“Por una joven arqueología crítica”

jia-critico

Hoy, en el GAS, os traemos un manifiesto titulado “Por una arqueología joven crítica”, redactado y firmado por miembros (y exmiembros) del Comité Científico de las Jornadas de Jóvenes en Investigación Arqueológica (JIA), que reivindica la apertura de un debate sobre nuestros vicios y beneficios adquiridos, en esta nuestra “joven Academia”. Adónde vamos, de dónde venimos y por qué derroteros nos estamos dejando llevar… Adjuntamos el enlace a Change.org. ¡Ahora y siempre: por una arqueología joven crítica!

Las personas abajo firmantes exponemos este manifiesto a raíz de la deriva que en los últimos años han tomado las Jornadas de Jóvenes en Investigación Arqueológica (JIA) y aprovechando el décimo aniversario del, sin duda, más importante encuentro de jóvenes investigadores/as en Arqueología de la Península Ibérica. Lo hacemos en este momento tras el lanzamiento de la convocatoria de las X JIA-Burgos, pues pensamos es la ocasión adecuada para abrir un debate sobre algunas ideas que deben ser debatidas antes del envío de las propuestas de sesiones que conformarán las jornadas en junio de 2017. Su objetivo es puramente polemista, esto es, generar un debate abierto en torno a una serie de ideas para contribuir de alguna manera a su puesta al día y a su mejora como proyecto. De esto se deriva, en primer lugar, que lo hacemos desde la única intención de generar discusión y propiciar reflexiones colectivas; lo hacemos desde el mayor respeto hacia todas aquellas personas que hemos contribuido a la realización de las JIA. En segundo lugar, y pese a que la mayoría de los/as abajo firmantes no estamos activamente involucrados en las JIA desde sus últimas ediciones, creemos necesario no desentendernos de un ilusionante proyecto en el que hemos creído con pasión, participado activamente en su lanzamiento y desarrollo, y que hoy más que nunca sigue siendo necesario.

Retomamos las palabras que, de manera reiterada, se han venido publicando en las diversas convocatorias oficiales de estas jornadas: “Los encuentros de Jóvenes en Investigación Arqueológica (JIA) son eventos científicos que  tienen como objetivo fomentar la discusión, el contacto y la puesta al día en las investigaciones entre aquellas personas que nos dedicamos a la arqueología y aún no hemos leído la Tesis Doctoral”. Igualmente se puede leer que las JIA son “un espacio de cuestionamiento y de crítica, de deconstrucción y desnaturalización de lo que viene dado; de aquello que parece simple y “natural” y, en cambio, se construye bajo parámetros complejos y determinantes. Creemos que, más que nunca, una crítica en este sentido es necesaria para ofrecer respuestas sociales desde la Arqueología como ciencia social”.

El espíritu de las JIA, desde su nacimiento, fue la creación de un espacio de crítica, de fomento del debate, de puesta en común de los proyectos de investigación de los/as jóvenes investigadores/as en Arqueología EN CONTRAPOSICIÓN a una determinada manera de comprender la Academia. Una Academia que, se entendía, parte de unas relaciones de saber-poder que normalizan una forma de estar en el mundo por parte de los/as científicos sociales; que es acrítica con respecto a los problemas teóricos derivados del estudio de la cultura material, falsamente apolítica y neutral en relación con los problemas sociales contemporáneos, y poco consciente de los problemas políticos y comunitarios derivados de la propia práctica de la Arqueología. Una Academia que, precisamente, genera sus propios espacios de debate en congresos que asumen y reproducen este formato de Arqueología. En este sentido, las JIA pretendían ser un espacio alternativo, crítico y en los márgenes de la Academia (o al menos a una forma de entenderla) dado que, como reproductora de unas redes de poder determinadas, monopolizadora del capital científico y de un gran capital económico, disponía de espacios propios en los que desarrollar sus jornadas y congresos. Por ello, las JIA nacieron como un espacio de contra-poder y, por ello también, era necesario hacerlas de forma independiente a los canales normalizadores de la Academia de forma que se evitara la asunción y reproducción de esas relaciones de poder.

