Una santa abortista

Wu Ming está enfadada por vuestra falta de colaboración con el desarrollo del odio hacia el mundo que supone el GAS. Esperemos que rectifiquéis vuestra actitud o el  Líder se verá obligado a repartir panes sagrados a mansalva. Antes de recibir uno, nuestra compañera El Perro de Chulainn ya está haciendo méritos para ingresar en nuestra secta. Dos colaboraciones más y pasar la prueba de apaleamiento en trasero dolorido… con palas y estará lista. Hoy, nos habla de un caso único de una santa católica, apostólica, casi-romana y abortista.

En un país en el que el 90% de los colegios de primaria son propiedad y se gestionan bajo el control de la iglesia católica, ¿quién se iba a imaginar que el día de Santa Brígida, santa patrona de la católica Irlanda, pudiera ser motivo de celebración para quienes en la isla luchan por el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo? La culpa es de Cogitosus, un autor que allá por el siglo VII escribió una de las Vidas más famosas de esta santa. Cogitosus, que en el fondo era un hombre de mente abierta y fina ironía, narra un episodio que, hay quien dice, es de difícil interpretación. Yo, por mi parte, lo encuentro clarísimo, pero juzgad vosotras. En esencia, y lo cuento aquí abreviado –pero creedme cuando os digo que yo este texto lo he trabajado en un contexto académico, el mismo en el que tradujimos la versión en latín de La Internacional– ocurrió una vez que una mujer, habiendo roto su voto de castidad y habiéndose quedado embarazada, acudió a Brígida –que aún no era santa– para que la librara de su pena. Brígida la bendijo y, con la fuerza de su fe, hizo desaparecer el feto sin que la mujer diera a luz y sin dolor. Vamos, que le practicó el primer aborto documentado de la historia de Irlanda. Pero a lo mejor estoy sobreinterpretando…

En fin, saco hoy el tema porque a lo largo de los últimos días varias personas me han comentado su extrañeza ante la situación que se vive en estado irlandés en relación con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. El pasado 24 de septiembre miles de personas volvieron a marchar por las calles de Dublín para protestar contra la 8ª enmienda de la constitución, aprobada en el año 1983. Esta enmienda limita derecho al aborto a aquellos casos en los que haya riesgo de muerte para la madre. Ni siquiera el hecho de que el embarazo haya sido consecuencia de una violación, ni tampoco que el feto no sea viable, se consideran motivos suficientes: incluso en tales casos la madre está obligada a continuar con el proceso. “¿¡Cómo puede ser esta la situación en un país que hace año y medio aprobó en referéndum los matrimonios entre personas del mismo sexo!?”, me pregunta la gente desde fuera de Irlanda. Claro, es que les falta contexto. Para poder entenderlo hay que saber un poco más de qué clase de pesadilla foucaultiana está saliendo –y, por desgracia en muchos aspectos, tiende a olvidar– la sociedad irlandesa.

Si algún día estáis en Dublín y os dais un paseo por St Stephens Green es posible que os encontréis con un banco que tiene una pequeña placa que reza así:

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“To the women who worked in the Magdalene laundry institutions and to the children born to some members of those communities — reflect here upon their lives”. Fuente: http://www.magdalenelaundries.com/

Las lavanderías de la Magdalena –sí, en referencia la prostituta aquella que acompañaba a Jesús y tal– son una de las instituciones más… como decirlo… perversas de cuantas han existido en la Irlanda del siglo XX. Este tipo de instituciones, asociadas a órdenes de religiosas, empezaron a florecer allá por el siglo XVIII –desde 1765 en Irlanda– y se implantaron en otros lugares como Inglaterra y Escocia.

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Magdalen Asylum, Co. Cork. Fuente: http://www.abandonedireland.com

Se trataba de centros en los que se internaba a todas aquellas mujeres que los grupos de temerosos de dios que existían por aquellas tierras consideraban “perdidas”, una categoría que en la que se incluían desde a prostitutas hasta a madres solteras, muchas de ellas menores. Una vez internadas, se las obligaba a trabajar en las lavanderías. Muchas refieren la dureza del trabajo y las humillaciones constantes a las que estaban sometidas en estas instituciones. Se cuentan miles de mujeres solo para el siglo XX en Irlanda, de algunas de las cuales podéis encontrar testimonios aquí.

