“Gernika”, la película (o cómo hacer que el público desee una despiadada masacre)

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Dos carteles publicitarios de la “obra de arte” en cuestión (fuente: sensacine).

Vuelta al cole. Vuelta a las anodinas obligaciones del día a día. Vuelta a los cielos nubosos y las borrascas. El otoño llama a nuestra puerta. Así que, ¿qué mejor que entretenerse y aprender un rato en una acogedora sala de cine? Lamentablemente hay películas como la recién estrenada Gernika (Koldo Serra, 2016) que se oponen tan noble misión de domingo por la tarde. Y es que, esta peli, amigas y amigos, es capaz de sacar lo peor del sujeto medio provisto de un cerebro medianamente operativo. Durante su visionado, uno desea fervorosamente una terrible masacre… ¿La del bombardeo de Gernika? No. Hay otras víctimas que se le antojan a una entre arcada y arcada ante semejante producción. A continuación, una crítica de Gernika (con spoilers, claro). Total: podemos adelantaros que la peli es horrible y no merece la pena pagar la entrada por ella. Pero, veamos por qué.

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Gernika tras el bombardeo (fuente: euskonews)

Se trata de un hecho histórico de sobra conocido: el 26 de abril de 1937, aviones alemanes e italianos bombardearon intensamente esta pequeña ciudad vasca y la destruyeron casi por completo, así como a su población civil. Ya se sabe: la guerra moderna, Franco, su Ejército y una gruesa línea trazada entre el nosotros y el ellos que causó miles de muertos durante un conflicto de casi 3 años. El bombardeo de Gernika es uno de los episodios más célebres del siglo XX: uno de los primeros ataques de destrucción sistemática de la población civil, toda una demostración del poderío nazi como preludio de la Segunda Guerra Mundial y una masacre inmortalizada en una gran obra de Pablo Picasso como símbolo universal del pacifismo.

Otra de las claves en este hecho histórico es el de la manipulación que quiso imponer el agresor durante décadas. El Régimen de Franco negó la propia existencia del bombardeo -así como la participación alemana e italiana- y acusó a “dinamiteros e incendiarios” republicanos de ser ellos mismos quienes habían destruido Gernika. Esta fue la versión oficial del hecho. La hegemonía del poder, el terror y el control facilitan mucho que tu mentira se haga efectiva. En la posguerra, el servicio estatal de Regiones Devastadas reconstruyó Gernika -con mano de obra reclusa- y el Ayuntamiento -ahora bajo el poder de la derechista oligarquía local y autoritaria- nombró a Franco “hijo adoptivo” de la villa en agradecimiento por la reconstrucción del pueblo. ¡Olé ahí! Di que sí. Tras la dictadura, este bombardeo ha seguido siendo objeto de polémica y la historiografía neofranquista no duda en hablar del “mito de Guernica”, para así lanzar sus maquillajes de cifras y lecturas revisionistas.

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Guernica, obra de Picasso para el Pabellón de la República en la Exposición Universal de París de 1937 (fuente: museoreinasofia).

Este hecho ha sido tratado por parte del cine en diferentes ocasiones. La mayor parte de las veces, a través de documentales o producciones internacionales. En esta ocasión, el director vasco Koldo Serra, con una producción hispano-anglo-francesa, nos castiga ofrece una película sobre este hecho. En teoría, se trata de una ficción histórica que ofrece el bombardeo de Gernika como punto final a la trama. Hasta ahí de acuerdo. Hasta ahí.

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Rodaje de Gernika (fuente: elespañol)

El argumento básico es el siguiente. El periodista estadounidense Henry Howell -un trasunto del personaje real George Steer, corresponsal británico- es un tipo descreído y un antihéroe de libro: no cree en nada y la guerra poco menos que se la suda. Pero entonces conoce a Teresa, la-chica-necesaria-para-hacer-de-dama-en-este-bodrio-amoroso-clasicón-y-patriarcal, y además, la segunda al mando de la oficina de censura y prensa de la República en Bilbao. Poco a poco, el yanki empieza a darse cuenta de la crueldad de la guerra y de que tiene que comprometerse con… no-se-sabe-muy-bien-qué. ¿El amor de Teresa? ¿La piedad que le despierta ver a una niña con la cara quemada en un hospital vasco? ¿O con la exigencia de un guión escrito por mandriles alcoholizados?

