Hoy es el día de Santa Helena, que excavaba que daba pena

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Santa Helena dirigiendo las excavaciones destinadas a encontrar la cruz de Jesucristo. A juzgar por la metodología empleada, en el siglo IV ya se excavaba mejor que los que hoy excavan contextos del siglo IV. Fuente: infovaticano.

La declaran patrona de los arqueólogos (los hombres, entiendo), hace una escarvasión para encontrar la cruz de Jesucristo y no es ni para hacer un triste análisis polínico en toda la secuencia. Menudo desastre. Será que a las “ciencias auxiliares” (guiño-guiño) suelen dedicarse ellas y por eso no es patrona de las arqueólogas. También es patrona “de los trabajadores de construcción, (…) de las personas convertidas al cristianismo, de los matrimonios difíciles, de las personas divorciadas, de las emperatrices, de los fabricantes de agujas y los de clavos” (al menos, según la página santaelena.info), lo cual hace que todo esto no tenga ningún sentido, puesto que las empresas de construcción no hacen muchas migas, necesariamente, con la gente de la arqueología. Y los fabricantes de clavos, pues tampoco.

Helena de Constantinopla (con o sin h, según la fuente) vivió entre los siglos III y IV d.C. (como es obvio, si fuesen a.C. no podría ser santa, compas). Fue emperatriz romana y su hijo Constantino Romero I fue el primer emperador en convertirse al cristianismo (en su lecho de muerte, eso sí, después de apurar las delicias del paganismo). Para que nos hagamos una idea, en aquel momento aquello fue como si un presidente del gobierno hoy se volviese anarquista: un lío. Eso no iba a acabar bien de ninguna de las maneras. En el Imperio Romano no había más que follones; las conquistas fueron cesando paulatinamente, las oligarquías inversoras no se animaban tanto a invertir, comenzaron a quebrar las cajas de ahorros y los bancos y del erario público salieron un montón de millones de sestercios (o lo que fuere) para tapar los agujeros. Tampoco hubo ganadores claros a las elecciones imperiales y se dieron multitud de pactos de gobierno: tetrarquías, triarquías, diarquías y hasta monoquías. Y para colmo, si ya era complejo que la ciudadanía se rascase el bolsillo con los impuestos, cuando el emperador se convierte al cristianismo el culto imperial pierde fuelle y ya no resulta tan creíble cobrar por ello. Para entendernos: como si el presidente de la CEOE comenzase a defraudar a Hacienda.

Pues bien, en este panorama tan complejo, y con todo lo que se le avecinaba al Imperio, Helena de Constantinopla toma las riendas de su propia vida y, como mujer madura e independiente, decide hacer lo que le viene en gana: se convierte al cristianismo (como su hijo) y decide dedicar su vida a hacer descubrimientos relacionados con el cristianismo (que es lo que le gustaba a su hijo).

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Helena con un disgusto enorme al enterarse de que no le publicaban su último paper en Journal of Roman Empire: Reports. Fuente: Pliniocorrea.

Es famosa por haber encontrado, supuestamente, la Vera Cruz, es decir, la cruz en la que crucificaron a Jesucristo, en Jerusalén (al menos esta vez no fue como el cadáver del apóstol Santiago, que apareció en Galicia) y también por ir por ahí construyendo iglesias a lo loco (motivada por una trama de especulación del suelo urdida por el PI -Partido Imperial). Según el libro diario de la intervención:

Las excavaciones resultaron con éxito. Aparecieron las tres cruces con gran júbilo de Helena. Sacadas a la luz, sólo resta ahora la grave dificultad de llegar a determinar aquella en la que estuvo clavado Jesús. Relatan que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una procesión solemne, con toda la veneración que el asunto requería, rezando plegarias y cantando salmodias, para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera mostrar la Vera Cruz. El milagro se produjo al ser colocada en sus parihuelas sobre la tercera de las cruces la pobre enferma que recuperó milagrosamente la salud.

Tres partes mandó hacer Helena de la Cruz. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma, donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.

La cruz llevaba allí casi 400 años enterrada y se había conservado; dice el análisis tafonómico del yacimiento que esto fue posible gracias a un entorno anaeróbico y a una baja acidez de los sedimentos. Lo que no aclaran los diarios es que hubo una cuarta parte de la cruz enviada a un laboratorio de dataciones, a pesar de que los resultados del radiocarbono no salieron nunca a la luz.

Vamos, que las miembras del GAS hoy no tenemos nada que celebrar. Que celebren Santa Helena quienes se dediquen a la Arqueología-ficción.

Magnífico Rector

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