¿Quién las consideraba un peligro moral? Bien, ahí es cuando la cosa se complica, porque en esta historia no solo se vieron envueltos un puñado curas, monjas y fanáticos.Corría el año 1993 y a las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio les estaba yendo fatal en la bolsa –a dios rogando y con el mazo dando, pero de cotizaciones en el mercado de valores lo justo. Viéndose en la obligación de pagar sus deudas, las monjas decidieron vender unos terrenitos que tenían en High Park, en el norte de Dublín, justo donde ellas mismas gestionaban una de esas execrables lavanderías. Eran los años en los que el Tigre Celta comenzaba a rugir, especulación inmobiliaria mediante, así que había negocio y voluntad de construir. Lo que nadie se esperaba –salvo quizá las monjas– era que durante los trabajos para preparar aquel terreno para la construcción se encontrarían los cuerpos de 155 mujeres. Y aquello no era un cementerio al uso: de la muerte de muchas de ellas ni siquiera se había dado parte. Aquello era una auténtica fosa común destinada a esconder la cara más cruda de cuanto ocultaban los muros del convento y la lavandería.

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Fuentes antes de los drones… Fuente: http://www.childrenshomes.org.uk

Aquello fue el inicio de una batalla que se alargaría varios años y que aún no ha terminado. No fue hasta el año 1996 cuando se cerró la última de estas lavanderías. A día de hoy sigue la lucha por recuperar la memoria de estas mujeres, exigir el reconocimiento de responsabilidades y reclamar las compensaciones económicas que los culpables –órdenes religiosas y estado– deberían pagar a las víctimas. No fue hasta el año 2013, tras una importante campaña de presión, cuando el estado irlandés, por boca de un desganado primer ministro, reconoció que habíacontribuido activamente con estas instituciones.

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Memoria efímera. Fuente: http://womensenews.org

Esta batalla por la memoria es una batalla trágica que parece condenada a formas efímeras de reivindicación y conmemoración. El convento que albergó la última de aquellas lavanderías que se cerró, ubicado en la calle Sean McDermott, terminó en manos del ayuntamiento –a estas alturas, del acuerdoque se alcanzó con las monjas que lo ocupaban ya no quiero ni hablar. Hace un par de años, el edificio, que algunas de las víctimas querían ver convertido un museo que guardara memoria de este atroz sistema, esperaba a que el mercado de la vivienda mejorara para verse convertido en un bloque de apartamentos. Lo que comenzó con un pinchazo en la bolsa y con el auge del mercado inmobiliario corre el riesgo de verse sepultado bajo los escombros de la recuperación económica: el conocimiento de los horrores que escondían estas instituciones y la lucha por recuperar la historia y mantener la memoria de las miles de mujeres cuyos derechos fueron sistemáticamente violados es carne de la especulación.

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El convento de Sean McDermott Street, Dublín. Fuente: http://www.thejournal.ie/

Esta es solo una pieza más de un terrible rompecabezas, pero creo que ayuda a explicarque una parte de los grupos políticos irlandeses, la iglesia católica y un importante sector de la sociedad irlandesa se aferren con uñas y dientes a la 8ª enmienda. Como serán las cosas queen Irlanda casi habría que considerar como positivo que un alto porcentaje de la población piense que es deseable ampliar los supuestos –casos de violaciones y malformaciones en el feto– en los que se contemplaría el derecho al aborto. Esto, en fin, es una muestra más de hasta qué punto el espectro político ha estado condicionado por los sectores más reaccionarios. Así que no, en definitiva no ha de extrañarnos que en esta isla se pueda caer en la tentación de rezar fervorosamente a Santa Brígida por un aborto libre, seguro y gratuito.

El Perro de Chulainn

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