Cine y Arqueología (IV): Wall-E, el adorable robot arquehólico

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Y… ¡Estamos de vuelta con esa sección del GAS que nunca pedísteis ni nunca os importó una mierda! ¡Arqueología y cine, una mezcla explosiva! Aunque parezca mentira, hay cientos de películas que tratan el tema de la arqueología y como había que rellenar el espacio hoy y me tocó el marrón a mí pues me dije “¿cómo engañar a nuestras lectoras fingiendo contenido nuevo?” ¡El resto vino solo! Y así, ya os trajimos al todopoderoso Chuck Norris en su faceta de arqueólogo reparte patadas-voladoras; a Steven Seagal y su perfilfobia; y un descojono de película de arqueólogos prehistóricos en el que todos los personajes se llaman Piedra (como nuestro blog hermano Pi3dra, del latín “petra”). Ahora le toca el turno a una película que no es krakendevaken una producción de cuestionable calidad: “Wall-E”, esa película para niños que solo vieron adultos (y que nos robó el curaçao de melón).

“Wall-E” (Andrew Stanton, 2008) es una película con un argumento que tampoco es que te haga devanarte mucho la sesera. Básicamente, a los seres humanos se nos ha ido la manica y hemos dejado la Tierra hecha un puto ajco de basura porque ha habido una enorme orgía a escala planetaria y a nadie le apeteció ayudar a recoger antes de irse. Solución: montamos una nave para que quepa todo el mundo (salvo los que no son estrictamente negros o estrictamente blancos, las razas aceptadas en la nave) y los mandamos al espacio, dejando en la Tierra a una panda de robots-esclavos marca Wall-E para que se encarguen de empaquetar la mierda y así, mientras seguimos con la fiesta en un after espacial, cuando volvamos lo tenemos todo recogidito y ordenadito. Evidentemente, hacemos un simpa a escala planetaria y no volvemos, dejando que los Wall-E se vayan muriendo todos de cáncer de sida excepto uno, que como buen currante sin cerebro (y seguramente votante del PP), sigue recogiendo mierda porque “eso es lo que me tocaba hacer”.

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Los Simpsons también predijeron a Wall-E… versión sin piernas y deseando el amor de su padre mientras Homer le echa de casa. ¿Fui el único al que esta escena le dio un poco de cosica?

Lo que sigue me da un poco más igual para lo que se viene a decir aquí así que resumo: blablabla viene un robot-hembra llamado “Eva” (sutil) a investigar si se puede habitar la tierra blablabla encuentra una planta por lo que sí, se puede volver a la Tierra blablabla Wall-E se enamora y quiere hacerle robotitos a Eva a saber cómo porque no tiene órganos sexuales, a lo mejor pone huevos o fertiliza con la mente blablabla vuelven a la nave Wall-E más empalmado (metafóricamente) que la bandera de Iwo Jima blablabla resulta que la gente está gordaca de, claro, no recoger la mierda y vivir todo el día sentados viendo Game of Thrones blablabla no había intención nunca de volver blablabla robot malvado nunca visto antes en el cine blablabla Wall-E salva a todos de un robot, que, por otra parte, “solo cumplía órdenes” Eichamnn-style blablabla se vuelve a la tierra y el capitán de la nave, un cachondo mental, dice que van a plantar árboles para que den pizza ja-ja-ja FIN. Tú vida nos pertenece.

Aunque la película no trata stricto-sensu(ar de la pradera, jal) de arqueología, Wall-E es, en cambio, un buen arqueólogo; mejor infinitas veces más una que la mayoría de los “reales”. Hay una escena al principio de la película en la que se ve esta faceta de nuestro adorable robotín. Aquí os la dejo (hasta que youtube decida sobre sus derechos de autor).

En la escena vemos a Wall-E en lo que es su jornada laboral normal de ocho horas (más horas extra que es que, claro, hay que cumplir con el pedido). Se levanta, recoge mierda, se toma su bocata de tornillos y cristales de bombilla del chino, sigue recogiendo mierda y se va a casa a ver la tele como buen currela alienado. Pero durante su jornada, Wall-E también da rienda suelta a su hobby personal: recoger mierda que le gusta para llevárselas a su casa y ver allí para que sirven y exponerlas en su casa. Y, carajo, ¿no es precisamente lo que hacemos las arquehólicas?

Así a la tontá y la bobá nuestro currela mecánico es un prospector entrenadísimo para detectar las singularidades de la “cultura” humana y básicamente viene a hacer el mismo tipo de preguntas que nos hacemos para estudiar nuestra propias sociedades “primitivas”, esto es, nosotras mismas. “¿Para qué servirá este objeto?” se cuestiona mientras se pone un sujetador como si fueran unas gafas; “¿y este otro?” preguntose al tirar una bota en su saco de los tesoros; “¡Y esta cosa se abre y se cierra!” pensó tras lanzar un anillo de diamante de su caja de terciopelo azul.

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Ahora se ha puesto de moda en el mundo de la arqueología teórica algunas variantes del posthumanismo “materialista” (en otro post que no tenga que escribir a las 12 de la noche ya me encargaré de argumentar por qué NO son materialistas estas teorías) en las que se cuestiona que el ser humano sea el único “agente” capaz de generar intencionalidad en la realidad (un resumen de algunos de estos planteamientos en castellano aquí). Los objetos, lo material, son tan “agentes” como somos los propios seres humanos en cuanto que determinan la forma en que nos aproximamos al mundo. La metáfora más corriente es la de la tipa, como yo misma, que tenemos que usar gafas, o los viejunos que tienen que usar bastón. Sin las gafas o sin el bastón seríamos otra cosa, por lo que, según Latour y Cía. habría que hablar del individuo+gafas o del individuo+bastón o, de otra manera, nos constituimos como una conjunto de individuo+objeto=cyborg. De ahí que en la constitución del ser obtienen una ontología simétrica objetos y personas o, dicho con otras palabras, es tan importante estudiar al ser humano como a los objetos en una misma importancia ontológica.

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Bruno Latour, poeta, autodidacta, filósofo… un tipo completo

Aunque no esté muy de acuerdo con muchas cosas de estas teorías, se puede hacer una lectura de Wall-E en estos términos del objeto-persona fascinada por los objetos, que serían sus pares ontológicos. En un futuro no muy lejano cuando Skynet finalmente domine el mundo, que ya tarda, ¿qué es lo que será considerado “bien común histórico”? ¿Qué es lo que una alteridad total, como es un robot que se ha despojado del dominio humano, consideraría vestigios del pasado para ser conservados en el presente? Para Wall-E no un anillo, pero sí la caja que lo contiene. Para la derecha española, Miguelón, pero no las fosas comunes republicanas. Para el ISIS, no una ciudad entera, sino… nada. Wall-E vendría de esta manera a cuestionar una forma unívoca de aproximación al bien común histórico y entenderlo como un campo de batalla en el que lo que se conserva y lo que no viene motivado políticamente, aunque sea porque a un adorable robot se le pone en… lo que tenga como órganos sexuales.

Max

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