Thompson está cabreado: la arqueología como banalización (Eichmann rules)

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Eichmann paseando banalmente. Fuente: Santa Wikipedia

BANAL

Del fr. banal.

  1. adj. Trivial, común, insustancial.
  2. adj. “Anal” pero con una “B” delante. ¿Casualidad?

Ya sé, ya sé. Hace un montón de tiempo que no escribo nada “serio” desde esta tribuna de sabiduría de los “animales venenosos”. ¿Qué os voy a contar? La vida es un poco hez últimamente y promete seguir siendo así un tiempo. ¿No os mola mi excusa? Venga, va otra: paseando por los cebados campos de Connecticut el otro día me abdujeron unos alienígenas que se dedicaron a sondear lo insondable y, al ver que una sonrisa cruzaba mis carnosos labios de fresa, nos hicimos amigas y me llevaron a su planeta, donde hicimos parkour como si no hubiera un mañana mientras Soyuz Gorri, Brandine von Mierder y Magnífico Rector cubrían mi ausencia haciendo que este blog continúe su camino hacia ninguna parte. Pero dado que todas mis grupis (¡hola, mamá!) me lo exigen, compartiré un poco de pus con vosotras. No mucho, que ya sabéis que hacer ejercicio después de mucho tiempo produce agujetas. Como estoy un poco de bajona-no-perdona, os pongo aquí un vídeo de música chachi piruli de la banda sonora de una peli del director favorito de Soyuz Gorri. Sí, Soyuz, sí.

En el GAS nos da a menudo por criticar la banalización a la que es sometida la materialidad y la arqueología. Desde Auschwitz y la Prehistoria pasando por la arqueología de empresa y las utopías distópicas y heterotópicas, con una cucharadita de Semana Santa, se muestra una y otra vez esa pequeña manía de la distanciación del trauma, de lo abyecto de lo Real (Lacan mediante); en otras palabras, de lo que no nos mola. La cencia y, en este caso, la arqueología, tiene la capacidad de convertirse en un instrumento desde el que normalizar el horror (el horror… oish, pero qué buena es Apocalipsis Now, kaben zotz). Analizar algo, sea una cerámica, una encuesta política o una supernova, al convertirse en cierta manera en una descripción, requiere de una distanciación del objeto de estudio (una cierta posición etic dirían los antropófagos) que permite, precisamente, que se pueda analizar. Ya ves tú si podríamos analizar una cerámica si no la descompusiéramos en elementos menores que simplifiquen su esencia a números, formas y características físico-químicas. El distanciamiento con respecto a lo que se estudia es necesario. Pero también problemático porque banaliza, trivializa el objeto de estudio. Eichmann banalizaba su trabajo y decía que solo cumplía órdenes. No le funcionó para que se fuera a la horca sin pasar por la casilla de salida.

Este hiperpretencioso tráiler retórico viene a colación de algunas reflexiones de bar y después de un año de conversaciones gasianas aquí, allá y acuyá a partir de algunas experiencias concretas vividas por una servidora en su corta vida de simia. Hace unos años excavamos en un yacimiento de la ribera del Ebro de cuyo nombre no qui… Lantarón, unas poquicas de tumbas asociadas a la ermita plenomierdeval en Sobrón. Una de esas tumbas, excavada por esta misma servidora (la misma de antes) en menos de tres horas con eso de que en arqueología “el último día sale todo lo rico”, contenía a una señora de unos 30 años (que me corrijan las antropófagas que lo estudiaron) con un feto en su estómago cavidad pélvica (gracias antropófaga) (bien pensado, no va a salir en la cabeza, aunque se han dado casos). Lo primero que pensó la servidora anteriormente (ex)citada es lo interesante que resultaba el caso de que una señora embarazada estuviera enterrada en un contexto funerario en el que había bastantes infantiles asociados, lo que podría interpretarse como la consolidación de la parroquia como elemento de cohesión comunitaria en un momento en el que toda la comunidad de los muertos descansaba en paz (hasta que llegamos nosotras con los picos) en el mismo contexto, niños incluidos, que hasta entonces era habitual tenerlos en las casas enterrados. Dejo una pequeña pausa dramática………………. ¿Interesante? Es una jodida desgracia. Pensadlo. El hecho de que una mujer muera a esa edad con su feto es terrible… ¿pero interesante?

