Qué nos dice la arqueología de la guerra, la tristeza, la bandera y de Rafa Nadal

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Alfombrilla de ratón de dudoso gusto del ordenador de mesa del Ejército de Tierra (o materialidad de Millán-Astray). Fuente: página-bazar fascista random.

Hace un par de días la cuenta de Twitter del Ejército de Tierra se cubrió de gloria. Y por partida doble: utiliza una frase de Camilo José Cela dedicada en los años cuarenta al fundador de la Legión Española (muy ejpañola, pero copiada de la francesa), el despojo humano Millán-Astray (“La guerra no es triste, porque levanta las almas… porque nos enseña que fuera de la bandera, nada, ni aun la vida, importa”) para felicitar a Rafa Nadal por su participación en las Olimpiadas de Río y bloquea sin venir a cuento a Albertito Garzón, ese mozalbete que a casi todo el mundo cae bien. Y me diréis: miembras del GAS, ¿qué tiene esto que ver con la arqueología?”

Nosotras estamos empeñadas en que las arqueólogas tenemos mucho que decir de la actualidad, puesto que somos parte viva de la sociedad de hoy y nos sumergimos en el pasado, más o menos remoto, para comprender, entre otras cosas, cómo hemos llegado a ser lo que somos. Y para que no nos la den con queso, vamos. Vayamos a ver, entonces, qué nos dice la arqueología de esto.

Qué nos dice la arqueología de la guerra: No son pocas las evidencias materiales del conflicto armado y la represión (y en este espacio web nos gusta el tema). La arqueología demuestra, a día de hoy que, salvo alguna excepción, la guerra como tal comenzó hace unos 10.000 años más o menos, con la expansión del sistema productor de alimentos. Yacimientos como el alavés de San Juan Ante Portam Latinam, un enterramiento colectivo del Neolítico final, evidencian la aparición de lesiones en cadáveres fruto del enfrentamiento de unos humanos con otros. También nos dice que la belicosidad en las sociedades ha ido a más con el tiempo; basta comparar los muertos como fruto del enfrentamiento físico del Neolítico final del yacimiento alavés antes mencionado (apenas una docena) con los del Medievo, por ejemplo (piensa que el Cid tenía a treinta o cuarenta mamporreros a sueldo y ya con eso era el terror de la Península Ibérica) y los de la Guerra Civil Española. Sólo en el cementerio de San Rafael de Málaga se documentaron 4.571 víctimas de la represiónNo son pocas las fosas que, a pesar de los esfuerzos de la derecha, nos hablan de todo esto.

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Fosa de víctimas de la represión franquista del cementerio de San Rafael de Málaga. Fuente: Público.

Qué nos dice la arqueología de la tristeza: Pues muy sencillo; que uno de los mayores sufrimientos viene dado por el asesinato de un ser querido, como bien saben miles de familiares de víctimas de la represión política durante y tras esta misma guerra. Ascensión Mendieta es uno de los muchos ejemplos que existen de esta obviedad.

Qué nos dice la arqueología de la bandera (ejpañola, en este caso) y de las instituciones que hoy sustenta: Pues que ni hubo una sola ni las instituciones (cuerpos del Estado) han sido patrimonio exclusivo de una única corriente política. Que en su nombre se han cometido verdaderas atrocidades. En la construcción de la nación española tuvieron mucho peso el catolicismo y la monarquía (conceptos clave en el universo reaccionario y de la derecha del país), y eso es cierto. Pero en la contemporaneidad observamos cómo diversas ideologías se apropian de esta construcción nacional; así lo hicieron las dos repúblicas. Y con respecto a los cuerpos del Estado, las evidencias materiales (y de memoria) de la Guerra Civil nos dicen lo siguiente:

Málaga fue tomada por las tropas franquistas entre el 6 y el 7 de febrero de 1937 [haz click aquí para recordar esta historia de nuestra mano]. Desde entonces y hasta 1957, el cementerio de San Rafael, al suroeste de la capital, fue un siniestro depósito de los fusilados ante su tapia. “Hay de todo -explica Fernández en su despacho- incluso encontramos curas, porque la sotana tenía un grosor de centímetro y medio y aunque la cal se la comía, quedaban restos y llevaban crucifijos en las manos. Una vez llegó una señora diciendo que si encontrábamos varios botones dorados, era su padre, un capitán de la Guardia Civil que permaneció fiel a la república”.

