San Valentín: de las guarradas romanas al capitalismo salvaje, pasando por el cristianismo y el tóxico amor romántico

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San Valentín en un mosaico contemporáneo. Esa cara parece lo suficientemente jodida como para poder amar, joder. Fuente: preguntasantoral.es

El 14 de febrero está escrito en color rojo en nuestros calendarios. Un rojo nauseabundo, un rojo pútrido y deslucido que tiñe los peluches en forma de corazón y toda esa basura con la sangre de miles de mujeres que mueren todos los años a manos de sus parejas y ex-parejas. Agárrense al asiento y abróchense los cinturones para sobrevivir a este día de capitalismo salvaje, amor romántico y otros infiernos conceptuales.

¿De dónde viene toda esta mierda? Retrocedamos hasta la Antigua Roma durante unos minutos. El calendario romano, del que viene el nuestro, estaba (como el nuestro) lleno de fiestas estúpidas que festejaban en honor a la deidad de turno una u otra mamarrachada. En torno a nuestro 14 de febrero existían dos festividades paganas en la Antigüedad. Por un lado, existía una fiesta en honor a Juno Februata en la cual se iniciaba a la gente más joven en las relaciones sexuales de una forma, cuanto menos, curiosa; se metían los nombres de las jóvenes de la ciudad en una caja y, uno a uno, los chicos iban sacándolos. La chica “que le tocaba” tenía sexo con él durante un tiempo. Algo así como First Dates, pero sin Carlos Sobera y con sexo garantizado en la primera cita, te guste o no la pareja “que te ha tocado”.

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Carlos Sobera al sorprenderte leyendo este post. Fuente: FórmulaTV.com

La otra fiesta pagana que coincidía en el calendario (no menos turbia) era la de Las Lupercales. En honor a Fauno Luperco (deidad romana heredera del dios griego Pan, dios de la fertilidad y la sexualidad masculina -es decir, de los pitos) y rememorando la hipotética historia de Rómulo y Remo, los fundadores míticos de Roma, quienes fueron amamantados por una loba, un par de jóvenes (“lupercos”) se paseaban por ahí desnudos lanzando improperios y dando latigazos a toda moza que se cruzara por delante de ellos tras pasar por un ritual en el cual se sacrificaban un cabrón y un perro. La escena podría responder, desde luego, a algún que otro vídeo porno de alguna página para perturbados mentales o a cualquier programa japonés en horario infantil.

Pero establecido el cristianismo, una religión aún mucho más heteropatriarcal que la religión clásica de la cultura romana, seguir celebrando todo esto estaba feo. Y aún en el siglo V d.C. la gente debía seguir celebrando una mezcla de ambas festividades, todo sea por azotar a la peña en pelota picada y echar una canita al aire. Fue entonces cuando el Papa Gelasio I, un tipo muy imaginativo, creó en el año 498 la festividad de San Valentín. La verdad es que debieron sacárselo un poco de la manga, porque de este supuesto santo se sabe (y se sabía) más bien poco. Así que el Gelasio este junto con dos escritores de Best sellers venidos a menos y un par de tarados mentales más generaron a un supuesto sacerdote, Valentín, que casaba a los soldados romanos en el siglo III d.C. En aquella época, por mandato imperial, los soldados romanos tenían prohibido casarse, ya que era mucho más efectivo tener en el campo de batalla a un tipo sin familia (en el sentido tradicional de la palabra) que a un responsable cabeza de familia. El primero tiene muchas más ganas de violar, saquear y hacer pupa en general. Por contra, el segundo suele tener barriga, bigote, usa camisa de rayas y pantalones chinos o similar y siempre saca tiempo para comprarle algún souvenir a sus hijos, por no hablar de que empatiza más con otros padres de familia que tienen que partirse la cabeza con él. Claro, el hecho de que Valentín desobedeciera aquel mandato imperial lo iba a poner en mal lugar, y tras su supuesta ejecución ya tenemos al santo de turno, relacionado, en cierto modo, con el amor y la reproducción, al igual que sus antecedentes paganos.

Fíjate si esta peña tenía más cuento que calleja que en 1969, el Papa Pablo VI eliminó la celebración de San Valentín del calendario, según lo acordado en el Concilio Vaticano II. Y es que a estas alturas ya se hablaba de la leyenda de San Valentín, ya que la propia Iglesia Católica no encontraba pruebas claras de la vida del santo.

Peeeeeero ya era tarde. Y es que el capitalismo salvaje, la ideología más totalizadora que probablemente haya existido en la faz de la Tierra, ya había engullido al supuesto San Valentín de los cojones, al querubín gordito que lanza flechas y no sé cuántas hostias más y había generado con estos despojos un excremento, un amasijo de cosas putrefactas para hacernos hoy comprar cosas como zombis un día más sin ton ni son:

El primer registro que existe sobre la comercialización de esta fecha es el que señala a la norteamericana Esther A. Howland como la precursora de la venta de tarjetas regalo con motivos románticos y dibujos de enamorados que ideó y realizó a mediados de la década de 1840, vendiéndolas por unos centavos en la librería que regentaba su padre en Worcester (Massachusetts) y las cuales se convirtieron en todo un éxito.

¡Tachán! Lo que incluso desechó la Iglesia, lo adoptó y arropó el capitalismo salvaje y luego vino y nos lo hizo comprar de forma vil. Y todo ello junto con la idea del amor romántico…

Y después de todas las cosas con fundamento histórico, ahora ¿de qué vamos a hablar? ¡TACHÁN! De cómo (nos) consumimos today, y no sólo el día de San Valentín, sino por seguir perpetuando esa estúpida idea del amor romántico, de la persona con la que compartir tu vida para siempre (pase lo que pase), del amor predestinado, de tu media naranja, de esa persona sin la cual tu vida no tiene ningún sentido. POR AMOR DE DIOS. YA BASTA. Que por un momento Brandine estaba mutando en Mr. Wonderful y casi peta.

