El calostro y las cosas. Introducción y Capítulo 1: el índice/síndrome de bonobismo

TITULO

La arqueología está llena de clichés, mitos y espacios comunes simbólicos. En realidad, semos un sector especialmente dado a ello por la intrínseca mezcla entre proletarismo, intelectualismo, tontismo y frikismo que caracteriza al ser-para-la-arqueología. Como ya dijimos en otro post y recuperando la categoría utilizada por el compa David González, somos fundamentalmente “superarqueólogas”, que al mismo tiempo que nos volvemos locos con Draggendorf (al parecer el tío se volvió majara después de clasificar toda la sigillata ofdawol), no prestamos la más mínima atención a la seguridad laboral y vivimos precarizados hasta prácticamente la jubilación. ¡Ey, esto es Jurassic Park, babe! Siglos de profesión alrededor de las excavaciones y del estudio de la materialidad hemos creado toda una simbología y una identidad común que todavía ha de ser deconstruída y analizada en su complejidad. Ese es el propósito de este opús-culo intitulado “El calostro y las cosas”, en honor del calvo de la lotería y del pus gasiano.

La concepción de esta obra data de un momento indeterminado entre el ver-ano de 2011 y el otoño de 2012 cuando una servidora y otra hija del pus nos juntamos en consecutivas excavaciones en las que compartimos cama, sudor, paletín y botellines de rica codeína cerebral. Juntas entendimos que había mucho dolor en la arqueología que había que exponer negro sobre mi cara. “El calostro y las cosas” tiene el objetivo de analizar todos aquellos mitos de la arqueología que hacen única esta profesión y compartirla con el mundo libre. Como la luz del sol en la caverna de Platón(s de lentejas), la verdad ha de ser revelada cual antiguo carrete. Espero que mi compañera, que en paz descanse, vuelva de entre los muertos para añadir dosis de sabiduría a esta magna obra al igual que a vosotras, lectoras, que seguro que también os sentís identificadas con algunos de estos espacios comunes. “El último día se encuentra todo”, “el jefe sólo pasa una vez cada eón para ver la excavación”, “¿habéis encontrado oro? dijo ese paisano”, “hoy vienen los políticos a ver el yacimiento”, “arqueología y alcohol: una relación inevitable”, “el volcado de la carretilla: estudio experimental”. Todos los clichés serán bienvenidos.

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El capítulo 1 del “El calostro y las cosas” versa sobre un espacio bastante común que la arqueología comparte con la sociología humana nivel unopuntocero: el índice de bonobismo (en adelante, IB). Antes de desarrollar la tesis calostriana sobre el IB hay que analizar dos categorías básicas que ayudan a comprender este fenómeno: las excavaciones de ver-ano como fenómeno antropológico-sexual y el bonobo como primate. Para aquella que no tenga el paisaje mental de una excavación de ver-ano, se podría describir en general como un campamento para adultos o como un Gran Hermano a pequeña escala, pero sin cámaras, sin pruebas, sin famosos en horas bajas y casi el mismo nivel de inteligencia. En este bucólico ambiente no es de extrañar que la tensión sexual no tarde en aparecer. Pensadlo: un grupo más o menos numerosos de post-adolescentes que realizan un ejercicio físico más o menos intenso que provocan un sudor más o menos perlado en las frentes y torsos desnudos y que conviven junticos y revueltos durante un período más o menos largo de tiempo. Si a este grupo-control le añadimos una dosis más o menos grande de alcohol (normalmente grande, no nos vamos a engañar) tenemos un pastel freudiano del copetín.

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Arqueólogas a punto de entrar a su primer día de excavación de verano

El bonobo o pan paniscus es una de las dos especies que componen el género de los chimpancés junto con el chimpancé común o pan troglodytes. Los primeros se diferencian de los segundos en que suelen tener la cara negra, las orejas más pequeñas y las piernas más largas. Uno de las cosicas que hacen a los bonobos una especie achuchable es que las relaciones sexuales juegan un papel muy importante en sus sociedades de tal manera que el sexo (o como diría tu abuela, el “seso”) es utilizado como modo fundamental de resolución de los conflictos, como saludo o como pago de favores. Los bonobos son los “pequeños Nicolás” de la jungla. Citando a san wikipedia: “los bonobos son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando todas las actividades sexuales siguientes: sexo genital cara a cara (principalmente hembra con hembra, seguido en frecuencia por el coito hembra-macho y las frotaciones macho-macho), besos con lengua y sexo oral”. Sigue san wikipedia: “los macho bonobo practican con frecuencia varias formas de sexo genital entre ellos (frot). Una de las formas consiste en ambos machos colgando de un árbol cara a cara mientras frotan sus penes entre sí”. Bueno, he de decir que esto parece fácil pero realmente no lo es. La última vez casi me caigo porque hacía mucho viento.