Sin embargo, lo que fue aquel espíritu original se ha ido perdiendo y pervirtiendo a medida que las JIA como proyecto evolucionaban. No nos equivoquemos, debemos de reconocer en forma de autocrítica que la puesta en práctica de aquel proyecto no tuvo todos los resultados esperados en gran medida por nuestra propia responsabilidad. También es necesario que un proyecto madure y se transforme con el tiempo porque si no corre el riesgo de que se anquilose. No pretendemos ni deseamos que aquel proyecto inicial se mantuviese estático. Pero estos cambios no deben de suponer la perversión de los propósitos iniciales del mismo, su “espíritu”, dado que entonces ya se transmutaría la propia ontología del proyecto; ya no serían las JIA, serían otra cosa. Lamentablemente, creemos que en las últimas ediciones, las JIA han derivado, poco a poco, en otra cosa. Aquel espíritu se sintetizaba en el decálogo de las JIA, cuyos dos primeros puntos dicen:

“1) Las JIA son un evento científico realizado por y para l@s jóvenes investigador@s en Arqueología, entendiendo como tal a quienes no hayan leído su tesis doctoral. Esto incluye tanto al Comité Científico como al Comité Organizador, a l@s coordinador@s y a l@s ponentes

2) El debate en Arqueología será el eje ideológico y estructural de las JIA. Las sesiones deberán estar enfocadas hacia la discusión o el debate sobre los temas planteados en sesiones y mesas redondas. Este tipo de contenidos prevalecerán siempre sobre las meras presentaciones de datos”.

Consideramos que progresivamente se ha ido perdiendo este espíritu inicial de las JIA y que se corre el riesgo de convertir este encuentro en uno más de tantos otros. Principalmente consideramos que se están perdiendo tres elementos fundamentales en el desarrollo de las JIA:

1) La pérdida de un entorno crítico de debate horizontal entre jóvenes investigadores en arqueología. Esto es especialmente visible en el tipo de sesiones y temáticas que de forma continuada se han ido aceptando y promoviendo en distintas ediciones de las JIA. En ellas predomina una arqueología empírica y positivista en contraposición a una arqueología de tipo crítico que parta del análisis de la cultura material. El carácter de discusión teórica de las JIA, que incorporaba las nuevas tendencias a nivel mundial dentro del ámbito de las arqueologías críticas, está desapareciendo progresivamente edición tras edición. Creemos que tanto el Comité Organizador de cada edición como el Comité Científico deben ser los valedores de que las temáticas y aportaciones sean respetuosas con ese espíritu original de las JIA.

2) La asimilación a un congreso-tipo normalizador. El tipo de jornadas desarrolladas a partir de las primeras ediciones y sobre todo con el punto de inflexión que supusieron las V JIA en Santiago de Compostela han ido derivando en un congreso-tipo del que las JIA pretendían diferenciarse. Poco a poco, los tiempos y los espacios para el debate abierto y el aprendizaje colectivo ceden terreno a la mera presentación de comunicaciones: es el triunfo del típico y aséptico formato del ‘tell & go’ (ir, soltar la comunicación y marchar). Jornadas con un número enorme de sesiones y comunicantes, basadas en la ponencia/comunicación tradicional, en las que el debate está ausente, frente a mesas redondas y otros espacios para la reflexión colectiva. Frente a la norma común en el panorama científico, las JIA deben mantener su originalidad. En esta línea, las últimas ediciones reflejan un interés por el crecimiento de los números (de sesiones, participantes, mesas, asistentes…) frente a la profundidad de los debates y los meros objetivos de aprendizaje compartido por parte de las personas asistentes y participantes.

