“Franco no estudió en West Point”. Paquito el mediocre.

En el GAS siempre nos hemos caracterizado por hacer lo que nos sale del trilirili la libertad de expresión. Nuestro rollo es que todo el mundo hable independientemente de sus creencias, orientaciones, color de piel o equipo de furgol… Es mentira, Wu Ming censura todo lo que puede y más, pero hoy se nos ha colado esta reseña sobre el libro “Franco no estudió en West Point” de Gabriel Cardona escrita por alguien de nombre Facho Fachez y como el que filtra estas cosas está en las JIA bebiendo las gotas que caen de los floreros que previamente tenían agua que ya se bebió haciendo cencia, pues decidimos publicarla.

Este libro es una mierda y punto. No hay quién lo lea de las mentiras rojo-masónicas que rezuma en cada una de sus palabras. Yo he hecho el esfuerzo vomitando por el camino para dar a conocer las calumnias y desaires cometidos contra nuestro querido CaudillO (tan grande es que tiene, como Cristo, un principio y un final en mayúscula). “Franco no estudió en West Point” es un libro al que Primo de Rivera no daría a like. Con esto lo digo todo y no digo nada.

El libro está perpretado por un supuesto profesor de Historia Contemporánea comunista-trotskysta llamado Gabriel Cardona. Por supuesto, como no podía ser de otra manera, enseña en la Universidad de Barcelona. ¡Además de anarco-masón, separatista catalán! Una vergüenza que haría enmudecer a Blas Piñar si levantara su enhiesta cabeza poblada de entradas calviciales. Para colmo, el señor Cardona perteneció al estamento militar y fue uno de los fundadores de la Unión Militar Democrática. Rojo, separatista y traidor. José Antonio, ¿por qué nos has abandonado?

Retrato robot del autor del libro. Fuente: Pinterest.

Todo este esperpento en forma de palabra escrita pretende narrar en forma de ficción novelada el paso del glorioso CaudillO por la insigne Academia de Infantería de Toledo, creada en 1850 e instalada en el Alcázar de la ciudad, símbolo irredento de nuestra enconada lucha contra las hordas rojo-punkis. La historia está contada a través de una supuesta historiadora americana (mujer… tenía que ser mujer) que viaja a Toledo para reconstruir la historia del CaudillO durante esos años. Como todos los patriotas de verdad sabemos, nuestro CaudillO pasó los tres años entre 1907 y 1910 en la academia, donde realizó una magistral estancia llena de estudio, formación y disciplina.

Sin embargo, el libro tergiversa y retuerce la Historia como si de un trozo de metal inoxidable se tratase. Según el autor, ni Franco fue ese genio militar que todos sabemos que fue, ni ese líder indiscutible que todos sabemos que fue. En cambio, presentan a un CaudillO frágil, tímido y objeto de las burlas de sus compañeros por su baja estatura que le darían el sobrenombre, según las fuentes masónicas, de “Cerillín“:

Los “plebeyos” de West Point son chicarrones entre los diecinueve y los veinte, previamente entrenados en la vida militar y en los deportes. En cambio, Francisco era un enclenque niño de apenas quince, recién sacado de su hogar, y su llegada a la academia resultó muy dura… [En la jura de bandera] Desde su última fila, Francisco, que acababa de cumplir quince años, apenas veía nada y se guiaba por los toques de corneta. Firmes, descanso, atención, firmes, presenten. ¡Rindan! Se hizo un lío para quitarse el ros con la mano izquierda, retrasar el pie derecho, hincar una rodilla y echar su cuerpo adelante, sin perder el equilibrio y manejando el fusil con la derecha. Al fin y al cabo, era una suerte estar en la última fila, donde nadie notaba los errores.

“Pues no me noto mucho más tonto que antes…”. Fuente: http://www.ecestaticos.com

Sin embargo, el libro no solo se centra en esta claramente manipulada visión del CaudillO, sino que entremezcla su paso por la Academia con el contexto socio-político del momento, que empujaría al CaudillO a abanderar la Gloriosa Cruzada contra el régimen comunista-filorayovallecano que Stalin impuso en 1931. Así, “Paquito” (tal es el desfachatado mote que le pone el autor al CaudillO… ¡increíble!) fue uno de entre la generación que vivió el fin del Imperio donde no se ponía el Sol tras la pérdida de Cuba y Filipinas. Su familia, conservadora como hay que ser y católica como hay que ser, le inculcó un espíritu nacional de orgullo por una Patria que se escapaba entre los dedos. Su ingreso en la Academia formaba parte de ese destino en lo universal que Paquito… digo… el CaudillO tenía que cumplir para devolver a ¡España! su antigua gloria. Sin embargo, lejos de ver este claro movimiento del Destino, el autor se empeña en las mentiras:

Fue un hombre decidido a imponer su voluntad a un mundo que lo había tratado con dureza. He aprendido que quien hace daño a un niño entierra la semilla de un odio futuro; sin embargo, miles de muchachos españoles padecieron una niñez mucho más desgraciada que la suya y culminaron su vida como adultos normales. Los avatares de la infancia no modelan las conciencias como si fueran fotocopias.

Academia de Infantería de Toledo. Fuente: wikipedia.

¡Maldita sarta de mentiras judeo-catalanas que el autor utiliza en boca de su periodista (que seguro que era fea y mala ama de casa) para calumniar a nuestro querido CaudillO! La última parte de este terrible compendio de falacias, falsedades y… falcatas se centra en el impacto que sufrió el estamento militar ante las derrotas de la Guerra del Marruecos por parte del terrible y yihadista Abd-el-Krim. Guerra en la que finalmente el CaudillO participaría y se convertiría en un héroe digno del mismísimo Hércules. De hecho, podría considerarse que Franco es el hijo de Hércules: Herculito. Tal impostura es la del autor que pone en boca de un militar americano un falso chiste contado sobre el CaudillO:

Al final de los años 50 la situación económica era pésima y Franco reunió a sus ministros en consulta.

– Estamos al borde de la bancarrota y creemos que la única salida es declarar la guerra a los Estados Unidos -dijo el ministro de Hacienda.

– ¿Cómo ha dicho usted? – preguntó Franco.

– Sí, mi general -prosiguió el ministro-: declararemos la guerra a los americanos; nos derrotarán en cuatro días, luego nos aplicarán el Plan Marshall y estaremos salvados.

– Tengo una seria duda sobre el resultado de su proyecto -dijo entonces Franco.

– ¿Qué duda, mi general?

– Y si, a causa de mi genialidad militar, derrotamos a los Estados Unidos ¿qué haremos luego?

En resumen, “Franco no estudió en West Point” es un libelo marxisto-liberal que no debe ser leído por ninguna persona, y menos si es de derechas. Es mejor no saber leer que leer este libro (lo que nos garantiza que mucha gente de extrema derecha no lo vaya a hacer). Ojalá su autor y las miembras del GAS ardan en el infierno que les espera tras la Segunda Venida del CaudillO, que nos salvará de todas estas infamias cometidas contra su persona… por muy divertidas y bien escritas que estén.

¡José Antonio, sálvanos!

Facho Fachez

Aunque no hemos logrado encontrar ninguna información sobre el autor, sí que hemos encontrado un vídeo que grabó una parienta suya y que reproducimos a continuación:

Max

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