Violentos y demócratas: cómo fue el paseo por la “movida vasca” en Vitoria-Gasteiz

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Hoy es 23-F. ¡Feliz cumpleaños monarquía/constitucionalismo/”democracia”! Y por encima de cuentos varios, ayer, 22-F, nos reunimos una veintena larga de personas para pasear por la compleja estratigrafía del “conflicto vasco” en nuestra sede social: Vitoria-Gasteiz. Un itinerario histórico, pionero, que esperamos no defraudase demasié. Y no, este no es un post de risas… ¿o sí?

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Vitoria-Gasteiz. Una ciudad con nombre (¿español?) y apellido (¿vasco?) (o eso se ha dicho a veces) que se muestra como el escenario urbano perfecto para ser recorrido a modo de “museo viviente”. En esta ciudad del desarrollismo franquista, de los barrios periféricos de bloques inertes, de lucha obrera y de conflictos con la memoria, encontramos algunos ingredientes básicos del “conflicto vasco” y de su expresión material en la calle. La calle como espacio performativo. Vitoria-Gasteiz como campo de batalla por la apropiación simbólica del espacio público.

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La visita comenzó en la Facultad de Letras (UPV-EHU). El “nido borroka” como dijo un vitorianísimo periodista. Ayer se cumplían 17 años del atentando contra el parlamentario socialista Fernando Buesa. La explosión del coche-bomba se produjo en este mismo campus, en un espacio ahora bautizado como “Jardines de la Libertad”. A este cambio de nombre le siguió otro: el estadio de baloncesto del Baskonia, la joya de la corona del deporte alavés, fue renombrado como “Fernando Buesa Arena”. Ayer no pudimos evitar preguntarnos por qué no pudo haber recibido también el nombre de Jorge Díez Elorza, su escolta de 26 años, igualmente asesinado en aquel atentado. ¿Existe una jerarquización de las víctimas? ¿Cuál es su visibilización en el espacio público: monumentos, placas, nombres de calles, homenajes…?

Con esa pregunta en el aire, avanzamos hacia la calle Florida (antes calle Carlos VII), en pleno centro de la ciudad. Aquí, en 1979, ETA(m) mató a Antonio Recio Claver, jefe en una fontanería y agente del CESID, el servicio secreto. Su historia permanece casi olvidada. Éste fue uno de los agentes de los servicios de información (y represión) del Régimen que colaboró en la infiltración de Mikel Legarza “Lobo” y que por poco desbarató la cúpula de ETA(pm) al final de la Dictadura. La prensa de la época dijo acerca de él: “se le consideraba una persona campechana, aunque parece ser que otros círculos le identificaban como persona dura en sus actuaciones de hace varios años en la Brigada Social”. Ya comenzamos a preguntarnos dónde encaja alguien como Antonio Recio Claver, víctima mortal de un ataque armado, en el simplista esquema oficial de “violentos” y “demócratas”. ¿Víctima a secas? ¿Ejemplo de “transacción” de un represor de la Dictadura en el nuevo régimen? Una placa metálica en el suelo que casi se confunde con una tapa de alcantarilla es el único elemento conmemorativo de este suceso.

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Mapa de los atentados perpetrados por ETA(pm), ETA(m) y las fuerzas policiales en Vitoria-Gasteiz desde 1970 (datos sacados de Gogora).

Seguimos avanzando y con la música de Juego de Tronos como banda sonora callejera con que rascar algún bolsillo de oído agradecido, llegamos al “espacio representacional de la calle Olaguibel”. Exacto: no es un buen nombre para designar un lugar, pero es lo que se nos ha ocurrido.

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Espacio representacional del poder en la calle Olaguibel: Gobierno Civil (fuente) y disturbios del 3 de marzo frente a la sede del PP (fuente).

En 1953, Franco en persona inauguró aquí el Gobierno Civil, un edificio neoherreriano de grandes dimensiones a modo de hito central en la representación del Poder. El estilo neoherreriano, favoritísimo del Generalísimo (tal y como se puede ver, por ejemplo, en el madrileño barrio de Moncloa o en el propio Valle de los Caídos), fue el mecanismo simbólico utilizado para unir el Régimen con una memoria exaltada de los tiempos de Felipe II, el Escorial y el Imperio-en-el-que-no-se-ponía-el-sol. Aquí mismo también, durante los años 40 y 50, la escalera de acceso al centro histórico estaba presidida por el Monumento a los Caídos, un Valle de los Caídos en miniatura. Aquí se hacían todos los actos oficiales del Régimen durante la larguísima Dictadura. Aquí luce el águila (impunemente) en uno de sus frentes. Y aquí, también, es donde renovamos nuestros DNIs quienes residimos por la zona. Hay continuidades interesantes en la historia de España.

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Escudo franquista en el Gobierno Civil (izda.) y antiguo Monumento a los Caídos (dcha.) (fuente).

Hoy en día también, aquí es donde se sitúa la sede del PP. (¿Diálogos fluidos entre pasado y presente? Este partido se mira en un siniestro espejo) Y por eso es aquí donde terminan las manifestaciones conmemorativas por los asesinatos policiales del 3 de marzo de 1976: miles de jóvenes siguen exigiendo justicia post-mortem a Fraga y a su impune aparato derivado del Régimen. Cuando la tensión crece, los jóvenes ascienden las escaleras en las que ya no hay un Monumento a los Caídos y toman la calle Cuchillería, el otro “aparato representacional” que analizamos ayer.

