la pantalla una persona que se encargue de dotar a los datos generados de un contexto o discurso social donde integrarlos. Así, si tu eres una arqueóloga deseosa de aplicar una racioncita de SIG a tu investigación, es tu responsabilidad entender que no hay que confundir posibilidad con necesidad. Hoy en día es muy sencillo, mediante software gratuito y un par de videotutoriales, sacar toda una serie de estadísticas locas de una serie de yacimientos o comprobar las cuencas visuales de los mismos pero ¿De qué te sirve saber la altura media de los asentamientos o el tipo de terreno sobre el que se situaban si simplemente vas a ponerlo en una tabla? ¿Le dice algo al lector que le enseñes una cuenca visual de un asentamiento en un territorio que desconoce si no le planteas qué puede significar? Voy a ir más allá ¿Recuerdas cuando te metías con esa pobre procesual cuyo artículo era, básicamente, una tabla? Joder, camarada, ahora tu eres la procesual.

Pero permitidme que vaya más allá, pues no únicamente sois vosotras, jóvenes investigadoras, las que cometéis excesos con el SIG. Ya sabéis, por lo que habéis observado en vuestras madres cuando utilizan Facebook y/o Whatsapp que, a unas determinadas edades, introducirse en el uso de nuevas tecnologías puede ser cuanto menos peligroso. Pues lo mismo ocurre entre arqueólogas ya asentadas en cómodos y académicos sillones. Y es que, nos encontramos con que el factor más importante que rige la infamia en la dupla SIG-Arqueología es el humano, sin importar el estatus de este, pues todos los datos, fórmulas y algoritmos que se utilizan son invenciones humanas y, hasta que Skynet nos diga lo contrario, los SIG únicamente estarán haciendo caso a nuestras órdenes. A este respecto la informática alemana Irmela Herzog lleva años trabajando con arqueólogas, repartiendo estopa y mostrando cómo incluso individuos ya consolidados en la materia pueden empanarse y publicar alguna que otra chapuza. Recomendación personal para toda aquella que quiera introducirse en este geomundillo. Y todo esto, por no mencionar que algunos análisis ampliamente tratados y consolidados como las rutas de mínimo coste no gozan todavía de una metodología fija que contente a toda la comunidad y, de hecho, en vez de ir encauzándose hacia una única vía lo cierto es que cada vez van surgiendo más y más propuestas.

Sé que he pintado el panorama muy terrible, soy consciente de ello, pero tampoco tienes que desanimarte compañera pues, pese a todo, los SIG han cambiado para bien la forma de hacer Arqueología y aunque siempre quedarán voces críticas que, como Chris Tilley, asociarán los SIG con Satanás, lo único que hace falta es hacer un uso sensato y responsable de estas herramientas que tenemos a nuestra disposición, siempre como un medio para llegar a un fin y nunca como un fin en sí mismo.

Sigismundo Yeyé

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Un comentario en “La amenaza SIGilosa. Cuando el enemigo está en tu propio ordenador

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