“La leyenda de Tarzán” o “la mierda más colonialista que he visto en mucho tiempo”

“Vamos a ver algo que no nos haga pensar mucho”, dijo miles de veces cualquier colega del mundo ante la cuenta de netflix o la pantalla del ordenador con una lista inmensa de pelis. Te pillan desprevenida, sin ganas tampoco de ponerte a ver una peli de Tarkovsky, Jodorowsky o de alguna otra directora acabada en “ovsky”, y se te cuela en el occipital derecho cualquier basura salida de las entrañas de Hollywood, que son muchas. Y con la tendencia que tiene ahora la industria usamericana de hacer remakes, reboots y octavas partes de sagas para ganar más pasta, las posibilidades de que te toque un atentado contra el séptimo arte son muy grandes (atreveos a darle al link, venga). “Vamos a ver algo que no nos haga pensar mucho”, dijo mi colega mientras daba al play a “La leyenda de Tarzán“. Y, maldita sea, al final me hizo pensar mucho en la bazofia colonialista que acababa de ver y tenía que compartirlo con alguien. Bienvenidas a otro vómito del GAS.

Portada del libro de 1912 que inició la cadena de acontecimientos que llevaría inexorablemente hasta este post.

Todas conocemos la movida de Tarzán, fundamentalmente gracias a Disney y su capacidad de insertar imágenes en nuestro cerebelo que se quedan grabadas a fuego para los restos. En el contexto del reparto colonial de África por parte de las potencias europeas, un par de bebetés mueren en el África ecuatoriana y su recién nacido hijo es criado por una simia de nombre Kala. El chaval crece, y como es hombre y blanco se acaba haciendo con el cotarro del rebaño. Un día conoce a “Tú Jane, mujer mía/estereotipo de mujer en peligro” de la que se acaba enamorando y con la que se va a Inglaterra, donde conoce su “verdadera” identidad de hombre blanco, que es ser John Clayton III, alias Muchobelfo. De la bestia salvaje en su estado natural a la civilización; Rousseau y Hobbes se harían un fisting con esta historia.

Ya en su momento la novela de Edgar Rice Burroughs fue acusada de ser un pelico racista y un pelico machista. Pero lo de la película de 2016 es de traca. El aborto cinematográfico recoge algunas líneas de varias de las novelas sobre Tarzán, sobre todo de las dos primeras (“Tarzan de los monetes”, 1912; y “El retorno de Tarzán (de los monetes), 1913”). Arranca con Tarzán ya convertido en John Clayton en Inglaterra y completamente renegado de su origen “salvaje” (para incidir en esta idea, bebe té con el meñique levantado). Sin embargo, es engañado por el capitán belga Leon Rom (interpretado por Christoph Waltz… ¿qué haces con tu vida, maldita sea?) para ir al Congo para ser parte de un plan maquiavélico para apoderarse de unas minas de diamante de allí. En la aventura se lleva a Jane (interpretada por la naaaaaaaaaaada sexualizada Margot Robbie) y a, atentos al nombre, George Washington Williams, un empresario usamericano negro como Samuel L. Jackson que además es veterano de varias guerras.

George Washington a la izquierda. Una estatua de cera a la derecha. Al fondo, portero de discoteca un sábado por la noche.

Solo hay una cosa más patética que una mala película de Hollywood… una mala película de Hollywood intentando ser política. Es como el PSOE intentando ser de izquierdas. Joder, no, Hollywood, que no. En un absurdo intento de crear un trasfondo para la historia, los guionistas insertan la aventurilla de Tarzán en el contexto del Congo colonial de Leopoldo II de Bélgica (1885-1908). Como sabemos, Leopoldo y su gobierno fue quizá uno de los regímenes genocidas más chungos de la historia.  Leopoldo, amante de los negros y emprendedor digno de subvenciones del Santander, impuso un régimen de bayoneta y cuchillo en su intento de controlar mercados como el de caucho, muy necesario para la fabricación de los recién inventados neumáticos. Se calcula que gracias al colega y a sus métodos de disuasión se asesinaron a 10 millones de personas. El ferrocarril y las carreteras a través del Congo facilitaron que el ejército hiciera sus cosas más rápidamente, como por ejemplo amputar las manos a los que se portaban mal (colección de fotos chungas aquí).

Bueno. Pues lo que viene a decir la película básicamente es que Inglaterra (Tarzán/John Clayton) y EEUyU (George Washington) son los salvadores del Congo gestionado por unos genocidas belgas. El mundo anglo/blanco salvando el mundo salvaje de los negros y de los belgas, a los que odiamos por que sí. Sobre todo desde que Tintín nos conquistó nuestro corazón racista. O sea, posiblemente los dos mayores Estados genocidas de la historia salvando a los negros del Congo de otro de los mayores Estados genocidas de la historia. Solo faltaba la Alemania nazi entrando al trapo… y entraría si les dieran las fechas. A lo largo de la película esta idea flota de forma constante. Y en el caso de Tarzán todavía podría estar justificada su aparente sensibilidad ante la tierra que le vio crecer… pero lo de Jorge Washington/Estados Unidos de América de verdad que es deleznable. Claro, para justificar su posición (“¿pero qué leches hace un americano en esta peli para empezar?) los guionistas le marcan un pequeño monólogo que le intenta parecer aceptable para la audiencia. Lo transcribo:

“El dolor. Estoy muy familiarizado con él. La Guerra de Secesión fue una dura batalla. Y me siento orgulloso de haber participado. Pero me cambió. Llegué a convertirme en un polvorín andante. Me uní a la lucha contra Maximiliano en México. Luego, luché contra los indígenas. Hice las dos cosas por dinero. Era joven… no es una excusa (pausa dramática). Lo de México fue horrible. Pero lo que les hicimos a los indígenas (pausa todavía más dramática y suspiro dramático)… No soy mejor que esos belgas.

Zasca. En todo tu cosmopolitismo. Fuente: http://www.rinconcete.com

De coña. Lo que le hicimos a los indígenas fue muy chungo, pero lo reconocemos y ahora nos vemos en la obligación moral de ir salvando el mundo de otros genocidas… En fin. Como no quiero hacer el post muy largo ni tampoco haceros un ideólogosplaining, mejor que veáis la peli y vomitéis por vuestra cuenta. Os dejo un link para verla aquí, a ver si no nos cierran el chiringuito. Sit tibi hez levis.

Max

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Un comentario en ““La leyenda de Tarzán” o “la mierda más colonialista que he visto en mucho tiempo”

  1. Pingback: Emily Warren Roebling: La mujer (burguesa) detrás del puente (de Brooklyn) | Grupo Arqueología Social

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