Jets en rotondas: patrimonio nacional por tierra, mar y ¿aire?

Coruña del Conde, Burgos I

Coruña del Conde, Burgos (hasta hace bien poco).

Como toda iniciativa del GAS, ésta también tiene un marcado carácter pionero y (sobre todo) friki. Hoy os proponemos un breve paseo por un tipo de bien común poco explorado por la Arqueología del siglo XXI: ¡aviones! ¡aviones everywhere! Pero, por encima de todo, aviones en/sobre/entre/cerca-de rotondas, el pedestal patrio por excelencia, el nuevo referente público del Reino de España. Hoy, en el GAS, patrimonio caído del cielo: jets en rotondas.

En las décadas de 1920-1930, la tasa de analfabetismo en España rondaba el 40-45%, pero ya tenía tres galardonados con el premio Nobel. En 1933, la película de Luis Buñuel, Las Hurdes, tierra sin pan, escandalizó a las clases urbanas acomodadas o medio-acomodadas por mostrar la crudeza de la atávica miseria de la región salmantino-cacereña. Tanto la Dictadura de Primo de Rivera (1923-27) como la Segunda República (1931-36) se caracterizaron por intentar poner en marcha unos potentes programas de desarrollo en el país. (Eso sí, cada régimen lo hizo en base a su visión de las cosas…). Los contrastes eran notables. La España urbana, moderna y cosmopaleta se veía así misma cada vez más diferente respecto a esa “España vacía” (por robarle el término a un libro recientemente publicado) que la circundaba, rodeaba y atenazaba.

PlusUtraPalos

El Plus Ultra en Palos de la Frontera (Huelva), antes de despegar (22 ene. 1922).

En aquel país de mulas y carretas, el cinematógrafo y la radio se hacían eco de la “hazaña del Plus Ultra“: el hidroavión que atravesó el Atlántico de Huelva a Argentina en 1922. El era épico en tanto que era una especie de nuevo “descubrimiento de América”. No era casualidad que el despegue tuviese lugar en Palos de la Frontera (Huelva).

El aparato estaba tripulado por un equipo que representaba bien a esa España contradictoria y un poco loquer de los años. Entre otros, en el Plus Ultra, encontramos a Julio Ruiz de Alda (un pijo navarrico que luego será co-fundador de Falange) y Ramón Franco (hermano del futuro Caudillísimo, pero simpatizante del republicanismo federal y futuro diputado por Esquerra Republicana). Se erigieron monumentos en honor a la gran gesta aérea que parecía colocar a España en el selecto club de potencias pioneras de la aviación (a pesar de que el avión era un Dornier Do J Wal germanísimo). El vuelo del Plus Ultra fue toda una inyección de autoestima nacional en un tiempo en el que los fiascos coloniales se acumulaban dolorosamente y la conflictividad social aumentaba. La épica de los cielos nos acercaba a la Modernidad, pero sin renunciar a nuestra identidad patriótica, históricamente arraigada y elevada hacia lo infinito.

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Monumento argentino al vuelo del Plus Ultra en Huelva (izda.) y monumento franquista de misma temática pero realizado en 1951, en Moncloa, Madrid (dcha.).

España ha sido un país que ha profesado devoción por sus aviadores. Esos hombres apuestos y valerosos, impecablemente peinados, altivos y viriles, algo así como toreros del Progreso, eran especialmente admirados en la primera mitad del siglo XX. Los residuos de esta sacralización del “aviador” han llegado a nuestros días, precisamente en el gremio de la historiografía. El clan Salas Larrazábal, formado por hermanos mitad pilotos y mitad historiadores, ha sido uno de los más respetados tanto por el público como por la construcción académica del pasado. (El privilegio de ser la voz de la Historia les ha venido bien para, por ejemplo, maquillar cifras de masacres aéreas cometidas por alguno de sus miembros…). Hoy en día también es un poco así: uno de los momentos más esperados por el público que asiste al desfile militar del 12 de octubre en Madrid suele ser cuando un grupo de jets, la Patrulla Águila, dibuja la enseña nacional en el cielo. Una vez más, Nación y Modernidad se dan la mano a la perfección.

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Patrulla Águila en el Día de la Hispanidad y el imaginario aventurero-COLONial.

Al contrario que la Legión, a la que le gusta pasearse con el pecho palomo y cantar “El novio de la muerte” a niñas y niños terminales en un hospital, la Aviación española muestra cierto atractivo más “neutro” y fácil de cara al consenso o, al menos, no tan chusquero como otros cuerpos del Ejército. Nos remite a la idea de aventura, de descubrimiento y de progreso técnico. Y eso mola. Es algo digno de ser mostrado en el escaparate de toda sociedad occidental que se precie: el “espacio público”. Hemos hablado mucho ya en esta web de cómo el espacio público es un “falso ente de consenso” (parafraseando un poco a Manuel Delgado) y todo un ejercicio de poder e ideología… Y hoy, volveremos a hacerlo.

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Pie a tierra. Un C-101 de la Patrulla Águila, frente a la Universidad Politécnica de Cartagena.

Mientras que el “aviador” ya no es el objeto fetiche de masas que era en las primeras décadas del siglo XX -al fin y al cabo, la imagen que tenemos del piloto comercial ha bajado un poco esos humos de pionerismo y los ha convertido en muestras de perfume, controles de seguridad y aviones low-cost a revosar-, ahora el objeto “en sí”, en todo un ejercicio de metonimia, pasa a formar parte del decorado cotidiano. En todo el Estado, en una pequeña investigación de andar por casa, hemos contabilizado unos 19 lugares en los que vemos estos ingenios aéreos se muestran con los pies en el suelo.

