¿El fin de la lucha? Un museo de la clase obrera y un futbolín

img_20160315_192310

Materialidades del ¿fin de una era? (fuente: elaboración propia).

¡El Fin de la Historia! Y tal y tal… Hoy, en el GAS, la clase obrera como “objeto de museo”. Reflexiones y comentarios de una visita al barrio de Zaramaga (Vitoria-Gasteiz) y los sucesos del 3 de marzo de 1976. Pasen y vean: historia de una especie desaparecida. ¿El/La Neanderthalensis? No. El “Proletariado”.

img_20160315_181912

Impresionante mural en recuerdo al 3 de marzo, en Zaramaga (fuente: propia).

En el GAS ya nos hemos hecho eco alguna vez del vitoriano barrio de Zaramaga, en el que tuvo lugar la masacre del 3 de marzo de 1976. Incluso, el compañero Teje escribió una “Arqueología del 3 de marzo” (aquí y aquí). Aquel día, Fraga y Martín-Villa (y otros sirvientes del aparato de la Dictadura), como representantes del Franquismo-sin-Franco, se cubrieron de gloria: 5 trabajadores fueron asesinados por la policía y hubo decenas de heridos y heridas, evidenciando que las cosas cambiarían poco tras la muerte del Caudillísimo. Desde hace décadas, la Asociación Martxoak 3 alza su voz para protestar por la impunidad de aquel crimen. Su lucha tiene varios frentes, como el judicial (con la Querella argentina), el político (con el trabajo con sindícatos y agrupaciones) y el cultural (con medidas en clave de Memoria), que es en el que nos centraremos ahora.

img-hechos2

Protestas obreras de 1976 en Zaramaga (fuente: Martxoak 3).

img-hechos3

Materialidad efímera de la masacre (fuente: Martxoak 3).

El 3 de Marzo, como referente, ha vivido diferentes procesos de memorialización. Aquel mismo día de 1976, en el lugar en el que cayó abatida la primera víctima por el fuego policial (Pedro María Mtz. de Ocio), con la sangre aún fresca del asesinato, alguien escribió “JUSTICIA” en el adoquinado de la calle.

3dmarzo

La sangre de Mtz. de Ocio clamando Justicia (fuente: Gasteiz Hoy).

Se trató de un acto clandestino y efímero, en una ciudad tomada por la policía y con un Régimen que quería acabar con toda protesta obrera. Y es que, hay que subrayarlo, tras una industrialización aceleradísima, Vitoria era una ciudad eminentemente obrera (y también extremeña, castellana, andaluza, gallega, riojana…). Igualmente clandestinos fueron otros gestos e hitos que homenajearon aquellos hechos los años siguientes. Varias placas fueron colocadas aquí. “Alguien” las quitaba. Finalmente, en los años 80, trabajadores de Forjas Alavesas, compañeros de Mtz. de Ocio, hicieron una escultura metálica con forma de puño y la colocaron en ese mismo lugar. Esta obra, de materiales imperecederos, perdura hasta la actualidad. Aquí se celebran los homenajes anuales y este año, el 3 de marzo de 2016, con el 40 aniversario, miles de personas se reunieron otra vez.

12794664_218693705152137_1660269864837074482_o

Monumento a las víctimas del 3 de marzo (fuente: propia).

Pero, al hilo de ese 40 aniversario, la Asociación Martxoak 3, lleva meses ofreciendo un tour muy interesante por el barrio. 5 obras de arte elaboradas por 5 artistas sirven como paradas en una visita guiada por el Memorial del 3 de Marzo (más info. aquí), en la que una audioguía nos sitúa en el contexto de 1976 de “aquella Vitoria obrera”. El texto que escuchamos es obra del escritor Juan Ibarrondo (audio-narración: aquí).

m3m-02

Visita guiada de la Asociación Martxoak 3 (fuente: Martxoak 3).

img_20160315_183714

Héroes, obra de Verónica Werckmeister (fuente: propia).

