¡Viva la coñocracia! Bonobas, mansplainers, machistas biólogos, prehistoriadores y otros animales

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Grupo de bonobas en el parque Wamba de la República Democrática del Congo. Fuente: El País.

Para empezar, hacemos una primera declaración de intenciones: en el Grupo de Arqueología Social militamos un colectivo de arqueólogas feminazis con el fin de destruir absolutamente todo aquello que huela remotamente a heteropatriarcal. Luchamos por crear una arqueología veraz y feminista, que arrime el hombro para construir la igualdad y la justicia en el presente valiéndonos de las herramientas que empleamos para estudiar el pasado. Y hoy tenemos alguien meneando su falo arriba y abajo en nuestro punto de mira, inconsciente de que vamos a volarle la cabeza de un momento a otro de un disparo, ya que está demasiado centrado en su otra cabeza, la de su rabo, esa que dentro de unos instantes no le va a valer absolutamente para nada.

Vayamos por partes, queridas camaradas. Nuestro objetivo de hoy es el mansplainer biólogo, el número 1 de la lista del Top 7 de mansplainers de Barbijaputa (que no es sino una lista Top de enemigos de la igualdad, de partidarios del machismo más reaccionario y con piel de cordero, aunque a veces ni ellos mismos lo sepan). Copiamos y pegamos la definición de mansplaining de ese magnífico artículo de Barbijaputa (que a su vez lo copió de Wikipedia… no somos las únicas, jeje):

La palabra Mansplaining es un neologismo anglófono basado en la composición de las palabras hombre y explicar, que se define como “explicar algo a alguien, generalmente un hombre a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista.

Y a nuestro enemigo de hoy, el mansplainer biólogo, ella lo define así:

Da igual de qué tema trate el debate: techo de cristal, agresiones, tareas domésticas… este tipo de mansplainer lo justificará todo con la biología. Si nos agreden sexualmente es porque el impulso sexual que biológicamente tiene el hombre (así, tatuado en el ADN) es más fuerte que él. Suelen apostillar que lo mejor es ir tapada y no como un putón. Por supuesto, acto seguido se sacan a sí mismos de la ecuación, entiéndelos, no es que hablen de ellos, sino de los demás.

Si estáis debatiendo sobre que las mujeres no ascienden tanto como los hombres en el trabajo, el mansplainer te dirá que eso es porque nosotras, biológicamente, estamos más preparadas tanto para procrear como para cuidar de la procreación. Es como si la culpa del techo de cristal la tuviera nuestro útero. Fin de la conversación, es biológico, ¿qué puedes alegar tú? Nada. Admite tu derrota y vete a dar el biberón a algo o alguien.

Pues bien, en Prehistoria suele haber mucho de eso y un poco de todo más. ¿Por qué? Pues porque dada la ausencia generalizada de datos sobre cómo se organizaban las sociedades paleolíticas de cronologías muy antiguas, esto es, del Paleolítico Inferior, (Homo antecessor, Homo heidelbergensis y afines, los humanos que habitaron en los yacimientos de Atapuerca, por ejemplo -contamos algo de todo esto aquí) se tiende a hacer comparaciones con otros animales. Comparaciones que, demasiado a menudo, parecen sacadas de un tenderete que compró su material a una tienda de artículos defectuosos que estaba en liquidación por cierre. Comparaciones no pocas veces tergiversadas, aunque sea de manera inconsciente, que buscan perpetuar nuestro repugnante sistema opresor heteropatriarcal.

Te dirán que en “todas” las especies animales los machos pelean entre sí por las hembras. Ellos son los que, de uno u otro modo, vienen a “dar el paso” hacia el apareamiento (“¡ah, ya se sabe cómo es la testosterona!”). Que los machos son los que cazan porque, por supuesto, son físicamente más fuertes (“y no podemos llevar la contraria a la biología, eso es así”) y más agresivos (“son las cosas de la biología, eso está presente en todas las especies”). Y los que defienden a la manada, bandada o lo que sea, mientras las hembras son las que cuidan a la prole, claro está.

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Visión de la Prehistoria totalmente absurda e irreal que viene, en última instancia, a justificar las agresiones sexuales. Fuente: skyrock.

