El calostro y las cosas. Capítulo 2: estructura de clases en las excavaciones de verano (I). Los tipos de jefes

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Tras el éxitaco (qué fácil es mentirse a una misma) del primer capítulo del nuevo libro de cabecera para todo enfermo mental que es “El calostro y las cosas”, lancémonos a la deconstrucción de otros espacios comunes y mitos de esa bella, estable, nada precaria, enriquecedora humana y materialmente y apenas poco estresante que es el cultivo de bonsáis la arqueología. En el anterior capítulo nos enfrentamos a ese curioso fenómeno documentado en las excavaciones de verano que es “el síndrome de bonobismo”, derivado de la mezcla de un grupo hormonalmente efervescente de arqueólogas en celo, el calor veraniego y un par (de miles) de gin tonics en sangre. Entremos hoy en cuestiones quizá más prosaicas (sea lo que sea lo que signifique eso) pero igualmente importantes. En este caso, nos centraremos en el análisis de la estructuración de clases dentro de las excavaciones de verano, dejando para otro capítulo el mismo objeto de estudio pero en excavaciones dentro de la Arqueología Comercial, aunque ya ha sido tratado por expertos, expertas y por Sandro Rey en otros textos de cabecera (uno aquí, otro allá, maquíllate, joder, maquíllate).

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Sandro Rey, analista de clases a tiempo parcial y sex symbol a tiempo completo. Fuente: el fondo del retrete.

Pero antes, claro está, habrá que detenerse brevemente en el concepto de “clases”. Dado el carácter rojo-separatista de este nuestro blog, evidentemente utilizaremos una definición machista-leninista de “clases”, a partir de los trabajos de Carlitos, el Fede y de otros grandes teóricos de esta categoría como Thompson (1979), Poulantzas (1976) o Jenna Haze (1982). Normalmente (sin acritud, ¿eh?) utilizamos este concepto tan jodidamente mal como un supositorio que nos ponemos debajo de la lengua, cuando todas sabemos que lo mejor es tragarlo rápidamente porque sabe a culo. Un gol que nos han metido los malos de la película es hacernos creer que la “clase”, tu clase, tiene que ver con lo que una gana. ¡Error de garrafón! “Clase social” tiene tanto que ver con la cantidad de pasta que una cobra como el tupé de Donald Trump con su nazismo manifiest… como el tic de los ojos de Rajoy con su capacidad compulsiva de ment… como… vamos, que no tiene nada que ver. La clase social está relacionada con “la posición que ocupamos en los medios de producción, su posesión y los intereses derivados de ellos” (Rojodemierda, 1848). Ejemplo, si yo soy camarera, ya puedo cobrar una pasta gansa en un club de los Very Important Pololos dándole chupitos de cicuta a Cristi-ano Ronaldo que ni mi posición con respecto a los medios de producción es distinta a la de una camarera de un bar de paisanos con palillos en la boca (¿alguien se ha preguntado de donde salen todos esos palillos? ¿habrá un “palillo original”? ¿El palillo único para gobernarlos a todos?), ni poseo los chupitos (medios de producción) ni dejo de tener el mismo interés de que la cicuta mate de una forma lenta y dolorosa a Cristi-ano. De aquí que lo de “clase media trabajadora” del imbécil de Sánchez-Rivera (no os engañéis, es la misma jodida persona, mitad tonto, mitad culo aunque es difícil distinguir uno de otro) es una trola como un piano. Clase media trabajadora es equivalente a la clase alti-medi-baja o al conejo de Pascua. No existe. La clase media son los padres, como los visigordos.

