Felipe II o el imperio en el que nunca se (le) pone floja

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Ilustración de José David Morales para el libro ‘Historia absurda de España’ . Fuente: Strambotic.

Cuentan ilustres historiadores que Felipe II generó una monarquía papelera, por aquello del incremento de la burocracia, los impresos normalizados y las sabandijas que los llevan de un lado para otro como pollos sin cabeza. Pero no me contaron en el cole que la producción de kleneex aumentó durante todo el reinado de este monarca, básicamente, porque no paraba de cascársela. Y su pito sí que debió mantener su cabeza de milagro; reflejan las crónicas de la época que tenía el miembro viril como el joystick de la Playstation (que por aquel momento debía ser la Play 2) o como el mango de un cuchillo. Para colmo de todo eso, acceder a la pornografía no era nada fácil: por entonces el Internet iba por cable, las páginas tardaban un montón en cargar y no se podía hablar por teléfono cuando andabas trasteando en la web, algo que provocó que su madre, Isabel de Portugal, casi lo pillase en plena faena en más de una ocasión al ir a decirle eso de “niño, corta el Internet ese que tengo que llamar a tu tía la Loli”. Encima, en El Escorial el tío del kiosko conocía a toda la familia real. ¿Con qué cara quieres que fuese allí Felipe II a comprar, m’anquesea, la Interviú?

Por suerte, el pequeño Felipe II tenía un amiguito en el cole, Tiziano, el típico de la clase que dibuja bien. Felisex, como ya lo llamaban por entonces en el vecindario de Madrid, le escribió una nota después del recreo que decía así:

Ola Tiziano,

(Me la agarra con la mano jjajajajajaajajajajj)

K ase? e etao pensando k a lo mejo e vuena idea que me pintes unos dibujos con tías en pelotas para aserme unas pajillas. Puedes venirte también al Real Alcázar si kieres, tengo kleneex para los dos de sobra.

Bale ok?

Fdo.: llo el rei

Fíjate hasta qué punto estaba caliente el colegui que, después de comer, se retiraba a una “sala reservada” que tenía en el Alcázar de Madrid, donde tenía las obras picantes de Tiziano, además de los calendarios obsoletos que desechaban cada enero los mecánicos de las caballerizas y alguna que otra página arrancada de las revistas de los cotilleos que compraba Isabel de Portugal con anuncios de colonias o bebidas alcohólicas. Y es que ya lo dijeron los más eminentes sabios de la Antigüedad: “No hay insomnio que aguante dos pajas seguidas”. Y nada mejor que un meneillo en el bajo vientre para echar la siesta, dando otra vuelta de rosca a la atávica costumbre varonil de meterse las manos en los huevos después de comer, como preludio de un ligero cabeceo… por partida doble.

Felipe II, eso sí, no fue el típico pajillero adolescente. Pillaba cacho bastante a menudo (es lo que tiene ser rey), aunque al final, digo yo, tenía que ser algo como de compromiso. Y eso que se casó cuatro veces y tuvo alguna que otra amante en la corte. Estaba apuntado en el Tinder de la época, que era igual que el de ahora, sólo que las fotografías, en vez de ir en formato jpg. o png. iban en formato cuadro. Y claro, tardaban mucho más en cargar, ya que tenías que enviarlas en un carruaje o lo que sea a cada usuario/a de forma individualizada. Vamos, que en vez de arrastrar las fotografías de mozuelos y mozuelas con el dedo hacia izquierda o derecha en la pantalla táctil de tu móvil, eran unos cuantos caballos, mulas o bestias de carga los que arrastraban tu cuadro de perfil al palacete de otros/as usuarios/as de la plataforma. En otras palabras; en última instancia, eran las espaldas sudorosas de las bestias y monturas las que posibilitaban posteriores monturas sudorosas a lo bestia.

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Cuadro de perfil en Tinder de Felipe II realizado por Tiziano. Todo un fucker. Fuente: Wikipedia.

Y en estos cuadros de perfil también estaba pringado el pobre Tiziano, para variar (aunque no tan pringado como sus cuadros después de la hora de la siesta). De hecho, cuentan que María I de Inglaterra se enamoró perdidamente de Felipe II al ver el retrato de Tiziano. Aunque con edad para ser una milf, no conviene fiarse demasiado de las fotos de perfil de la peña, y Felipe II pasó gran parte de este matrimonio metido en su “sala reservada”, acompañado de la obra de Tiziano, y generando dolores de manos: en la suya por el sobeteo continuo para con su miembro viril; en la de Tiziano por la constante tarea de la pinturita de los cojones (del monarca); y en las de la servidumbre de palacio, por cepillarlas a fondo después de haber recogido los kleneex amarillentos de los rincones más insospechados.

¿Quién iba a decir en el año mil quinientos y pico que, gracias a la masturbación compulsiva del monarca, iba a patrocinar la corona a uno de los grandes pintores renacentistas, proveedor oficial del porno de palacio? Y eso que debería parecernos lo más normal en España… ¿Acaso no pasa aquí siempre lo que al rey le sale de los cojones?

Magnífico Rector

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