En la audioguía nos cuentan cómo era el barrio de Zaramaga en aquella época (un barrio obrero, con miles de familias jóvenes, muchas de ellas emigradas desde el campo) y cómo es en la actualidad (un espacio envejecido, cada vez más olvidado y despoblado). Además, nos hablan del movimiento de clase de los años 70: la huelga en la Michelin de 1972, la lucha de las mujeres organizadas y las protestas de bolsas vacías…

img_20160315_185750

La fuerza de las mujeres, obra de Irantzu Lekue (fuente: propia).

Sin embargo, todo parece sonar como un eco muy lejano. No porque el texto no nos meta en situación. Sino porque la materialidad que se vive en la visita puede ser descorazonadora. Por ejemplo, hay una obra que nos habla de los sacrificios de la lucha obrera: se trata de una especie de pancarta, con buzos azules entrelazados por gotas de sangre. La audioguía nos sitúa muy bien, pero tras esta obra, el titánico Centro Comercial Boulevard se levanta incólume y parece querer demostrarnos que ya no estamos en ese pasado de fábricas, humos y lucha social. Ahora el Zara ha ocupado el lugar de Forjas Alavesas. Del proletario a la precaria.

img_20160315_184457

Solidaridad, obra de Txaro Arrazola (fuente: propia).

Hay un momento estelar en la visita guiada, ya casi al final, que es la visita al Bar Ron, la “típica tasca de barrio”. Nos cuentan con tono épico que, en la hora del almuerzo, los obreros venían aquí y se tomaban un Urtain: un combinado de panceta, huevos, chorizo y lo que se tercie fuera-de-todo-veganismo-cool. Ahora el bar sigue recibiendo a sus parroquianos, aunque ya casi no se trata de currantes en la hora del bocata.

img_20160315_190302

Bar Ron, museo vivo de la clase obrera (fuente: propia).

La Asociación Martxoak 3 nos ofrece pasar a un semi-sótano del bar, en cuyas paredes vemos prensa y propaganda de las luchas políticas de los años 70. Junto a decenas de pegatinas de diferentes organizaciones maoístas, trotskistas, abertzales, ecologistas, maricas, anti-nucleares, leninistas, anticapitalistas (“a secas”), antirracistas, etc., tenemos a los jubilados jugando al mus.

13434738_10209251795322852_5829587350586311527_n

Recortes (de prensa y propaganda) (fuente: Judith Romero).

Cuando me paro a observar una foto de la huelga de la Michelin de 1972, uno de ellos, con su bigote y gafas todavía un poco ancladas en aquella época, me dice que él sale ahí: “apenas tenía 17 años, pero ahí estaba, haciendo ruedas, pero ese día, de huelga”. Dice esto casi sin levantar la mirada de las cartas. Envido. Ya no hay buzos azules. Lo que tenemos es a una cuadrilla con sus historias y recuerdos. La clase obrera parece un objeto de exposición, una reliquia de tiempos pasados.

img_20160315_191529

Turismo de la clase obrera en el museo-bar Ron (fuente: propia).

Al fondo de la sala, hay un futbolín. Las figuritas representan a mujeres, cada una de ellas con sus rasgos propios. No hay una figura igual a otra. Se trata de una “obra de arte”, pero en esta obra se puede jugar. Algo raro en una obra de arte. Se representa un partido de fútbol disputado entre mujeres huelguistas y compañeras de obreros en huelga. El invierno de 1976, con las protestas y la escasez de productos e ingresos, estaba siendo duro. La caja de resistencia iba agotándose, así que, qué mejor que organizar un partido solidario cobrando entrada. Como en la canción etílica: el resultado nos da igual…

Tal vez, barrios como Zaramaga puedan parecernos los escaparates de una clase obrera envejecida y olvidada, pero la memoria nos es útil. El juego continúa. No importa qué equipo elijas en este futbolín, porque cada chute significa aporrear el horror del Franquismo y su oligarquía todavía hegemónica. Las bolas tienen el rostro de Fraga. Apunta y dispara. Cada gol cuenta.

img_20160315_192057

Un gol cuenta, obra de Martal Gil Estremiana (fuente: propia).

Soyuz Gorri

Anuncios

Un comentario en “¿El fin de la lucha? Un museo de la clase obrera y un futbolín

  1. Pingback: Violentos y demócratas: cómo fue el paseo por la “movida vasca” en Vitoria-Gasteiz | Grupo Arqueología Social

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s