«Hay que elaborar el shock»: el GAS, arqueología de guerrilla y Ulrike Meinhof

Ulrike revisando la estratigrafía de la excavación de este verano.

¡Estrenamos temporada 2017/2018 en el GAS y venimos fuertes! Decía Churchill que «si a los 20 años no eres de izquierdas, no tienes corazón. Si a los 40 años no eres de derechas, no tienes cabeza», viniendo a decir que a medida que te haces mayor también te vas convirtiendo en conservadora. Aquí nos pasa lo contrario; cuanto más mayores, más radicales nos volvemos. Semos asín, que le vamos a hacer. El GAS nació para explorar las conexiones de la Arqueología con la sociedad y de momento no nos cansamos de seguir intentándolo. Os dejamos un temazo para amenizar esto.

Cuando en el GAS comenzábamos a hablar de estas movidas de Arqueología, cencia, Academia, sodomía… solíamos soltar el nombre de Ulrike Meinhof a lo loco como referencia (aquí es cuando la mitad de nuestras lectoras dejan de leer y se cursa la denuncia por apología del terrorismo). ¿Y por qué Ulrike? ¿Qué tiene que aportar a la arqueología una «terrorista»? No vamos a entrar en el tema de si la RAF esto o la RAF aquello. Por si alguien quiere saber algo más y entrar al trapo, recomendadísima esta peli. Aquí nos centraremos en algunas ideas de Ulrike a partir de la antología de textos de los 60 publicada en su día por Manuel Sacristán y reeditadas ahora por la editorial La Cotali y de donde sale el título que encabeza este post.

El texto que profanamos aquí. Fuente: http://www.alasbarricadas.org

Y siempre salía Ulrike cuando hablábamos de nuestras movidas, que a todo el mundo interesa (sic), porque ella insistía en que algo había que hacer. Algo estaba mal (y eso entendíamos en el GAS) y algo había que hacer. Pero no bastaba con hacer cosas. Para Ulrike, ese «algo que había que hacer» debía tener un impacto físico, algo material, reconocible. Había que ACTUAR en la realidad, dejar una huella en el mundo. No basta con estar sentado en un sillón escribiendo artículos que nadie lee o soltando pus en las redes sociales. Hay que facer cosas. Y no hay duda de que la arqueología deja huellas físicas… es a lo que nos dedicamos: facemos agujeros, facemos descubrimientos. Pero tampoco bastaba con eso. Sobre todo si lo que acabamos haciendo es normalizar el sistema. Actuar no equivale solo a hacer cosas y dejar huellas materiales, sino también dejar un mensaje transgesor. Un mensaje político que de alguna manera cuestione las relaciones de poder existentes. Y aunque «Política» es una palabra que hace huir a mucha gente, «politizar quiere decir ilustración, ilustración sobre las relaciones de poder, las de propiedad, las de violencia«, escribe Ulrike. La arqueología como ilustración y como despertador.

La institucionalización del descontento adormece a la gente más que movilizarla, les da la sensación de que ya hay otros que arreglarán las cosas, les da buena conciencia, les dispensa de actividad y responsabilidad propias, renueva el espejismo de que es inevitable ser una pelota con la que juegan otros, justifica para muchos el seguir encerrados en la vida privada, consolida la ignorancia de la funcionalización del comportamiento privado para fines públicos (El ala obrera, 1967).

Wu Ming haciendo arqueología de guerrilla (o intentándolo).

Actuar se puede hacer de muchos modos. Se puede actuar en una película o en el Parlamento de los Diputados. Se puede hace una actuación única y espectacular o muchas más pequeñas y constantes. Pero lo que cuenta, según Ulrike, lo que cuenta es actuar organizadamente… y contracorriente. Por eso lo de ser arqueólogas de guerrilla. Hacer cosas novedosas, que impacten y llamen la atención, que politicen/ilustren. La Arqueología está preparada para eso y para más, pensó Wu Ming un día. Guerrilla porque queremos guerrear y (potencialmente) cambiar el statu quo imperante. Guerrilla porque hacemos cosas pequeñas pero (esperamos), impactantes. Guerrilla porque intentamos que estas «cosas» sean organizadas y en colectivo. Una especie de street art (llamado también «arte de guerrilla») a lo Banksy, pero sin ser tan ególatras (ni tan vendidos; pero ¡eh, nos molas!).

«No TV» de John Fekner (1980). Fuente: wikipedia.org

En los dos años y medio que llevamos hemos intentado llevar esto a la práctica varias veces. Ni ha habido tanto éxito ni ha sido tan «impactante», para que engañarnos. Pero paso a paso. Una de las mejores experiencias en este sentido fue nuestro «Un día cualquier en Vitoria«. La memoria, la materialidad y la intervención en la calle en contacto con la sociedad como los elementos-guía para una arqueología de guerrilla. Lo dicho, no fue la revolución esperada por Harris, pero, al menos, se intentó algo distinto, con la sociedad y fuera de los cánones establecidos. Sin permisos de la administración ni leches. Aunque tampoco sin mucho público para que engañarnos (auto-zasca número 2). Seguiremos intentándolo. Esta año mucho más y muchísimo mejor.

La libertad es solo posible a través de su total negación, es decir, se hará posible a través del ataque al sistema por parte de un colectivo de lucha convertido en guerrilla si cuenta con una estrategia para vencer (Fragmento sobre la estructura del grupo, 1976).

Max

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s