Juerga, alcohol y arqueología procesual… ¿quién da más?

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Feria de San Lucas en Jaén: el escenario

Artefactos, ecofactos y muchos estupefacientes. ¡El poder de Binford te obliga! La Universidad de Jaén ya molaba antes de que fuese mainstream, y es que, en los grises 1990’s ya deslumbró al panorama arquehólico con una gran obra, Arqueólogos en la feria (1997): un estudio arqueológico de la Feria de San Lucasoseasé, ¡un riguroso estudio de la juerga contemporánea! ¡Arquehólicas del mundo, uníos! No estáis solas… Hoy, en el GAS: alcohol, desfase y algunos toques de procesualismo del güeno.

 Uno de mis manuales de cabecera de la carrera de Historia, Teoría arqueológica: Una introducción de Matthew Johnson (2000), habla de la Arqueología Procesual (o New Archaeology o Arqueología de Sistemas o llámalo X) y entonces menciona un concepto que Lewis Binford puso sobre la mesa en los años 70 y que me parece bastante chulo: la Teoría de Alcance Medio. La pregunta básica que se quería plantear con esta teoría es la siguiente:

¿Cómo es posible conocer las realidades dinámicas de las sociedades del pasado mediante el registro arqueológico que es básicamente un conjunto material estático?

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Esquema de la Teoría de alcance medio (expoliado del libro de Johnson 2000: 73).

En definitiva, el bueno de Binford planteaba cómo era posible que la Arqueología nos ofreciese un conocimiento del pasado a través de aquello-que-nos-queda-en-el-presente. El “alcance medio” sería el espacio intermedio entre ese “pasado dinámico” y ese “presente estático” que palpamos las arquehólicas del oi! hoy y ahora. Con ese planteamiento se vivió cierto auge de la Etnoarqueología (estudios sobre la cultura material del presente), se establecieron analogías entre culturas actuales y pasadas (ocasionalmente con cierto evolucionismo colonial como bandera) y se profundizó en el conocimiento de los “procesos tafonómicos de conformación del registro arqueológico”. ¡Toma ya con el concepto! Como para decirlo de juerga en el bar y hacerte el amo de la fiesta…

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Arqueólogos en la feria: el libro.

 Parece que ese conocimiento de los procesos de abandono y ruina que conforman aquello que encontramos cuando excavamos fue el punto de partida del proyecto que os traemos hoy. El libro Arqueólogos en la feria recoge los trabajos arqueológicos realizados por la Universidad de Jaén en dos ediciones de la feria de San Lucas, en 1991 y 1992.  Analizaron las casetas mientras se usaban durante la juerga y, después, tras la feria, para analizar así, mediante un estudio arqueológico exhaustivo, cómo de representativo puede ser el registro estático del presente acerca de unos hechos pasados. El conjunto compuesto por basura, restos de droja, manchas de líquidos putrefactos y demás mierdecillas era estudiado para aproximarse a una realidad ya inexistente: la parranda.

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(Fuente: Arqueólogos en la feria).

El “horizonte 0” es uno de los términos empleados para hablar del momento de deposición de un objeto. De ese instante en el que un elemento material deja de formar parte de la dinámica social -la fiestuki– y pasa a ser un desecho, un ente carente de funcionalidad primaria.

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(Fuente: Arqueólogos en la feria).

En este estudio se realizó también un análisis microespacial de los hallazgos, para poder conocer mejor la “representatividad” de los restos arqueológicos en la espacialidad de la feria: áreas de servicio, áreas de consumo, acumulaciones de materiales según tipología, etc. Además, y como buen ejercicio arqueológico muy empírico y muy apegado a los datos, se realizaron análisis químicos de algunos estratos para determinar qué clase de sustancias se encontraban en ellos. Por ejemplo, se delimitaron manchas de combustible asociadas a los generadores de electricidad.

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(Fuente: Arqueólogos en la feria)

Incluso hubo lugar para la “consulta de fuentes escritas” como las anotaciones de los camareros, los recibos de compra o la escaleta de canciones de la verbena que amenizaba la fiesta.

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(Fuente: Arqueólogos en la feria)

 En algunos aspectos, este curro tan chu-chu-chuli de la Universidad de Jaén puede recordarnos a la “Arqueología de la Basura” de William Rathje en EEUU: un estudio de lo que desecha nuestro mundo contemporáneo. Además, desde una óptica positivista y eminetemente empírica, estos estudios también nos hablan de cómo funciona nuestra propia metodología de trabajo y cómo podemos conocer nuestro objeto de estudio. Si bien es verdad que en este libro se echa en falta profundizar algo más en el contexto “histórico” del proyecto: la propia feria y su desarrollo, las dinámicas observadas durante el transcurso de la misma (para así compararlas mejor con el registro posterior) o algunas de las implicaciones del propio trabajo.

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Imagen de la feria de San Lucas de Jaén (fuente: no-me-acuerdo-ahora-mismo).

Por ejemplo, se menciona que un empresario adjudicatario de la concensión de la caseta se negó a hablar con el equipo arqueológico por miedo a que fuesen inspectores de Hacienda. Esto nos muestra hasta qué punto el hecho de analizar lo material puede percibirse como peligroso o preocupante por parte de quien tiene algo que esconder para no poner en riesgo su posición de privilegio. Estas implicaciones genuinamente políticas de este proyecto no se ven reflejadas en el libro y eso es una pena.

En cualquier caso, es un librito muy interesante que, como diría el compi Max, merece echarle un ojete.

Soyuz Gorri

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3 comentarios en “Juerga, alcohol y arqueología procesual… ¿quién da más?

  1. Genial apunte, El Arque(er)ólogo. Buena demostración de la capacidad de la Arqueología de generar conocimiento crítico y “útil” (hasta desde un punto de vista puramente funcionalista) y políticamente “relevante”. ¡Como pa’darse con un canto en los dientes, vaya!

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  2. En la carrera oí que el estudio se hizo, en parte, porque el ayuntamiento de Jaén quería reducir el presupuesto destinado a las labores arqueológicas porque argumentaban que la arqueología era algo que “servía de poco”. Para hacerles entender que el estudio de la materialidad revela muchas cosas, les arqueólogues del estudio analizaron la feria, sin haber asistido a ella previamente, y mostraron con muchísima precisión tanto el uso de los espacios como las prácticas que se habían llevado a cabo. Descubrieron incluso que, a partir de media noche, la empresa de catering contratada oficialmente por el ayuntamiento dejó de funcionar y empezaron a aparecer tickets de otra empresa privada que no constaba en la organización de las fiestas municipales, cuyos responsables tenían “curiosas” relaciones con la cúpula del consistorio… Finalmente el presupuesto destinado a la arqueología no se redujo ese año 😀

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