En cualquier caso, el chico se va comprometiendo con “algo”. Pero, hay más problemas a parte de los (micro)dramas interiores del periodista. Y es que, el bando republicano está alarmantemente dominado por soviéticos, por los rojos, claro. El jefe de la oficina de prensa es un censor soviético -que además está enamorado de Teresa: ¡toma! ¡triángulo amoroso que te crió!- que está muy preocupado porque su hermano sufre las purgas de Stalin en la lejana y santa Rusia. Mientras tanto, el cónsul de la URSS en Bilbao corta el bacalao (al pil-pil, claro): tiene mando sobre soldados republicanos, va inventándose espías aquí y allá, ejecutándolos en los bosques e imponiendo su régimen de terror estalinista. Sólo le falta comerse a algún que otro crío, para así seguir los pasos del Camarada Líder a lo grande. Del Gobierno Vasco -órgano autónomo dentro de la República española que se hizo cargo del territorio vasco leal entre 1936 y 1937 y que en la práctica funcionaba casi con total independencia en todos los niveles de la administración…- ni una mención. Aquí todo lo manda y ordena Moscú. Esto sí que es cine sobre la Guerra Civil Old School.

Franco estaría orgulloso.

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Escena en la que vascos random linchan cruelmente a piloto alemán random (fuente: deia).

De hecho, de los 110 minutos de la cinta, nos pasamos casi todo este bodrio infra-argumental viendo atrocidades cometidas por agentes soviéticos. De forma absolutamente forzada e irracional, incluso nos regalan un giro argumental digno de estar escrito por alguien que se está meando y tiene que dejar escrito algo rápido y así pasar el trámite. Cuando la relación entre el reportero estadounidense y Teresa se fortalece, al censor soviético le entran muchos celos y tiende una trampa al bueno de Henry para que éste parezca un espía a ojos del malvado cónsul estalinista. Entonces, Teresa, esa bella-frágil-etcétera dama, se ofrece sacrificadamente y confiensa que ella es la espía, para que así su amado se libre de una ejecución segura. El censor detiene a su frustrado amor y la entrega a los republicanos para que la lleven a una checa, como “contrarrevolucionaria” que es.

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Típica (e innecesaria) ejecución de un periodista a manos de los típicos estalinistas de Bilbao. ¡Aupa Athletic! (fuente: fotogramas).

Sí, sí. Hemos dicho “checa” -que en la película se define claramente como “prisión soviética”– y hemos dicho “contrarrevolucionaria” -en el País Vasco republicano, en el que no hubo apenas ningún episodio revolucionario durante la guerra y aquél que los corresponsales internacionales definían como un “oasis” en comparación con la agitación de ciudades como Barcelona y Madrid. Pues bien, aquí pasamos por encima cualquier tipo de rigor histórico, porque hasta ahora ya nos hemos meado en las cuestiones siguientes:

  • El Gobierno Vasco -un ejecutivo autónomico de varios partidos políticos, pero con hegemonía del derechista y católico PNV- era el encargado de la prensa, la censura, el orden público y la justicia en el territorio. Un cónsul extranjero -por muy soviético que fuese- no tenía competencias ni poder para imponer sus paranoias tal y como aparece en la peli. Además, el cónsul soviético en Bilbao en aquel momento, Josef Tumanov -en quien parece basarse el personaje de la peli-, no tuvo ningún poder de ese tipo y no participó en ningún tipo de perspecución/purga al estilo estalinoide.
  • Bajo la hegemonía política del PNV, la situación política en la Euzkadi republicana fue de mantenimiento del orden burgués imperante hasta entonces. La empresa privada continuó funcionando, la Iglesia católica apenas fue atacada y la presencia soviética era ridícula. En cambio, en Gernika se nos da una imagen del país como tomado por la NKVD y el terror rojo, en el que imperan el silencio y la represión más absoluta.
  • Respecto a la presencia de asesores y diplomáticos soviéticos en Bilbao durante la guerra, contamos con algunos informes y testimonios interesantes, como el Informe Brusiloff (enlace con artículo sobre el mismo: aquí). En todos ellos básicamente se habla de su discreción, escasa influencia en los mandos republicanos y escueto papel como grupo asesor y suministrador de armamento. Parece que hablar de los soviéticos en la Guerra Civil en el País Vasco es, como mucho, hablar de un “lobby fallido” ya que su marco de actuación se limitaba a intentar intervenir en el Partido Comunista de Euzkadi, una fuerza muy minoritaria en aquella época.

