Tú también flotarás: Catalunya y algo más

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Las frases bonitas no valen de mucho. No vale decir eso de “no importan las banderas, sólo importan las personas”. No vale perder el tiempo buscándole las tres patas garantías al gato catalán. Más de una decena de altos cargos públicos detenidos. Un gobierno autonómico intervenido a la fuerza. Suspensión de facto del autogobierno. Cientos de alcaldes y alcaldesas bajo la espada del Poder Judicial. Un gran contingente policial enviado ad hoc y alojado en buques en el puerto de Barcelona. Gentes de todas partes echándose a la calle. Hoy, en el GAS, y por imperativo legal, nos solidarizamos con el pueblo trabajador de Catalunya. Hoy hablamos de lucha institucional (y callejera), inversión del orden establecido, vigilancia líquida y un poco de historia catalana.

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Estudiantes sevillanos contra Francesc Macià, lider de Esquerra Republicana (1931)

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València, 13 de septiembre de 2017

España. Una mater dolorosa, siempre disgustada por lo que le hacen sus hijos. Hijos que no aceptan la responsabilidad histórica de pertenecer a una nación más antigua que el propio Tiempo. Una nación que exige el pago de un precio a sus habitantes por el sólo hecho de enarbolar su nacionalidad como privilegio ilustre e hidalgo. Una “unidad de destino”. Hoy (y siempre) un “Estado de Derecho” en el que el Imperio de la Ley es incontestable.

(NOTA: Cualquier estado es un “Estado de Derecho”, en cuanto que tiene un corpus legal que se impone mediante el monopolio estatal de la violencia. Este concepto no es ni ha sido nunca per se sinónimo de “democracia”.)

El 14 de abril de 1931 se proclamó la República española por primera vez en la localidad vasca de Eibar (Gipuzkoa). Más tarde se unirían a esa declaración las demás capitales del Estado: Madrid, Valencia, Sevilla, Barcelona… Los tiempos de la Restauración borbónica y la dictadura de Primo de Rivera se dejaban atrás y un nuevo gobierno, fruto de la coalición de socialistas y republicanos (centro-izquierda/izquierda), arrancaba el “bienio reformista”. La oligarquía dominante, con la Iglesia y el Ejército como algunas de sus principales herramientas, enseguida vio con desconfianza todo este movimiento. Se temía por la “proletarización” de la sociedad (el recrudecimiento de la lucha de clases y el control de la democracia por parte de las “masas”), así como la inversión del orden patriarcal (la presencia de mujeres en el espacio público). Todos estos temores iban dentro de un mismo pack llamado “República”.

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14 de abril de 1931: proclamación de la República española en Eibar

En este nuevo marco, agrupaciones como Esquerra Republicana de Catalunya, vieron que había cierto margen de maniobra para el cambio. De esta forma, en 1932 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Catalunya (o Estatut de Nùria). Era el primer territorio de España en el que se ponía en marcha semejante proyecto de renovación jurídica.

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Simpatizantes de la autonomía catalana en 1932.

En 1933, la victoria electoral se puso del lado del Partido Radical de Lerroux, con un amplio apoyo de la CEDA, un conglomerado contrarrevolucionario que aceptaba (a regañadientes) la democracia parlamentaria como animal de compañía. En 1934, con una gran oposición por parte del Gobierno central, la Generalitat catalana, presidida por Lluis Companys, aprobó la Ley de Cultivos. Esta ley promovía un contrato sobre la tierra conocido como rabassa morta (“cepa muerta”) y que, básicamente, consistía en arrendamientos con precios bajos y de larga duración con el objetivo de forzar a los terratenientes a trabajar sus tierras o a arrendarlas en buenas condiciones. En junio de ese mismo año de 1934, el Tribunal de Garantías Constitucionales declaró ilegal la Ley de Cultivos, tras la denuncia del Gobierno central. (Estado de Derecho, claro). (“El nacionalismo periférico siempre privilegiando lo nacional sobre lo social“, claro).