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Bonobos haciendo sus cosicas de bonobos. Bonobando por aquí y por allá

El IB se puede definir como “el índice que expresa el interés sexual en un entorno de excavación de verano de una individua “A” por una o varias individuas “B” que relaciona proporcionalmente este interés sexual con el tiempo de desarrollo de la actividad excavatoria” (Siffredi, 1964). Viene expresada por la siguiente ecuación matemática:

IB = t2 + a +c – d

Donde “t” es el tiempo, “a” es el índice de alcohol en sangre, “c” una constante sexual inherente a todos los seres humanos igual a “mucho” y “d” el número de dioptrías de la individua en concreto. Expresada en forma de gráfica tendríamos el siguiente esquema (publicado por primera vez en Haze, 1982):

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El índice de bonobismo viene asociado al conocido como “síndrome de bonobismo” (SB), tal y como demuestran todos los experimentos clásicos del tema (Lain, 1971). A medida que avanza la excavación arqueológica y el IB crece se produce un curioso fenómeno de percepción visual por la cual esa persona que “es más fea que el forúnculo que le salió el otro día a mi gatete en el entrenalgo” pasa a ser una persona “normalita, tirando a agradable a la vista y al olor, pero no todavía al tacto” a ser un objeto de pecado venial y alevosía masturbatoria nocturna. Algunos estudios (Vidal y Holmes, 1973), muy criticados por caer en un procesualismo funcionalista especialmente determinista en su uso de los Sistemas de Información Geográfica han concluido que este tránsito puede concluirse en un período de entre 5 y 10 días, dependiendo fundamentalmente de las variables “a” y “d” y de los mapas de coste según el algoritmo de Parkinson-Michael J. Fox.

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Esquema de evolución de la percepción visual a través del síndrome de bonobismo. Días 1 al 10. Aunque parezca mentira, todos son el mismo sujeto.

Curiosamente, es un síndrome que afecta por igual a hembras y a machos de la especie (Hefner, 1926) que se ven sujetos a los mismos efectos temporales del IB. Sin embargo, los estudios de Brandine von Mierder han llegado a la conclusión de que esta supuesta igualdad de género no es sino una imposición falocéntrico-patriarcal y que realmente el síndrome del bonobismo no es sino una expresión del heteropatriarcado en los ambientes de excavación (von Mierder, 2016). A la publicación de este estudio, Judit Butler le dio a like y Bertín Osborne dejó de seguir el blog del GAS.

Lo más controvertido del análisis del SB ha venido dado por la influencia, real o no, de la variable “a” de alcohol en estas excavaciones de verano, que tendrán un merecido análisis en otro capítulo de “El calostro y las cosas”. Sirva por el momento la afirmación de una de las sujetas de estudio del “proyecto aserejé. Campaña 2015” al respecto (publicado en el número de Nature 2015, pp. 80-82): “vaya jartá de sangría hecha en un cubo de basura sin limpiar que me metí entre pecho y espalda aquella noche. El perrete iba provocando. Creo que era un caniche”. El SB genera así mismo una desinhibición casi total en las individuas de tal manera que experiencias como los tríos, las curiosidades homosexuales o el vulgarmente conocido como juego de “la galleta María” han sido documentadas de forma muy regular en varios estudios de caso o case studies, dependiendo de lo jipster que seas (de Mairena, 1997). Personas que en su vida normal son más puras que el blanco de tus ojos morená saladá se devienen reducidas a primates unidimensionales. En un experimento no controlado de los años 30 intentando desvelar las causas políticas subyacentes al síndrome a partir de la teoría zizekiana de la caca, del que únicamente se conoce por testimonios indirectos (Rajoy, ¿2016-2020?), parece que lo que comenzó con un inocente juego del “yo nunca” en una excavación de verano acabó convirtiéndose en la invasión de Polonia el 17 de septiembre de 1939, serpentinas incluidas. Otras fuentes dicen que no, pero no están cloradas y casi mejor no beber de ellas.

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Portada del informe de la campaña 2014 en el yacimiento de Todosaunacomoenfuenteovejuna (municipio de Cagoentó, Murcia de abajo)

Por último cabe mencionar que el SB ha sido duramente criticado por las corrientes neoprocesualistas, entendiendo que la adaptación extrasomática al entorno ideotécnico de una excavación de verano no es sino un invento de los “judíos jodíos posprocesualistas que solo se dedican a hacer filosofía abstracta y no se comen una rosca” (Binford, 1970). Al final, resulta que nadie se comió una rosca porque no tenían brazos.

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Ian Hodder ha sido uno de los defensores más férreos del IB desde sus inicios como jipster-sin-barba

En conclusión, el síndrome de bonobismo es, sin duda, uno de los fenómenos más recurrentes dentro de las excavaciones de verano en arqueología y que se resuelve normalmente mediante la lógica aristotélico-cartesiana de: “lo que pasa en el lugar X (=lugar de la excavación) se queda en X (=lugar de la excavación)”, si bien algunos testimonios (Pintopintogorgorito, 1978) parecen determinar que no siempre lo que pasa en X se queda en X. Advertidas quedáis.

Max

P.D.- Si tenéis alguna sugerencia para el capítulo 2 de “El calostro y las cosas”. Dejad vuestra sugerencia en el feisbú.

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4 comentarios en “El calostro y las cosas. Introducción y Capítulo 1: el índice/síndrome de bonobismo

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