Por tanto, aunque a veces lo parezca, nos lo quieran hacer creer, le interese a las oligarquías o en la práctica funcionen en esa dinámica, las instituciones del actual Estado ni han sido ni son patrimonio exclusivo de la derecha ni de las oligarquías.

Qué nos dice dirá la arqueología de Rafa Nadal: Aquí podemos adelantar poco, cierto. Pero, como cualquier deportista actual de élite, sus articulaciones estarán mucho más desgastadas que las de cualquier coetáneo. “Su estado de salud es muy bueno”, dirán los exámenes antropológicos en el futuro. Pero el cálculo de su edad, estará empañado por su funcionamiento forzado, en comparación con el resto de la necrópolis imaginaria del futuro.

Qué narices podemos sacar en claro de todo esto: Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra, en su artículo La guerra es jodidamente triste porque inunda las calles de cadáveres, aprecia lo siguiente:

No deja de ser curioso que ochenta años después, el Ejército de Tierra se manifieste con la misma terminología necrófila y fascista. No es obra de la casualidad. En los últimos tiempos han sido numerosas las manifestaciones ultraconservadoras de altos mandos militares: teniente coronel Ayuso, general Pontijas, exJEME Alejandre, teniente general Mena, general Chicharro, coronel Alamán, exJEMA González, Asociación de Militares Españoles (AME)… Sin ir más lejos, la página del propio Ejército de Tierra tiene bloqueado el acceso al diputado Alberto Garzón (Unidos Podemos) en otro bochornoso e inconcebible dislate en cualquier país de Europa: una cuenta oficial de un Ejército impidiendo el acceso de un diputado de su propio país (…)

Por tanto, es evidente que este desliz, por llamarlo de alguna forma, sólo es un episodio más de una realidad que muchos se niegan (de forma interesada y/o intencionada) a ver: las estructuras franquistas gozan de una espléndida salud tanto en nuestra sociedad como en nuestras Fuerzas Armadas.

Y tal cual. Es más que vergonzoso el hecho de que, por los intereses de un puñado de oligarcas, herederos del régimen dictatorial, y al ritmo de la samba orquestada por cuatro nostálgicos trasnochados, las instituciones estatales repitan una mamarrachada fascistoide tras otra. Sandeces que no sólo faltan el respeto al personal que, aún vivito y coleando, pulula por estas calles con más o menos lustro en el rostro. Sino que también faltan el respeto y la memoria de ese capitán de la Guardia Civil que asesinaron en Málaga los sublevados en febrero de 1937 por permanecer fiel a la república, y de esa señora que hoy es su hija. Y la del guardia de asalto que cumplía con su deber, o el oficial del ejército o el soldado que lucharon codo a codo con el miliciano contra los rebeldes. Y la de todas aquellas que consideramos que los cuerpos públicos no son, ni mucho menos, patrimonio del oligarca derechista, sino que son brazos operando para el cuerpo de la ciudadanía.

Por la arqueología sabemos que el fascismo nos lleva a la guerra, la tristeza y la muerte, y por la arqueología, por nosotras mismas y por este mundo no dejaremos que nos pisoteen sin luchar hasta el último aliento. Porque nosotras también sabemos que “la guerra es jodidamente triste porque inunda las calles de cadáveres… porque nos enseña que fuera del dinero y del poder, nada, ni aún la vida, importa”.

Magnífico Rector

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