3) La normalización académica y la independencia con respecto a la Academia. Desde hace algunas ediciones observamos con preocupación que algunas cuestiones garantes de la independencia con respecto a los cauces de la Academia, como la no admisión y participación de doctores, la falta de una mínima seriedad a la hora de publicar las actas, y la preocupación por asegurar la presencia de debates en las jornadas no están siendo cuidadas. Frente a ello, abundan actos institucionales con presencia de personalidades académicas o públicas ajenas a la joven investigación que subordinan el protagonismo de los/as jóvenes investigadores/as e inciden en la normalización académica de unas jornadas que, precisamente, se crearon como una forma de combatirla, empoderando a las futuras generaciones de investigadores/as.

Igualmente, la censura parcial o total para el uso de cualquier idioma durante las jornadas, como se ha producido en ciertas ediciones en el pasado, es una muestra de la colonización de la Academia por parte de los Estados-nación que no se puede permitir. Somos firmes defensores/as de la protección y uso de las lenguas propias de la Península Ibérica como vía cultural de expresión y como vehículo de transmisión de las diversas miradas de la joven comunidad investigadora de las Arqueologías ibéricas.

Es por ello que afirmamos que, dada la necesidad social de una arqueología y una ciencia social crítica y políticamente situada, es necesario ahora más que nunca recuperar ese espíritu inicial de las JIA. En este sentido, creemos que habría que hacer un esfuerzo colectivo entre los y las jóvenes investigadoras en arqueología para fomentar de nuevo formatos basados en mesas redondas y debates frente a la dinámica de exposición/preguntas concretas típica de los congresos-tipo académicos. Así mismo, se debería apostar fuertemente por una independencia académica y retomar la prohibición a los/as doctores para participar directamente en la organización y desarrollo del congreso; lo que obviamente no quiere decir impedir su participación de alguna manera en los debates. Por último, se deberían evitar actos académicos performativos con personalidades académicas  o políticas con objetivos puramente institucionales para potenciar la visibilidad y el protagonismo de las y los jóvenes investigadores en arqueología.

El hecho de que en 2017 se celebre el décimo aniversario de estas jornadas demuestra su validez y éxito como espacio crítico de debate. Ese éxito es el que confiamos puedan mantener las JIA para las futuras generaciones de profesionales de la Arqueología en el ámbito ibérico. Para todas nosotras y nosotros, las JIA constituyeron momentos clave en nuestra formación, y de ellos guardamos recuerdos, memorias y amistades que han sido centrales en nuestro posterior desarrollo investigador. Queremos reiterar que el presente manifiesto no pretende ser ni un discurso monolítico y paternalista, ni un monólogo incontestable. Simplemente esperamos que pueda servir de punto de reflexión y apertura de un debate sobre las jornadas que, por el espíritu por el que nacieron, creemos son más necesarias que nunca si queremos hacer de la (joven) arqueología una ciencia significativamente útil para la sociedad en el contexto contemporáneo, y que sea asimismo capaz de re-plantear las problemáticas sociales de las que, como profesionales y personas, no debemos ser ajenas. Reiteramos igualmente el absoluto respeto y admiración por todas aquellas personas que con su esfuerzo están contribuyendo a que el ilusionante proyecto de las JIA continúe caminando, este año en Burgos, donde deseamos, esperamos y sabemos que tendrá un gran éxito.

Como dijo Eduardo Galeano, “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Jaime Almansa Sánchez, Arnau Barquer, Edgard Camarós, Gerard Cantoni, Gemma Cardona, Cristina Charro Lobato, Adri Cubo, Elicina Ferro, João Fonte, Abel Gallego, Núria Gallego, María Gelabert, Xavi Gonzalo, David García, David García Casas, David González Álvarez, Clara Hernando Álvarez, Sandra Lozano Rubio, Beatriz Marín Aguilera, Carlos Marín Suárez, Alba Masclans, Lorena Merlos, Adriana Molina, Joan Negre, Jordi Revelles, Jesús Rodríguez Hernández, Mayca Rojo Ariza, Manuel Sánchez-Elipe Lorente, José M. Señorán Martín, Pau Sureda Torres, Carlos Tejerizo García, Jorge de Torres.

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