Pero, todavía aquí, abajo, entre el neoherrerianismo de Franco, la sede del PP y las cámaras de seguridad, es donde se está construyendo el Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, en el antiguo edificio del Banco de España. Esta iniciativa del Gobierno Rajoy pretende ser el repositorio memorial de las atrocidades de ETA. Su construcción genera polémica e indiferencia a partes iguales. Un ala estará dedicada también al terrorismo yihadista… aunque ésta se situará en Madrid, en el algún lugar todavía no definido. Llama la atención la convivencia fluida de tantos hitos de ayer, de hoy y de mañana en comunión simbólica, sin que ello parezca molestar a nuestro Régimen actual.

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Por eso, propusimos hacer nuestro propio “museo del conflicto” en la pared metálica de obra del futuro centro memorial, y además, en base al maniqueo y oficial discurso de “violentos vs. demócratas”. Bajo la fría mirada de las cámaras de seguridad del lugar, quienes asistieron al itinerario decidieron dónde situar a diversos personajes históricos. Éste fue el resultado.

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La Historia es implacable (dicen), sobre todo si se somete a un juicio colectivo. Aunque hay gente que sale mejor parada que otra. La esquina extrema de los “violentos” fue acertadamente calificada por uno de los asistentes al paseo como el “rincón de los presidentes”: Aznar, Donald Trump, Obama, Franco, Fraga, etc. La esquina contraria, la de los “demócratas” tuvo a Malala Yousafzai, Irantzu Varela, Josebe Iturrioz, Jesús Eguiguren y hasta a Pippi Langstrump (a pesar de su turbulento pasado de anarquista nórdica). Nelson Mandela (nuestro “Morgan Freeman”) se convirtió en el eje central en la gradación: ¿violento? ¿demócrata? ¿terrorista? ¿pacifista? Curioso fue también el hecho de que Thierry (jefe militar de ETA en los 2000) compartiera espacio en el “bando violento” con una “víctima” como Melitón Manzanas (agente franquista, torturador y primer asesinado de ETA, en 1968). ¿Víctimas y victimarios en un mismo bando? Parece que este asunto es más complicado de lo que parece…

Avanzamos con la visita para hacer una última parada frente a un muro blanco de la calle Cuchillería. Este espacio, “la Kutxi”, epicentro tabernero y de ocio vitoriano, es también el espacio representacional abertzale por excelencia. Pancartas, graffitis y murales han sido parte del attrezzo urbano durante décadas. Desde 2008-2009, el gobierno autonómico vasco y las fuerzas de seguridad han perseguido contundentemente cualquier representación de “exaltación de la violencia” en el espacio público. Este muro blanco, este “vacío arqueológico” de hoy, fue durante mucho tiempo el soporte en el que se exigía la amnistía de los presos vascos.

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Nos preguntamos si las fotos de presos que han formado parte de la representación política abertzale no siguen una lógica similar a la exhibición pública de los Caídos en el Franquismo. “Mártires por la Patria”. Nos preguntamos si no será cierto eso de que ETA fue la Bestia que surgió dentro otra Bestia, la oficial, la del Águila y la Cruzada Nacional. Nos preguntamos hasta qué punto no nos encontramos ante una intersección de procesos nacionales, como dice el historiador Molina Aparicio. En definitiva, ¿el movimiento abertzale adoptó las formas de representación del Régimen que combatía? Militarismo, conquista del espacio público, nacionalización… En cualquier caso, estas representaciones ahora son efímeras y se hacen desaparecer rápidamente. (Incluso nuestro “mural de violentos y demócratas” rápidamente fue retirado por alguien. Tras finalizar la visita, ya no quedaba nada).

Finalizamos el paseo en el bar Hala Bedi, al final de la calle. Con tres mesas al fresco creamos la “mesa de negociación” que actualmente no existe. Mediante unas fichas anónimas, propusimos que cada cual crease su propio “museo íntimo del conflicto”. Tomando uno o varios lugares relacionados con el conflicto vasco, buscamos crear un “mapa colectivo” en el que reunir diversos paisajes personales de una cuestión colectiva.

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El material recogido en una caja se utilizará en nuestro próximo evento, el colofón final de estas jornadas: el próximo miércoles, 1 de marzo, realizaremos una “barferencia” en el bar Hala Bedi, a las 18:00, que se titulará Antzina ekinez egina: arqueologías del conflicto vasco”. De esta forma, en esta era del Relato, de la Memoria del conflicto… nos proponemos presentar un puzzle o un collage de diferentes relatos y memorias que posiblemente ni siquiera sean coherentes o compatibles entre sí, pero que dialogarán de una manera como no lo han hecho hasta ahora.

Para acabar, agradecemos a quienes se acercaron al itinerario y participaron en él, así como a todas esas caras curiosas que se asomaban durante el paseo a medida que oían palabras como “ETA”, “Franco” o “terrorismo” rompiendo con la calma y el consenso de una tranquila tarde vitoriana de ocio cívico y cordial.

Adjuntamos el cartel de la próxima barferencia y os obligamos animamos a participar en ella. “Kolosala izango da” (edo, agian, ez hainbeste).

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Wu Ming

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2 comentarios en “Violentos y demócratas: cómo fue el paseo por la “movida vasca” en Vitoria-Gasteiz

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