Este tipo de afirmaciones son falsas a dos niveles:

a) No existen paralelismos de nuestra sociedad heteropatriarcal en el resto de los animales. La idea generalista de que los machos de todas las especies cumplen una serie de roles distintos (defender el grupo, cazar, pelear por el apareamiento, etc.) de los de las hembras (cuidar la prole, “ser seducida” por el macho, ser pasiva sexualmente, etc.) es mentira. Esta concepción es un espejismo provocado por nuestro propio mundo falocrático. Existen animales que se organizan en patriarcados y matriarcados, de forma jerárquica e igualitaria. En no pocas especies de aves, como las psitácidas (loros, cotorras, periquitos…) las hembras suelen ser más grandes y de carácter más agresivo y territorial. Insectos como las hormigas o las abejas viven en grandes sociedades comandadas por la reina, una hembra reproductora. También son otras hembras las que trabajan y defienden a la comunidad. Algunos mamíferos, como las orcas, los elefantes o las hienas también viven en torno a la hembra alfa, que suele ser la miembra de más edad del grupo. En la mayor parte de las ocasiones, son las leonas quienes cazan, además de organizarse en ocasiones para ahuyentar a un macho indeseable. ¿Y en los primates, nuestros primos del reino animal? Algunas especies, como los gorilas, sí poseen estructuras patriarcales con un macho alfa dominante. Pero en otros casos, como en el de los bonobos (Pan paniscus), las hembras instauran regímenes matriarcales luchando juntas en contra de machos que puedan acosar a hembras jóvenes. Además, esta especie es conocida por vivir en una sociedad casi idílica que utiliza las relaciones sexuales (a menudo homosexuales) para aliviar tensiones. Por contra, el chimpancé común (Pan troglodytes) suele vivir en grupos patriarcales dominados por el macho más agresivo y violento. Sus riñas son muy frecuentes y en algunas ocasiones organizan luchas territoriales entre bandas que llegan a alcanzar el estatus de “guerras” que duran varios años, además de practicar eventualmente el canibalismo de las crías de grupos rivales.

Ambas especies, del género Pan, son las más cercanas al género Homo. ¿Adivináis qué especie es la más utilizada de las dos para ser comparada y extrapolarse su comportamiento y naturaleza hacia la nuestra? Bingo. La del chimpancé común. De esta forma no se busca otra cosa que naturalizar nuestro sistema heteropatriarcal asesino.

b) Los grupos humanos nos organizamos en función a construcciones culturales que rebasan nuestra dimensión biológica en numerosos aspectos. Los animales también tienen cierta cultura, es decir, una serie de conocimientos y de modos de actuar adquiridos (no son instintivos) que se transmiten, sobre todo, por imitación. Pero en los humanos esta cultura es mucho más potente y compleja.

La especie humana tiene cierto dimorfismo sexual, biológicamente hablando. Pero, a partir de ahí, cada sociedad se organiza de una manera diferente, según decide (o le es impuesto). Antes de la invasión colonial, los nativos americanos reconocían cinco géneros diferentes en su sociedad. Sin embargo, tradicionalmente, en las comunidades occidentales de tradición judeocristiana los géneros han sido sólo dos, marcados en función a una realidad genética pero, sobre todo, a una serie de roles que se asignaban a cada sexo. La percepción de esta estructura como “natural” e inmutable es uno de los pilares fundamentales del sistema heteropatriarcal.

Proyectar esta falsa realidad extrapolándola hacia el pasado no es sino asegurar el anclaje del heteropatriarcado en el presente y el futuro. Interpretar que el heteropatriarcado es, en mayor o menor medida, consustancial al ser humano, además de ser algo falso y carente de base argumental, nos hace caer en un espejismo pesimista en cuanto a la liberación de la mujer y, por ende, del ser humano. La igualdad no debería ser una estructura forzada y apuntalada a partir de las leyes; pueden ser las leyes, junto a la educación y a la democratización de los medios productivos, las que moldeen nuestra sociedad hacia la tolerancia y la verdadera equiparación.

Nosotras conformamos la sociedad. Nosotras la moldeamos. Y nosotras no queremos un sistema heteropatriarcal, injusto y asesino, ni ayer ni hoy. Y aquí y ahora, las arqueólogas tenemos mucho que decir. Una vez más, reclamamos la necesidad de construir una arqueología veraz y feminista.

Magnífico Rector

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6 comentarios en “¡Viva la coñocracia! Bonobas, mansplainers, machistas biólogos, prehistoriadores y otros animales

  1. Parece que la estrategia SEO del blog va muy bien ya que aparecéis en las búsquedas de Google; ahora seguro que estudiantes de todo el globo pueden usar vuestros artículos como fuente para sus prestigiosos trabajos. Veo que incluso disponéis de individuos abiertos y dispuestos a colaboraciones.

    ¡Enhorabuena! 😀

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  2. Creo que eres de lo peor que me he podido encontrar por internet. Andaba en búsqueda de información para hacer un trabajo.
    Doy gracias a que me he dado cuenta en el párrafo dos de que a gente como tú sí que habría que encerrarla en una piscina como buen residuo tóxico para que no infecte a la población cercana.
    Te dejo mi correo electrónico por aquí para que me chilles cuando quieras.
    Un saludo.

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  3. Pingback: El ser humano es violento porque va pedo y privatiza Kaláshnikovs (yo que sé tío XDXD) | Grupo Arqueología Social

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