Publica o muere… y el gatito murió

Hay un dicho muy castizo que dice que no tires piedras a tu propio tejado. Hoy hemos cogido el ortostato de un dolmen y estamos mu locas. Para los de acá -los del mundillo-, poco hay que explicar más, o te pasas tu vida escribiendo artículos para revistas “de impacto” o no vales una hez en medio de un campo de vacas diarreicas. Para los de allá -a los que se supone que servimos-, decirles que una gran cantidad de dinero público se va literalmente en gente rompiéndose la cabeza para “colocar” (jerguilla inocente del gremio) textos en revistas cuyo “impacto” real en el 90% de los casos va a ser que lo lean tus colegas y cuatro avenidos metidos hasta arriba de LSD caducado. Esto es asín. Con matices, pero en esencia asín es.

Lo del “impacto” tiene pelotas su intríngulis, porque básicamente es un sistema organizado por aquellos que se benefician (¿nos suena? Parlamentoooooooo). Es como si me invento un juego, le pongo la regla de que ganan los que mejor se metan el dedo en el ojete y se lo huelan después y me monto un equipo con mis colegas de dos manos en un país llamado “Bimancolandia”. No tiene pérdida. Para los de allá, que básicamente da igual la calidad real de un trabajo de investigación mientras esté publicado en un sitio que mole mucho. Mientras el envoltorio sea de papel de oro el contenido puede ser una obra de Piero Manzoni. Nada nuevo bajo el sol y todos  contentos mientras lleguemos a final de año con dos de estas manzoniadas que no van a leer ni tus progenitores porque, ahí va la ironía, no lo van a entender, como el 99% de la gente.

En la cencia hay mucha corrupción (artículo de ejemplo entre muchos aquí). Porque esto de publicar es un negocio y como en todo buen negocio pues genera sus intereses, ¿no? La ecuación es fácil: si publicas en la revista Y con un índice de impacto X tienes más probabilidades de recibir la financiación Z. Conversación ficticia: “Ey, men, ¿y si tú me publicas este trabajo en tu revista y yo luego te lo agradezco regalándote una clase de yoga para borderlines?” “¡Magnífica idea!” dijo el señor mientras se metía el dedo en el ojete y después se lo olió. Así de simple comienza el círculo de la hez del marqués de Sade.

Spoiler: el gatito muere. Fuente: http://francis.naukas.com

Hace poco salía una noticia (perdonad, pero no lo he encontrado, fiaros de mí… o no, yo que sé. Esto se publica en el GAS así que no tiene impacto ninguno) de un par de tipos que escribieron un artículo “científico” en el que había errores graves e incoherencias sin sentido ninguno pero como pagaron la pasta necesaria (porque hay revistas en las que tienes que pagar, para la que no se había enterado), pues se lo publicaron y todo el mundo tan ancho. De coña. Y es que la ciencia es así: el contenido da igual, lo que importa es el continente.  Además, y como es lógico, la normalización es comida del día a día:

Sin embargo, el proceso de selección y evaluación genera, a juicio de este científico, una perversión por la cual se refuerzan las ideas vigentes y se marginan las nuevas propuestas, lo que a su vez, favorece los intereses de la élite de la investigación (fuente: revista de impacto en tu cara).

Pero todo ortostato vuelve a su posición original, que es tu cabeza. Y básicamente es que todas las que se/nos dedican/dedicamos a la investigación caemos en esta trampa de ratones del “impacto” porque de ello depende nuestra supervivencia como especie. Darwinismo impactado. Y a todas nos parece una mierda y en los bares lo diremos mientras la espuma recorre nuestra cara, pero todas entramos en la esquizofrenia de la publicación a lo loco. Tampoco pasa nada, a nadie le hace daño (bueno sí, a la inversión pública de I+D+i vigilada por los señores con dos manos, pero ¿qué más da?) y así se hace la Cencia. Vivimos en un mundo de locos. Pero al menos dejadnos tener un momento de excrementación mental. Aunque valga para muy poco. Dejo de escribir esto que tengo que seguir con mi artículo para la Journal of Fokin Dicks (JFD).

P.d. del día después: en estos momentos, 3:27 am franja horaria de Mordor, a menos de 24 horas de haberlo publicado, este post lo han leído al menos 130 personas. Mucho más que el 90% de los artículos “científicos” que existen. ¿Dónde está el impacto real? A mí no me preguntes, solo soy una chica.

Max

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2 comentarios en “Publica o muere… y el gatito murió

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