Felipe II o el imperio en el que nunca se (le) pone floja

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Ilustración de José David Morales para el libro ‘Historia absurda de España’ . Fuente: Strambotic.

Cuentan ilustres historiadores que Felipe II generó una monarquía papelera, por aquello del incremento de la burocracia, los impresos normalizados y las sabandijas que los llevan de un lado para otro como pollos sin cabeza. Pero no me contaron en el cole que la producción de kleneex aumentó durante todo el reinado de este monarca, básicamente, porque no paraba de cascársela. Y su pito sí que debió mantener su cabeza de milagro; reflejan las crónicas de la época que tenía el miembro viril como el joystick de la Playstation (que por aquel momento debía ser la Play 2) o como el mango de un cuchillo. Para colmo de todo eso, acceder a la pornografía no era nada fácil: por entonces el Internet iba por cable, las páginas tardaban un montón en cargar y no se podía hablar por teléfono cuando andabas trasteando en la web, algo que provocó que su madre, Isabel de Portugal, casi lo pillase en plena faena en más de una ocasión al ir a decirle eso de “niño, corta el Internet ese que tengo que llamar a tu tía la Loli”. Encima, en El Escorial el tío del kiosko conocía a toda la familia real. ¿Con qué cara quieres que fuese allí Felipe II a comprar, m’anquesea, la Interviú? Sigue leyendo

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Carne de cañón (I): policías en el conflicto vasco o una visión desde la (otra) alteridad. Introducción: la Policía Armada y las CRGs

Agentes de la Policía Nacional de la 11ª Compañía de Reserva General (Miranda de Ebro) en la Cuesta de Aldapeta (San Sebastián) junto a unas tanquetas. Fotografía tomada en torno a 1980. Fuente: Página de CRG de Facebook.

Son las dos y pico de la tarde de un caluroso día de verano. Yo, por entonces un crío de pocos años, juego en calzoncillos sobre el suelo del salón. Corren los primeros años de la década de los noventa. De repente, la música de inicio del telediario interrumpe bruscamente el concurso que estaban emitiendo en RTVE. Mi padre apura de un trago otro vaso de gazpacho mientras agarra el mando a distancia y sube el volumen del televisor. “Uh… malo”, masculla entre dientes. Sigue leyendo

El Espíritu de las JIA

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El Espíritu de las JIA (Jia Jia para las coleguis) y Academia, su parejita, disfrutando de los placeres de la cautividad (Fuente: nationalgeographic.com.es)

Queremos ser un espacio abierto a la colaboración de todas (las que piensen igual que nosotras), por eso, con esta colaboración de Rata Dospatas, queremos iniciar una ronda de reflexiones sobre las JIA en general, y las JIA17 en particular. Os dejamos con la aportación de esta querida compañera que, por lo irritado de su tono, seguro que no ligó en Burgos y ahora paga su frustración con el teclado y todas nuestras lectoras.

Un año más, una joven comunidad de arquehólicas millennials (bueno, lo de joven es relativo, algunas ya estamos tirando para viejas pellejas) se ha juntado en Burgos para darse a la bebida y hablar sin mesura de temas relacionados con esa ciencia ciencia social humanidad ehhm, disciplina? llamada Arqueología. Sigue leyendo

(Esquizo)arqueología(s)

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“El grito de Antígona”. Fuente: helenaiza

Presento aquí una hipótesis de trabajo llamada esquizoarqueología. Por un lado ésta bebe directamente del esquizoanálisis de Deleuze y Guattari, siendo heredera y a la vez paralela con respecto a dicha teoría. Por el otro, también evidencia cierta posición “esquizoide” de quien investiga. Sigue leyendo

“Franco no estudió en West Point”. Paquito el mediocre.

En el GAS siempre nos hemos caracterizado por hacer lo que nos sale del trilirili la libertad de expresión. Nuestro rollo es que todo el mundo hable independientemente de sus creencias, orientaciones, color de piel o equipo de furgol… Es mentira, Wu Ming censura todo lo que puede y más, pero hoy se nos ha colado esta reseña sobre el libro “Franco no estudió en West Point” de Gabriel Cardona escrita por alguien de nombre Facho Fachez y como el que filtra estas cosas está en las JIA bebiendo las gotas que caen de los floreros que previamente tenían agua que ya se bebió haciendo cencia, pues decidimos publicarla.

Este libro es una mierda y punto. No hay quién lo lea de las mentiras rojo-masónicas que rezuma en cada una de sus palabras. Yo he hecho el esfuerzo vomitando por el camino para dar a conocer las calumnias y desaires cometidos contra nuestro querido CaudillO (tan grande es que tiene, como Cristo, un principio y un final en mayúscula). “Franco no estudió en West Point” es un libro al que Primo de Rivera no daría a like. Con esto lo digo todo y no digo nada. Sigue leyendo