Pero todo eso da igual. Esta película nos pinta un territorio totalmente controlado por el terror estalinista de una forma insultantemente absurda y casi propagandística. Una República como mero títere de la URSS -confirmando así el revisionismo franquistoide tipo Pío Moa y César Vidal- que comete atrocidades por doquier. La guerra apenas es el ruido de fondo de todo esto. Los militares franquistas no aparecen por ningún lado. Y los alemanes de la Legión Cóndor son técnicos eficientes del bombardeo y otras cosas del matar que, ocasionalmente -¡toma ya!-, parecen personajes ciertamente piadosos ante los abusos de Franco sobre la población civil.

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El malo malísimo y el jefe supremo de la República judeo-masónico-marxista: el cónsul ruso -veracidad histórica, pa’qué te quiero si tengo subvenciones pa’disfrutar (fuente: sensacine).

Como remate, ya hemos dicho que Teresa es acusada de ser poco menos que una “traidora a la Revolución” -¿qué revolución? eso da igual- y enviada a una “checa”. Y, ¿dónde sitúan esa horrorosa prisión soviética? Pues claro, en Gernika. ¡Toma ya! Se han sacado de la manga un espacio represivo inexistente y lo sitúan en todo un emblema por la paz en la memoria histórica de la guerra en el País Vasco. ¡Bum! ¡En tu cara rigor histórico-argumental! Este capricho de guión, claro está, genera imágenes grotescas, como la de cuando el periodista norteamericano, además de rescatar a Teresa, libera a los presos de la checa que han sido abandonados por parte de los republicanos que se refugian de las bombas. De esta forma, el bombardeo de la Legión Cóndor resulta ser la salvación para inocentes injustamente encarcelados por parte de los rojos.

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Teresa encerrada en la típica checa estalinista de Gernika (fuente: fotograma del trailer).

Mientras tanto, quien ve la peli cada vez siente más ganas de ver arder Gernika –ese Gernika- por varias razones. Para empezar, porque ese pueblo no tiene nada bueno, como por ejemplo una checa en la que los estalinistas torturan a gente inocente. En segundo lugar, porque para esas alturas de la película, una ya está más que harta de ver incongruencias argumentales e históricas por todas partes y como la escena del bombardeo es la última, pues eso: que acabe rápido el sufrimiento. Y en tercer lugar, porque uno desea que las llamas se extiendan y así toda la película desaparezca entre cenizas y que todo haya sido un mal sueño de Antonio Resines, por ejemplo.

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El lindakara Urkullu visita el rodaje de Gernika (fuente: irekia.euskadi).

Para acabar, cuando todo esto acaba te preguntas quién ha escrito semejante guión y por qué se ha invertido dinero público en una basura de estas proporciones -los sellos del Gobierno Vasco y la televisión autonómica como colaboradores del proyecto duelen en los más profundo de tu hígado contribuyente.

Seguramente Gernika sea una de las peores películas que se ha hecho sobre la Guerra Civil. No funciona como película por varias razones (algunas críticas sobre este aspecto aquí y aquí) y nos cuenta mentiras y caprichos ficticios innecesarios en casi todas las aproximaciones históricas que nos ofrece. Vamos, que verla fue una experiencia maravillosa para alguien que sólo quería entretenerse una tarde de domingo en este septiembre de vuelta a una alienante cotidianeidad. Eskerrik asko, Koldo Serra! Gracias por destruir mi humilde plan de coca-cola, palomitas y poco más. Tampoco pedía tanto…

Tubalen semea

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2 comentarios en ““Gernika”, la película (o cómo hacer que el público desee una despiadada masacre)

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