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Mapa del “Jets en rotondas Project” (por llamarlo de alguna manera).

La tipología general de aparatos observados se corresponde con aviones ya inhabilitados o fuera de servicio (lo cual no es ninguna proeza de arqueo-lógica: es bastante de cajón). En muchos casos, estos se sitúan cerca de bases aéreas como en el caso de Getafe, que cuenta hasta con 3 aviones en el espacio público. Lo chulo en la mayoría de estos lugares es que, efectivamente, los aparatos se hallan anclados en el centro de sendas rotondas, junto a centros comerciales, bloques de viviendas de nueva construcción o sucursales de comida rápida. La verdadera pregunta arqueo-lógica que tal vez debemos intentar responder es: ¿por qué?

El Bercial, Getafe, Madrid

El Bercial, Getafe, Madrid.

A finales del siglo XIX y principios del XX, Occidente vivió una verdadera “estatuomanía”: cada país entronizaba a su líder nacional en forma de escultura majestuosa en alguna plaza o frente a algún edificio público. Ahí tenemos las imágenes de Viriato, Vercingetórix, Boadicea, el Cid Campeador… O, sus macabros derivados de culto al líder en los régimenes autoritarios del siglo XX: Hitler, Mussolini, Stalin, Hitler otra vez…

Reus, Tarragona I

Reus, Tarragona. ¿Rotonda catalanizada con jet?

En la segunda mitad del siglo XX, la figura humana ha sido cada vez más apartada del espacio público y, en su lugar, se ha apreciado más el poderoso influjo del objeto, la evocación de lo material, el fetichismo de la mercancia (por decirlo en términos marxistoides, más o menos). Ya no se representa a la Patria como una mujer gigantesca vestida con una túnica y una corona de laurel. La Patria está presente en forma de nomenclatura de calles, placas, inscripciones, esculturas sin forma humana, etc. Por ejemplo, en Madrid, frente a las torres-antes-conocidas-como-KIO hay un monumento “a la Constitución”, con una escultura en forma de libro abierto. No hay un alguien que concentre el poder simbólico. Nadie ejerce ese poder, pero algo lo sostiene con rotundidad. A pesar de  apartar  lo antropomorfo de la calle, la lógica del “espacio público” sigue siendo la de la representación y el control, en términos de flujo (peatonal) en la vida cotidiana.

Utrera, Sevilla II

Utrera, Sevilla.

Sin embargo, en la España posmoderna, poscrisis y pos-eso-es-todo-amigos, tal y como nos los recuerdan desde Nación Rotonda, el espacio público se ha transformado en gran medida en un fracaso. La “peatonalidad” ha sido una de las grandes derrotas en un sistema que ha devorado suelo sin parar para así hacer grandes urbanizaciones, avenidas absurdamente grandes y barrios fantasma. La rotonda es el nuevo pedestal ideológico y simbólico sobre el que reposa todo el peso de la representación pública. Los aviones se alzan sobre rotondas, en parte, porque no pueden hacerlo en otros lugares. No hay otros lugares. O, al menos, no parecemos capaces de construir otros lugares.

Socuéllamos, Ciudad Real II

Socuéllamos, Ciudad Real.

Y al final, hasta nos encariñamos con este nuevo lenguaje del “patrimonio” (pongamos en duda si esto es Bien Común). El ejemplo final que ilustra que debemos empezar a fijarnos en las viejas-nuevas relaciones que se generan entre sociedad y patrimonialización lo encontramos en Castuera (La Serena, Badajoz).

Castuera, Badajoz II

Castuera, Badajoz.

En Castuera se localiza el único campo de concentración franquista que ha sido declarado BIC. Igualmente, hace unos años se realizaron varias exhumaciones en su cementerio con el fin de restablecer la dignidad de decenas de personas represaliadas. El Ayuntamiento (en manos de IU) estaba muy interesado en estas cuestiones, pero debemos tomar en cuenta también otra cruzada que emprendió: la retirada de un caza del Ejército del Aire de una de las rotondas del pueblo. Hubo varias protestas y hasta se formó cierto asociacionismo en defensa del jet, que era todo un referente en el imaginario colectivo. Finalmente, el avión fue retirado, pero la fractura quedó patente. A unos kilómetros de allí, el campo de concentración de Castuera sigue siendo BIC, pero el abandono va devorándolo poco a poco, ante una aparente apatía generalizada.

Castuera, Badajoz III

Retirada del jet de Castuera en 2012.

¿Estamos (una vez más en la historia) ante un proceso de asimilación popular de un mensaje nacionalizador? ¿O nuestro deber es lidiar con esta cuestión tratándola como una “apropiación colectiva” de un bien material? La Arqueología en Comunidad en la España del siglo XXI nos enfrenta a espejos deformantes en los que, al parecer, no nos gusta mucho mirarnos.

Para acabar, os invitamos a seguir completando este mapa con los lugares que conozcáis que consideréis que pueden encajar en esto de “Jets en rotondas”. (Ya veréis en el mapa que os lanzamos cómo hemos tenido bastante manga ancha a la hora de definir “jet” y “rotonda”…). ¡Animaos a participar! Aquí el enlace al mapa.

Soyuz Gorri

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Un comentario en “Jets en rotondas: patrimonio nacional por tierra, mar y ¿aire?

  1. Pingback: “La concordia fue posible”. Arqueología de la Suárez-manía | Grupo Arqueología Social

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