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Pripyat, la ciudad de Chernobyl. ¿Sueño húmedo de toda arqueóloga o la materialidad de una desgracia? Fuente: firsttoknow.com

Y, siguiendo con el hilo del monólogo, las arqueólogas lo que hacemos fundamentalmente es documentar desgracias. No documentamos un despoblado medieval; excavamos el proceso de abandono de un pueblo como ocurre hoy día de forma dramática en los pueblos a lo largo y ancho de la geografía ejpañola. No hacemos estratigrafía de un incendio de una casa o de un granero, sino de una desgracia familiar o colectiva. No fotografiamos un cráneo con una trepanación, retratamos un dolor que deseo a poca gente (mentira). No nos cuestionamos si hay guerra en la prehistoria (homo idiotus brillante, by da way), sino que estudiamos episodios trágicos de la historia. Las arqueólogas fundamentalmente manejamos desgracias que banalizamos de la forma más centífica posible y luego las publicamos en revistas de impacto. Biosbardo (al cual han abducido los mismos alienígenas que a mí pero a él le gustaba más lo de la sonda y que me perdone por robarle historias sin su permiso) excavó hace poco el cuerpo mutilado de uno de los últimos resistentes del sitio de la Fatarella que murió cuando una granada le explotó en toa la cara. Le llamaron “Charlie”. Y Biosbardo preguntó “¿Por qué Charlie es una UE?”. Fin de la cita.

Durante el congreso TAG de teoría arqueológica al que tuve el place de asistir hace unos años vi una comunicación sobre un estudio de la materialidad de unos mendigos en no-me-acuerdo-que ciudad anglosajona y el culo se me torció sobremanera porque, en el fondo, estaban objetivando a personas de carne y hueso que esa noche dormirían en la calle. No dudo de las buenas intenciones de ese estudio ni tampoco de la potencialidad crítica que tiene, que es mucha. De lo que dudo es de esa facilidad para la banalización de algo terrible como es tener que vivir en la calle. ¿Os imagináis que alguien le da por estudiar la materialidad de los presos de Guantánamo? ¿O los objetos cotidianos de los damnificados por el terremoto del Ecuador? Como es la 1:12 horas cuando escribo esto ya os dejo contestar a vosotras.

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Voy a echar la papilla de lo interesante que es esto. Fuente: actualidad.rt.com

Yo soy muy flan de E.P. Thompson. De hecho, melofo (bibliográficamente hablando). Este señor sostenía la idea de que efectivamente hay que distanciarse del objeto de estudio, analizarlo, describirlo, deconstruirlo, pulverizarlo, orinarlo, cuantificarlo, documentarlo. Pero una vez se ha llegado a unas conclusiones, es necesario no solo volver a mirarlo con otros ojos sino actuar sobre él de alguna manera. Para Thompson, no se puede separar la intrínseca humanidad del científico de su esencia de científico. Esto es banalizar el mal, porque solo cumplía órdenes: la carrera académica, la cencia, la administración… En bonus track, os dejo el texto de Thompson que me hizo enamorarme perdidamente de sus ojos de pizpireto locuelo. Bonne nuit!

E P Thompson

¡Toma partido… por las drogas! E.P. Thompson flipando porque no has sabido distinguir entre neutralidad, objetividad y que eso que te pasaban no era un cigarrillo normal.

Al recuperar ese proceso, al mostrar cómo aconteció realmente la secuencia causal, debemos, hasta donde la disciplina lo permita, mantener nuestros propios valores en suspenso. Pero una vez recuperada esta historia quedamos en libertad para expresar nuestros juicios sobre ella. Tal enjuiciamiento debe estar, a su vez, bajo controles históricos. El juicio ha de ser adecuado a los materiales (E.P. Thompson, Miseria de la Teoría).

Max

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6 comentarios en “Thompson está cabreado: la arqueología como banalización (Eichmann rules)

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  5. La susodicha muerta sí que habría sido antropófaga si os la hubierais encontrado con un feto en el estómago. Antropófaga y caníbal, además. Pero para desgracia de nuestros curricula (¡menudo paper en Nature que podría haber salido!) estaba en la cavidad pélvica, probablemente dentro del útero, como todos los fetos de embarazos no ectópicos. Ahora, si el hallazgo es terrible (como categoría opuesta a interesante) me parece irrelevante. Puestos a imaginar, se me ocurren varias razones por las que esa mujer podría haber preferido morir a tener ese bebé, haciendo de su propia muerte un acontecimiento feliz para ella misma.

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