España gibraltareña

espan%cc%83a

Spain is a great nation. De la mano de Plantígrado, hoy abogamos por una España gibraltareña, anglófona, universal y con los españoles, muy españoles y mucho españoles. Todo ello tomando con ejemplo la telenovela vital del clan Aznar-Botella-Agag, ejemplo de emprendizaje patrio, apego a la tierra e internacionalización nacional (¿eing?).

Nos dicen que una de las formas de acabar con el nacionalismo es viajar (Pío Baroja dixit). Yo viajé por motivos de estudios a Madrid, y, aunque me sirvió para darme cuenta a la vuelta de que mis amigos del pueblo eran unos cotillas y se me facilitó alejarme de ellos, no consiguió curarme de mi creencia en que, entre mis derechos de ciudadano, estaba el de que podía considerar mi país. Por tanto, me alejé de mis amigos, muy mayoritariamente nacionalistas, pero no por eso, sino por otro motivo menos prosaico: cada uno tiene su orden de valores.

Por eso pienso que el viaje a realizar nos lo enseña la familia Aznar-Botella-Agag; y ese viaje tiene que ser más interior y pasa por: ser cercano al PNV y bautizar a tu hijo en la iglesia con nombre vasco; ser republicano y, cuando la victoria de Franco te pilla en el extranjero, escribir el laudatorio más célebre que tuvo el Generalísimo en vida (biografía de Manuel Aznar Zubigaray). Pasa también porque ese hijo periodista sin pena ni cloria, pero, eso sí, muy cercano, más bien imbricado en los medios de comunicación franquistas, hasta llegar al nieto, Inspector de Hacienda, se sortee con su amigo Blesa cuál de los dos pisos que han adquirido se queda cada uno. Parece ser que Blesa salió perdiendo y será esa la razón de que luego llegue a ser presidente de Caja Madrid, aunque dicen las malas lenguas que de banca sabía bien poco.En ese tiempo de Logroño hizo sus pinitos de articulista en Nueva Rioja, dejando para la posteridad parte de su pensamiento ideológico.

Después de este viaje por la memoria, voy al grano.

Me estoy refiriendo al viaje de un inspector de provincia rumbo a la universalidad, llegando a ser consejero del grupo de Murdoch (no el Equipo A, el otro), pasando por el ser el primer presidente que habló en perfecto tejano con el presidente de la primera potencia. Y lo hizo tan bien, que luego de dejar la presidencia de España, fue a dar clases a una universidad estadounidense.

Ese inglés llevó a su mujer a dar el célebre discurso en Buenos Aires que dejó a la traductora del evento con un aire del que todavía no se ha repuesto.

Ese inglés, cada vez más correcto, por cierto, que llevo al yerno magrebí de José María, sin necesidad de saltar ninguna valla con espinos, del matrimonio presidencial -sin necesidad tampoco de casarse con ningún presidente- más referido en la historia de la City, a dirigir the best of the best de la modernez: la Fórmula E.

Ese mismo inglés le lleva a contactar a José María junior con grandes grupos de inversores internacionales para que aprovechen las oportunidades que da el país, según refieren los miembros del gobierno, con gran éxito, porque además es la época en la que el Ayuntamiento de Madrid de Ana Botella pone mucha vivienda pública a disposición de los inversores. Como siempre las malas lenguas, promovidas por la envidia ante el merecido éxito, tienen que darle un nombre ofensivo como “fondos buitre”.

Y, por fin, llega el último de la saga, Alonso, el más moderno de todos, creador de una aplicación para ligar y alto directivo para Hispanoamérica de Affinty Meetic, la empresa más importante en este tipo de aplicaciones, aunque dicen las malas lenguas (otra vez) que tiene mal rollo con Alejandro. Igual es porque así se pueden mezclar manzanas con manzanas, peras con peras, peras con manzanas o manzanas con peras, aunque nunca he entendido qué tienen que ver las diferentes formas de hacer la compota con el ligoteo y las relaciones humanas.

Esta relación de hechos viene a que si para José María y Ana el salto a la internacionalidad les vino después de ocupar las más altas magistraturas en España, a sus hijos, con su cada vez más correcto inglés, les ha sido inmediato. Por eso considero que lo mejor para los españolitos es la inversión en el inglés y, en ese sentido, ¿qué mejor que invertir el aforismo “Gibraltar español”? En tanto que el orden los factores no altera el producto…

¡”España gibraltareña”!

Los gibraltareños ya han votado por seguir en Europa y nosotros somos Europa. Ya han demostrado que son capaces de enseñar inglés a los llanitos y eso es lo que son: llanitos en un peñón. Además, con mi propuesta se respetaría su propio aforismo de que Gibraltar no será España mientras haya monos de berbería en el peñón.

Algo similar debió pasar con Carlos I, que vino del país más avanzado de su época, Flandes, de donde era Erasmo (el famoso fundador de las becas) para traer el renacimiento, tal y como se puede ver en Granada: palacio y catedral. Y aquí, los castellanos, dispuestos a no perder sus privilegios, le montaron una revolución.

Pero eso sí, en España no hay más nacionalismos que los periféricos, hasta que no le toquen los cataplines a las jerarquías del centro, que estas ya pueden mandar a sus hijos a buenos centros para así internacionalizarse.

Plantígrado

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s