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Mafalda, descubriendo la terrible verdad… su padre solo tenía una pierna… Fuente: http://www.mugarikgabe.org

“¿Y entonces cómo se define una clase social en una excavación de verano, sita Max?” “¡Buena pregunta, Timmy! Para no tener brazos eres un niño bastante espabilado” “Gracias, sita. ¿Me alcanza la insulina para la diabetes?” “Jajajajajajjaa…………………………….No”. Pues en una excavación las clases sociales se definen también por su posición en los medios de producción, esto es, el capital científico derivado de excavar, la posesión de los medios de producción, fundamentalmente de quién pone el alcohol, y de los intereses derivados de todo esto. Las excavaciones de verano son ecosistemas estables cual gobierno belga basados en la jerarquización absoluta. Es el sueño húmedo del 49% de los austriacos (jodeos, nazis. Ahora comeréis hierba hasta jartaros). Ni el fascismo alemán funciona de una manera tan orgánica y vertical como una buena excavación de verano. Siguiendo la clasificación establecida por E.Hoxha (1985), podemos distinguir las siguientes clases sociales o estamentos en una excavación: jefes, jefecillos y pringaos. Hoy nos ocuparemos de los jefes. Antes de que Brandine me parta la boca por falocentrismo y porque sabe que me gusta (¡ajá! No sabéis si lo que me gusta es que partan la boca, el falocentrismo o ambos), excusarme que aquí no entraremos en un análisis de género, que reservamos para dos capítulos de próxima aparición de “El calostro y las cosas” (sobre machismo y sobre micromachismos en arqueología). De hecho, por desgracia, los jefes suelen ser hombres, si bien sostenemos que la misma clasificación puede ser utilizada para mujeres y, en su caso, para jefes con sexualidades alternativas o incluso si tu jefe es un chinpokomon zapato.

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Representación típica de la estructuración de clases en una excavación de verano. Publicado por primera vez en Mason, 1985. Retocado para que hubiera algo que no fuera un hombre (madre mía, y luego dicen que no hay machismos…).

El Jefe (en mayúscula, subrayado y en negrita con coca-cola): el Dios de dioses, la punta del iceberg, la mermelada de tu desayuno continental, el huevo de tu tortilla, el Gasset de Ortega y Gasset, el “tata” de la palabra “patata”, el pilar fundamental sobre el que pivota toda la excavación. Poca gente se ha atrevido a abordar un estudio crítico sobre los jefes. Todos aquellos que lo intentaron desaparecieron misteriosamente o se convirtieron al Daesh (una excepción en Bourdieu, 1984). Esta figura se remonta a los tiempos de Mesopotamia, según reza el documento conocido como “Código del Jeferabi” (datado en 1728 a.C.) y localizado recientemente en un urinario del centro de Barcelona. La traducción de este código ha permitido distinguir hasta tres tipos de jefes de excavaciones de verano: el jefe tipo-Jacob, el jefe cool y el jefe tipo “nazi-cabrón”:

  • El Jefe tipo-Jacob (Jehová, 1400 a.C.). Ya empieza a ser carnaza de nostálgicos jipsters, pero si recordáis la serie “Perdidos” (esa cuyo final fue tan decepcionante que hizo arrancarse los ojos a cientos de gatetes en China) el personaje de Jacob era una de las más chachi-pirulis del mundo. Siguiendo la Lostpedia (2016; consultado ahora según escribo esto, entre el segundo y tercer café de la mañanica), Jacob es una “misteriosa figura de autoridad que se encuentra a cargo de la isla… ha vivido en la Isla, al parecer, desde el siglo I (léase “tiempos inmemoriales”)… capaz de ir y venir de la isla, Jacob aparenta tener una misteriosa habilidad para ver el futuro, y controlar ciertos eventos”. Si intercambiamos “isla” por “excavación de verano”, lo tenemos amigas. El jefe tipo-Jacob es aquel que sabes que existe, dicen que existe, tú te crees que existe, pero jamás se le ve el pelo (o la calva. A lo mejor no tiene pelo. No lo sé, porque no le he visto nunca) por la excavación. Y si aparece por la excavación, normalmente el día que coincide con la visita de “los políticos” (otro capítulo de “El calostro y las cosas”) no te acabas de creer que esa persona sea realmente el jefe. Cuando llega, si llega, viene rodeado de una guardia pretoriana de gente en los que se combinan los jefecillos, pelotas random y pelotas profesionales, usualmente gente que el día anterior ha dicho cosas relativamente funestas sobre la progenitora del jefe pero que sufren de un ataque de amnesia cuando hace una entrada triunfal a la excavación, precedida de comentarios tipo “ya está aquí”, “haz como que trabajas” o “me hecho cacas en los pantacas”.
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Retrato robot de un jefe tipo Jacob según testimonios orales de alguien que juró haberlos visto en el Estado de Kansas. Fuente: http://www.deviantart.com