Puede parecer muy inofensivo (aunque tengamos que aguantar tanto a quienes profesan su amor por redes sociales, como a quienes profesan su odio a quienes profesan su amor por las redes sociales, que a su vez reciben cientos de likes de sus amigas que profesan su amor a quienes profesan su odio a quienes profesan su amor por redes sociales. ¿Queda claro, no? (Todo esto es aplicable a navidades, verano, invierno, frío, lluvia, semana santa, el día de la hispanidad blablabla).

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¿Qué leéis aquí? Brandine lo traduce como: te regalo esta bomba de grasas trans y embutido asqueroso para ver si así tu corazón se convierte en una bola de grasa y te mueres de un infarto, gilipollas, y así no intentas besarme con la barbilla llena de grasa.

Pero pongámonos serias, además del consumismo más atroz y absurdo, que trata de vendernos las mismas mierdas de siempre pero con forma de corazón, tras esto subyace una idea del amor que no sólo da asco, sino que nos ha hecho creer durante demasiado tiempo que el amor es dependencia emocional, que el amor es exclusividad, dedicación absoluta. Que podemos cambiar a esa persona, todos sus errores, con dedicación, con amor, y con sacrificio.

Y es que, es precisamente esta idea, la del amor romántico, una creación cultural que normativiza la forma en la que nos queremos, que dictamina lo que es amor y lo que no, y esto, al final, perpetúa, edulcora, romantiza y normaliza relaciones tóxicas, formas insanas de querer a otra persona.

Nos enseñan que el amor está por encima de todo, que es una especie de fuerza todopoderosa que hará que hasta el más desgraciado de los hombres cambie, se convierta en una persona estupenda, y todo ¿gracias a qué? A tu amor, a tu insistencia, a que pases por alto todos los errores, desprecios, engaños, y hasta agresiones, a que te esfuerces por intentar cambiar a esa persona que nadie sabe por qué, parece ser tu pareja ideal. ¿Te imaginas diciéndole a tus hijas que aguanten a una persona agresiva, a un monstruo lleno de ira, porque en el fondo será buena persona, y aunque se comporte así, te ama? ¿No? Entonces, ¿qué coño hacemos poniéndoles a nuestres hijes La Bella y la Bestia?

“Tranquila, que sólo son prontos, en el fondo te quiere mucho”

Nos hacen creer que somos seres incompletos, que el verdadero fin de nuestras vidas es encontrar una pareja (hetero, sí) que nos complemente, con la que poder formar una familia, por la que dejarlo todo. Esto nos lleva al aislamiento, dejamos de tener nuestros espacios propios, porque si de verdad amas tanto a esa otra persona ¿cómo vas a tener secretos?¿cómo no vais a compartir absolutamente todo, amigos, cuentas, móviles/redes sociales, TO-DO? Pero ojo, que esto no es anularte, perder tu espacio personal, tu intimidad, ni mucho menos, es saber entregarte total y absolutamente a ESA PERSONA que vas a seguir deseando, amando y alabando toda tu vida, pase lo que pase, y te haga lo que te haga. Convertirás a esta persona en el eje de tu vida, tu prioridad, lo pondrás por encima de todo (bueno, si eres mujer, tal vez hasta que tengas hijos, y a veces, ni eso), te entregarás a él sin importarte las advertencias sobre esa persona que puedan llegar del exterior. Sólo él te hará feliz, sólo él será completamente sincero y querrá tu felicidad. Parece ser que ni siquiera tus amigues más íntimos pueden estar por encima.

Renunciarás a todas aquellas personas que no le gusten a él, que le provoquen celos, porque él te convencerá de que sólo trata de ayudarte para que te des cuenta de que esas otras personas sólo están a tu lado por interés, que en el fondo sólo buscan sexo, que no te respetan ni te valoran de verdad. Y claro, te lo dice él, que te ama desinteresadamente, así que tú cortarás con esas relaciones, por él, por su amor, que es lo más importante y está por encima de todo, sólo quiere tu felicidad y que nadie trate de engañarte (más de lo que lo hace él). Tampoco le gustarán tus amigas, con las que sales por la noche, con las que tienes secretos. Así que tú dejarás de tener tu círculo de amigas. Le preocupará que salgas, que no le avises de dónde estás, que llegues tarde…pero todo esto porque te quiere y sólo quiere lo mejor para ti, no te olvides.

Porque es nuestro deber deslavarnos el cerebro, terminar con todas las ideas absurdas que nos han ido introduciendo desde que nacemos, porque quien te quiere tan sólo te hará llorar de alegría. Porque los celos no son amor, son posesión y dominación. Porque la única persona que necesitas en esta vida eres tú misma. Porque puedes amar a más de una persona. Porque puedes rodearte de gente que te quiera y seguir siendo libre. Porque no tienes que tolerar ni pasar por alto absolutamente nada. Porque no es tu deber sufrir para cambiar a otra persona, ni para agradarla. Porque si alguien te quiere, no tiene que ser a costa de que le entregues todo. Porque nadie merece la pena, en todo caso, la alegría.

Y con el día de hoy, paciencia, o mejor, un orujito, que eso lo arregla tó.

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Wu Ming en San Valentín, por eso escribe estas cosas.

Magnífico Rector & Brandine Von Mierder

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