El 6 de octubre de 1934, Lluis Companys, desde el balcón del Palau de la Generalitat proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española:

Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder. (…) El Gobierno de Cataluña estará en todo momento en contacto con el pueblo. Aspiramos a establecer en Cataluña el reducto indestructible de las esencias de la República. (…) ¡Cada uno a su lugar y Cataluña y la República, en el corazón de todos! ¡Viva la República! ¡Viva la libertad

Unas horas y tres líderes catalanes asesinados después, el general Batet detuvo a la Generalitat catalana al completo, tras haber declarado ésta su rendición. La autonomía catalana fue suspendida, la Ley de Cultivos fue derogada y Lluis Companys y sus compañeros acabaron entre rejas. La condena fue de 30 años de cárcel, estableciendo un claro contraste con la recién aprobada amnistía para los militares sublevados y liderados por Sanjurjo que habían intentado llevar a cabo un golpe de estado en agosto de 1932.

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Lluis Companys y sus consejeros en la cárcel.

Eran los años 30. La historiografía habla de esta época como la de la “brutalización de la política”. Un momento de quiebra de la moderación liberal, con una gran depresión económica de por medio. Un tiempo en el que casi cada partido político tenía su brazo paramilitar. Las juventudes de ERC también se plantearon armarse, al igual que sus compañeros y compañeras de lucha social en Asturias, por ejemplo. Pero Companys, aquel 6 de octubre de 1934, se negó a armar a sus militantes. ¿Por qué? ¿Por pacifismo?

Seguramente no. La cuestión al parecer es que la proclamación del Estado Catalán dentro de la República Federal Española, en realidad respondía más a la inquietud de las izquierdas por un Gobierno central manejado por fuerzas contrarrevolucionarias, que claramente hacían alarde de su demofobia y su nulo respeto por los derechos de la ciudadanía, que a un verdadero proceso por la independencia. Por lo tanto, en aquella Catalunya de 1934 se apostó por una reivindicación general, de reflexión interna de la izquierda a nivel estatal y de clamor común por el cambio y el progreso. Todos ellas, cuestiones reivindicadas en la proclamación de la República de 1931. De esta forma, la independencia era el camino para la convivencia.

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6 de octubre de 1934: proclamación de Lluis Companys.

Palacio de la Generalitat tras la rendición

7 de octubre de 1934: el Ejército español restablece el orden en Barcelona

La imagen de cientos de soldados del Ejército español, con sus cañones y fusiles en la plaza de la Generalitat de Catalunya, no impidió que dos años después, en verano de 1936, miles personas se echasen a la calle en Catalunya con el objetivo de defender a la República frente a una nueva sublevación militar. Al contrario.

Tal y como dejó escrito George Orwell en su famoso libro Homenaje a Cataluña, en aquellos primeros meses de la Guerra Civil, en Barcelona se vivía una verdadera inversión del orden establecido. Nadie trataba de “usted” a nadie. El saludo era “¡salud!”. Y en los lujosos hoteles, el servicio no rendía pleitesía a la élite. Esta misma élite, escondida y aterrada por lo que veía en las calles, no tardó en definir esta situación como “carnavalada”.

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Milicias anarquistas. Barcelona, 1936.

Y es que eso era precisamente lo que se estaba viviendo: un “carnaval”, una teatralización/materialización de la inversión del orden establecido. Un momento en el que el Poder se invierte y el pueblo se vuelve juez (y verdugo, claro), tal y como vemos en los carnavales rurales de muchos pueblos. El alcalde se vuelve objeto de burla y son las masas quienes juzgan a alguien como personificación de todos los males de la comunidad. La presencia del fuego no hace sino subrayar la idea de purificación colectiva y catarsis del carnaval. La violencia forma parte, una vez más, de la convivencia necesaria.

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Carnaval de Zalduondo (Álava): el personaje Markitos, con traje y corbata, es juzgado, humillado públicamente y ajusticiado

En estos momentos, en Catalunya se está viviendo otra inversión de los valores establecidos.

