Yolocaust o cuánto banalizamos la materialidad del conflicto.

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Así de imbéciles parecemos sólo con cambiar la perspectiva.

Que como turistas somos una auténtica panda de ridículas no es ninguna novedad, no hace falta más que darse un paseo por la Torre de Pisa para ver a toda una horda de turistas haciendo el canelo.

Pero bueno, una cosa es que nos dé rabia y ganas de pelea física, y otra muy diferente que te vayas a poner a dar la tabarra a diestro y siniestro. Sin embargo, no todos los espacios monumentales o todo el Bien Común tiene la misma naturaleza, o la misma cercanía respecto a nosotras como sociedad. Algunos de ellos representan momentos que han causado un gran impacto en todas nosotras, y una de ellas son los campos de concentración, especialmente famosos los creados por el nazismo (aunque a veces se nos olvida que tenemos unos cuantos a nuestro alrededor, y hoy en día son básicamente la nada más absoluta).

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El campo de concentración franquista de Castuera, octubre 2016. Fuente: Brandine Von Mierder acompañada de Soyuz y Biosbardo entre otros, en un irrespirable día de calor.

Hace tiempo nos escandalizábamos todas con el selfie de una joven sonriente en Auschwitz, tanto por la falta de empatía que esto supone, como porque deja en evidencia la forma en la que nos relacionamos con el Bien Común resultado de la Segunda Guerra Mundial. ¿Hacemos bien nuestro trabajo (no sólo como “profesionales del patrimonio”, también como sociedad) cuando existe esta desconexión entre los visitantes y espacios en el que hace unas décadas fueron ejecutadas y hacinadas cantidades brutales de personas? Esto pasa en Auschwitz, que es el nombre que a todas se nos viene a la cabeza cuando pensamos en campos de concentración, y es lógico, en mi opinión, que nos escandalice, porque bueno, si alguien se hace un selfie en el puente desde el que los romanos tiraban las cabezas de blablabla, puesto que entendemos que existe una desconexión cronológica y cultural. Pero, ¿hay vida más allá de Auschwitz?

Pues parece ser que sí, y es eso precisamente lo que ha denunciado el artista israelí Shahak Shapira de una forma de lo más impactante (y muy del estilo Wu Ming, que no digo GAS por no herir sensibilidades). Este artista, residente en Berlín, lleva a cabo un proyecto en el que crea montajes a partir de las fotografías que los turistas se sacan en el Memorial del Holocausto de Berlín.

El Monumento del Holocausto de Berlín recibe medio millón de visitas al año. Cuando lo creó, el arquitecto Peter Eisenman tenía una idea clara en mente de lo que a él le inspiraba el recuerdo a los judíos de Europa asesinados por los nazis.

Pasear por este laberinto de 2.711 columnas de hormigón, repartidas en 19.000 metros cuadrados en pleno centro de Berlín, puede reproducir la sensación de aislamiento y falta de orientación que sufrieron las víctimas de los campos de concentración.

El arquitecto estadounidense de origen judío quiso subvertir el carácter funerario de monumentos similares, creando un lugar de silencio pero sin nombres de fallecidos, que solo se muestran en el museo subterráneo anexo a la obra. Buscaba invitar a la reflexión y también a “la esperanza para el futuro”. (fuente: verne.elpais)

Si vivís en este planeta, tenéis Facebook, Twitter o Instagram, me apuesto beca predoctoral (que no tengo) a que habéis visto unas cuantas amables fotografías de vuestras amistades, compañeres de trabajo, vecines…haciendo el capullo aquí, sonriendo, haciendo que cada une sale de un lado o sosteniéndose con los pies y la espalda (como si hiciera falta ser acróbata chino para hacerlo, coño). ¡Ah’ ¿Se os olvida que este no deja de ser un monumento dedicado a todas las víctimas de esos campos de concentración de los que salís con lágrimas en los ojos?
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Algunas de las imágenes modificadas por el artista (que ha tenido que retirar o pixelar) Fuente: Verne.elpais

Para ello, Shahak Shapira ha recopilado toda una serie de fotos tomadas en este monumento y ha colocado estratégicamente a sus protagonistas en diferentes imágenes reales de los campos de concentración.
Shapira selecciona fotos de turistas mostradas en sus perfiles públicos de Instagram y Facebook y en apps de citas como Tindr y Grindr. Su particular galería crea montajes con los protagonistas de esas autofotos que denuncia. Cuando se pasa el cursor sobre la instantánea original, aparecen imágenes reales de campos de exterminio de fondo. (fuente: verne.elpais)
Esto pone en evidencia nuestra hipocresía al juzgar tan duramente a la famosa chica del selfie en Auschwitz (que puede que no tuviera ni la más mínima idea de dónde estaba, o no había llegado a ese tema en clase, o estaba allí obligada por sus progenitores/profesores, que tampoco se habían molestado en explicarle dónde estaban. O también la tía es un poco imbécil, por imbéciles que no sea). Este no deja de ser un caso aislado, pero lo de las fotos en el Memorial igual se os estaba yendo de las manos, guapis. Reflexionábamos sobre ello, de la mano de Soyuz Gorri en el post Guerra y paz, hoy cómo nos recreamos, por lo que no veo mejor manera (vamos, hacer CTRL-C + CTRL-V) de finalizar este post que con las palabras de Soyuz en relación a este artículo:
Sus fotografías tratan de señalar aquello que nos queda del legado de un conflicto como la Segunda Guerra Mundial en la Europa actual. La ironía como medio para la denuncia de la banalización turística es especialmente notoria en su serie de imágenes sobre el comportamiento de los turistas en Auschwitz. Aquí podemos ver la fiebre por la fotografía y el selfie instagrammer, las sonrisas por el goce de la visita, camisetas coloridas de la tienda souvernirs… Por poner otro ejemplo, cuando Auschwitz está recibiendo demasiados visitantes, algunos autobuses son desviados a Birkenau, el campo hermano. De esta forma, los turistas recrean ese trajín de trenes y “ganado humano” de los años 40.
Os invitamos también a leer este artículo, el que citamos arriba, en el que podemos ver diferentes polémicas relacionadas con este monumento, como puede ser el hecho de que sólo recuerde a las víctimas judías, y ojo al dato, que la empresa encargada de aplicar la pintura antigraffitis que cubre el monumento, estuvo relacionada con la producción de Zyklon B. Ya paro de copiar noticias, lo juro.
Brandine Von Mierder
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