Streets of Philadelphia (I): una nación creada a hostias de campana

Fermosas vistas asfálticas del Parque de la Independencia en Filadelfia. Foto cortesía de Bonicodeltó

No contentas con tener al niño tailandés de ocho años (Bonicodeltó se llama… creemos) leyendo libros hemos decidido que se vaya a explorar el mundo para rellenar el blog con posts curiosetes y exóticos. Ya se sabe, cuanto más internacional, más cool eres. Y en el GAS somos cool para rato. Anyway. A pesar de que mandamos a Bonicodeltó a hacer una entrevista a Harris a Las Bermudas (sí, Harris nació y vive en Las Bermudas), el muy tonticodeltó (pausa en nuestro relato introductorio de mierda; por favor, dadle al link, yo todavía me estoy partiendo el ojayer) acabó perdido en las calles de Philadelphia. Y le pareció tan interesante el paseo que nos trajo toda una trilogía (o cuatrilogía, ya iremos viendo) para compartir con vosotras sobre la ciudad donde se creó el queso de untar. Hoy, la campana de la Libertad y la creación de la nación más chachipiruli del mundo, Corea del Norte.

Na, en realidad es coña, es Estados Unidos de América, pero ya le has dado al “leer más” y te tenemos atrapao. Para ambientar nuestro paseo, es imposible no hacerlo sin la voz de Bruce susurrándonos al oído.

Como veremos en esta trilogía, Philadelphia es una ciudad-síntesis. En ella se ve representada prácticamente toda la historia no solo de los EEUyU sino del desarrollo del capitalismo como sistema. Ahí es nada. Empezando por el final, Philly (así lo llaman los nigras y como somos cool pues eso) se ha convertido en un parque de atracciones a pequeña escala en la que se ha intentado fosilizar toda la materialidad posible de la época colonial. En pleno centro de la ciudad te encuentras con el Parque de la Independencia y tres de los fósiles-directores más simbólicos del proceso de independencia de EEUyU de sus coleguis bebetés: la tumba de Benjamin Franklin, el Independence Hall y la Campana de la Libertad. Estos tres son de visita obligada para todo usamericano de pro que quiera conocer (y normalizar) su identidad.

Benjamin Franklin pasa por ser la cara amable de todo el proceso de independencia. Para los muchos, ese gran inventor de la estufa Franklin y del pararrayos. Para los menos, aquel colgado amigo de un ratón pre-ratatouille. Para los listillos, el tipo que dijo la famosa frase “En este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos” -aunque hay fuentes fiables que aseguran que la frase de marras la dijo saliendo de Hacienda y fue más un “Hacienda somos todos… los gilipollas que pagamos el IVA de autónomos”-. Sin embargo, no todo era belleza en el bonachón Franklin. En un libro que ya tendremos ocasión de reseñar con un poco más de detalle, la historiadora Nancy Isenberg dice que Franklin era más bien un clasista que despreciaba a las clases bajas y que trataba de consolidar el poder de las clases aristócratas del momento. Nos engañó con su mirada de ratón colorao.

Benjamin Franklin. Pizpireto.

En cualquier caso, la tumba de Ben se ha convertido en un destino común de visita en el cementerio de la Iglesia de Cristo, iglesia de finales del siglo XVII que se convirtió en centro de referencia de la casta usamericana del momento. Allí no solo están enterrados varios firmantes de la Declaración, sino que era lugar de rezo de gente de la talla de George Washington. Como buen lugar de peregrinación, la tumba de Ben Franklin está petada de monedas en ese absurdo rito de tirar monedas a lo loco en sitios random (de esto tenemos que hacer un post, compañeras; materialidad del borderline).

Tumba de Franklin y la materialidad de los borderline. Foto cortesía de Bonicodeltó

Bonicodeltó tuvo la oportunidad de visitar el Independence Hall el día del Presidente, lo que fue toda una oda a la épica usamericana. Después de esperar cerca de una hora y después de la correspondiente exploración completa de orificios, te hacen pasar al lugar donde firmaron la Declaración de la Independencia, total y absolutamente fosilizado en el tiempo. Fosilizado de tal manera que, salvo algunas sillas que tuvieron que reponer, el salón está exactamente igual al 4 de julio de 1776. De hecho, según decía el entusiasta guía (una clase social aparte; peña que se lo cree de verdad verdadera y se mete en su papel de custodio de la Historia como si esta fuera un guante con el que golpear tu mandíbula de imbécil ignorante) la silla de presidente es la misma que utilizó George Washington aquel día. Dato que sirve de mediador en la actualidad, ya que todos los presidentes cuando hacen su visita correspondiente lo primero que piden es sentarse ahí. Por supuesto, el último fue Obama. Bonicodeltó jura que cuando el entusiasta guía dijo que Obama se sentó en la silla la peña se puso a aplaudir salvo un par de tipos que llevaban camisetas con la bandera confederada. Esos no aplaudieron. O si lo hicieron, lo hicieron muy bajito.