Algún progre estatal ya estará echando bilis por la boca y no tardará en decir: “¡PERO SI ES LA DERECHA CATALANA LA QUE MONOPOLIZA Y MEDIATIZA EL PROCESO!”.

En ese sentido, hay que decir que dentro del movimiento del 15-M, en 2011, fue precisamente en Barcelona donde se consiguió que verdaderamente el pueblo pusiese en jaque al Parlamento. Fue en Barcelona donde la policía desalojó salvajemente a la gente acampada en la Plaça de Catalunya. Creed al pueblo catalán cuando dice (y demuestra) que tiene un sentido crítico rotundo y combativo y que no perdona a su propia élite.

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15 de junio de 2011: manifestantes del 15-M bloqueando el Parlament de Catalunya

Además, está claro que el PDECat no son los hermanitos de la caridad, sino una élite que representa los intereses de su clase: la burguesía.  Pero ahora es algo más: es un grupo de burgueses que se está jugando su capital en este proceso. Cientos de alcaldes querellados y varios altos cargos detenidos. La élite catalan(ist)a está dentro del juego. Es algo más y no porque nos creamos en su carácter honesto y bondadoso, sino en tanto que el Estado español la está convirtiendo en algo más. Tras una hipotética independencia y en un hipotético escenario de República catalana, seguirán siendo el “enemigo de clase”, una de las bases del patriarcado y el sujeto hegemónico a batir. Pero ahora mismo no está siendo (sólo) eso: ¿Hace cuánto tiempo que no veíamos en el Estado a políticos jugarse el tipo por hacer política? ¿Hace cuánto que no veíamos a personas arriesgando su sueldo y su carrera por apostarlo todo a una carta? ¿Hace cuánto que no veíamos irritación en la cara de los partidos que actualmente controlan el Régimen del 78? (Alcaldes y alcaldesas de PP, PSOE y C’s “amenazados” públicamente). Aunque cueste reconocerlo (y a muchas y muchos nos dé rabia), la élite catalan(ist)a está actuando de forma “poco conservadora”.

En el tiempo de la apatía, el “fin de la historia” y la aparente “no-ideología”, en Catalunya estamos viendo que la política incumbe a todas y todos.

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20 de septiembre de 2017: detención de altos cargos de la Generalitat

Para acabar, queda recordar parte del discurso del parlamentario Joan Coscubiela (Catalunya Sí que es Pot) en el Parlament hace unas semanas, cuando dijo que se oponía a la (nueva) legislación aprobada por las fuerzas soberanistas en tanto que era una mayoría aplastando a una minoría. En este sentido, la siguiente imagen bien puede definir aquello que (en teoría) ataca esta “izquierda de las garantías” y ante la que no se elevó voz alguna en su momento.

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Evolución del proyecto de nuevo estatuto de autonomía vasco por las instituciones (2003-2004)

A este país lo reconoce muy bien la madre que lo parió. Esa mater dolorosa.

Si ahora se justifican las atrocidades autoritarias del Gobierno central, que luego la “izquierda del Cambio“, que ahora enarbola la Ley (y sus “garantías”) como entidad suprema, no se frustre por ser incapaz de conseguir ese mismo cambio en todo el Estado.

Como dice el payaso malvado de la película It, “tú también flotarás”. Las fuerzas policiales en Catalunya también flotan ahora mismo, concretamente: en grandes barcos atracados en el puerto de Barcelona. Este verdadero ejército de reacción y represión hoy está en la capital catalana, pero mañana podría estar en cualquier otro lado. Y eso es algo que debe estar quedando claro para todo movimiento combativo en el Estado: la barricada por la convivencia, la subversión del orden establecido y el verdadero cambio está en Catalunya, al igual que en 1934.

Hoy es Catalunya, pero ayer fue Murcia. Por ejemplo.

Soyuz Gorri

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3 comentarios en “Tú también flotarás: Catalunya y algo más

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