  • El jefe cool (Pocholo, 1962). El equivalente al empresario alemán, a la estrella de un grupo rock, a Hans Scorpio, al Jesús Colega. Es el jefe que está en campo, el jefe que mola, el jefe que todas nos queremos tirar o con la que queremos mantener una relación estable como el índice NASDAQ porque destila madurez a la par que una dulce fragancia de rebeldía juvenil. Seguramente conozca grupos como “La Polla”, “Reincidentes” o “Kortatu”, demostrando una cultura pseudo-juvenil que maravilla a la par que asombra y diga palabras como “guay”, “tronco” o “tranquis”. Es el modelo a seguir en todos los sentidos. En su juventud fue un trasunto de Che Guevara de la arqueología (normalmente expresado con frases como “yo luché en los 70”, “el positivismo es una mierda” y nostalgias varias). Es anatema hablar mal de él a riesgo de ser excomulgado y la que lo haga se convierte automáticamente en el PE (Pringao de la Excavación; ver próximo capítulo de “El calostro y las cosas”). Trabaja con el grupo (normalmente no demasiado, tampoco nos vamos a engañar), se emborracha con el grupo, tal vez, a lo loco, hasta duerma con el grupo. En los casos extremos, toca la guitarra, con lo que su nivel de coolismo se incrementa hasta el infinito (ver comentario de Vegeta adjunto). Mantiene una distancia de serena cercanía con el grupo que, en combinación con “el síndrome de bonobismo”, es posible que a veces sea excesivamente cercana (if you know what I mean). Los estudios más relevantes sobre el tema (Ulianov, 1917) certifican que en realidad puede llegar a ser el más peligroso de los jefes, porque consigue que con su coolosidad acabes asumiendo un grado de explotación salvaje. No olvidemos que su interés es que la excavación salga adelante, coolismo mediante o no.
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Vegeta conoció el amor en aquella excavación

  • El Jefe tipo “nazi-cabrón” (Hitler, 1925). Frecuencia de asistencia a la excavación media, pero el día que va todo se pone patas-arriba y hay que mostrar todo lo que NO es la excavación. Limpiar y ordenar los sondeos. Limpiar y ordenar a las excavadoras (se aprovecha la visita del jefe para asearnos un poquico. Dicen los médicos que la quinta capa de roña es cancerígena… ¿qué sabran ellos?)… todo para que el jefe se sienta cómodo. Historia real: una vez nos hicieron poner a las chicas más guapas a servir la comida para que el jefe disfrutara de un buen servicio de mesas (¿micromachismo? ¡No, qué va!). En cuanto hace su aparición en la excavación, todo le parece que va mal, lento y desordenado. Hasta las fichas de UE se esconden para no ser leídas. Es como si el jodido Chuck Norris hubiera llegado a la excavación. Todo lo que se ha hecho hasta ese momento es hez en salmuera. Invita a pensar que tendrá que ir él mismo a resolver los problemas. Pero evidentemente no lo hará. Todo rastro de diversión, humanidad y sana apetencia por la vida le parecerán obstáculos para que la excavación vaya adelante. Sus ojos en realidad son como los de Robocop, detectando y analizando a cada ente, humano o no, del que depende su bienestar científico (Verhoeven, 1987). Su sueño húmedo es un mundo dominado por Skynet. Para él, el resto de los seres humanos son trampas del Dungeons & Dragons que impiden avanzar su personaje con la esvástica tatuada en la frente.
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Jefe tipo nazi cabrón visitando una excavación random. Fuente: en.wikipedia.org

Y hasta aquí, niños, el capítulo de hoy. Para finalizar, vídeo random. Hasta que nos olamos.

Max

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Un comentario en “El calostro y las cosas. Capítulo 2: estructura de clases en las excavaciones de verano (I). Los tipos de jefes

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