Sala donde se firmó la Declaración de la Independencia. En una de las sillas Thomas Jefferson se tiró un cuesquer. Había comido alubias pintas. Foto cortesía de Bonicodeltó.

El Independence Hall se convirtió en un referente simbólico de tal magnitud que no solo es un lugar de peregrinación para los usamericanos deseosos de materialidad patriótica. El 18 de octubre de 1918, wikipedia dixit, Tomás Masaryk, fundador de la república de Checoslovaquia, proclamó la independencia de ese país en sus escaleras. Toma del frasco, ahí queda eso.

Materialidades insistentes. Foto cortesía de Bonicodeltó.

La Campana de la Libertad estuvo en el Independence Hall hasta 1852, sustituida un par de décadas después por una réplica. Irónicamente, la campana se fabricó en Londres a mediados del siglo XVIII, pero fue el que dio el aviso de que se había firmado la Declaración de Independencia. ¡¡¡Bum, en tu cara, Jorge III!!! Na, es coña. Eso de que tocó el 4 de julio es algo que se inventaron bastante más tarde, en el siglo XIX seguramente. Cosas del patriotismo. También es coña una historia que circuló de que Taco Bell compró la campana para reducir la deuda del país, bromitas de la cadena de comida rápida. Lo que sí es cierto es el que nombre de “Campana de la Libertad” se lo dieron con motivo de la lucha por la abolición de la esclavitud, cuando la campana se convirtió en un símbolo de la defensa de las libertades civiles.

Abraham Lincoln estuvo de pie aquí… En serio es lo que conmemora esta placa. Yo estuve de pie esta mañana una hora esperando el bus y no me ponen una. Foto cortesía de Bonicodeltó.

Actualmente la campana está en un pequeño edificio de cristal al que acuden la friolera de 1,5 millones de personas al año. No hay duda de que los usamericanos son entusiastas de lo suyo. En su visita, Bonicodeltó fue de espía coreano detrás de una familia. Según lo que nos contó, la madre iba con su hijo y cuando estuvieron delante de la campana, le dijo “¿Ves? Esto simboliza la libertad. ¿Te gusta la libertad, verdad? Porque nosotros tenemos libertad. En otros países, como China, no tienen libertad y no pueden elegir a su presidente. Nosotros sí. Esta vez no fue una mujer, pero algún día lo será”. God bless fokin america, yes. Como parece que para ser guay tienes que celebrar tu independencia en Philly, también Ghana celebró su independencia delante de la Campana de la Libertad en marzo de 1957. Wu Ming toma nota.

La Campana de la Libertad en todo su esplendor de objeto Disney. Foto cortesía de Bonicodeltó.

La tumba de Ben, el Independence Hall y la Campana de la Libertad no solo simbolizan la creación de una nueva identidad como fue la usamericana, sino que son un referente material para reproducir, fortalecer y normalizar esa identidad. La independencia de EEUyU fue tal gracias a la presencia de mano de obra esclava negra y mano de obra de bajo coste blanca que sostuvo a los Benjamins Franklin de la época y sus plantaciones de tabaco, cereal y algodón. La nación del capitalismo. Pero a pesar de que esto se expone en el propio Independence Park, parece que la huella ideológica del racismo y del clasismo no se borra, como muestra la reciente peli “I’m not your negro” (Raoul Peck, 2016), que recomendamos ver.

Honrosa exposición en la parte exterior del Parque de la Independencia. Foto cortesía de Bonicodeltó.

Y es que realmente, el mensaje que se transmite no es el de una nación creada a ostias (no de la campana, como hemos visto), sino el de una nación que estaba destinada a ser independiente. Nación orgullosa por ser independendiente, por tener su propio destino (para las clases altas, por supuesto) y materializarlo a través de la fosilización de un paisaje disneyficado y, en el fondo, aséptico. Solo hay que ver para quién se manda el mensaje o quién lo recibe. En un estudio que se hizo de los visitantes, el 94% de los visitantes Parque de la Independencia eran blancos. ¿Casualidad? Yo que sé. A mi dejadme en paz. Seguimos otro día.

Max

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3 comentarios en “Streets of Philadelphia (I): una nación creada a hostias de campana

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