Tu heteronormatividad está arruinando la prehistoria total (II)

PostToni2-Muxe

Bueno, después de dejaros pensar una semana entera sobre qué podemos hacer para evitar estos sesgos, voy a daros las respuestas: La primera es aplicar Teoría Queer (TQ) en arqueología, y la segunda analizar los sistemas sexo/género/sexualidad en otras culturas contemporáneas. Vamos con la primera.

Como breve introducción a la TQ, podemos decir que se considera a Teresa de Lauretis quien puso nombre a la teoría en una conferencia de 1990 (aunque se usaba ya antes). Y, al contrario de lo que a muchOs (si, la mayúscula es a propósito) les gustaría, tiene un amplio trasfondo teórico, con precursores como:

  • Existencialistas franceses del S.XX como Sastre o De Beauvoir.
  • Kinsey y su escala de diversidad sexual del 1 al 6.
  • Los diferentes feminismos: feminismos negros de Audre Lorde (negra y lesbiana) y el concepto de interseccionalidad de Kimberlé Crenshaw, feminismos lésbicos de Monique Witting y Adrienne Rich, ensayos sobre jerarquía sexual de Gayle Rubin, la performatividad de Judith Butler… (de hecho, ha habido cierta discusión sobre si la teoría queer es o no un feminismo de tercera ola.).
  • Los disturbios de Stonewall.
  • La crisis del VIH.
  • Los grupos anti-asimilacionistas que criticaban la asimilación de la cultura LGBT+ por parte de la cultura hegemónica y heterosexual.
  • Las ideas post-estructuralistas de Foucault, Derrida (Deconstrucción) o Lacan que rechazaban la idea de una sola verdad absoluta y universal. El conocimiento es siempre parcial, contextual y contingente a las relaciones de poder, nunca real y objetivo.
  • Subjetividad y teoría agencial: somos agentes que realizamos diferentes acciones dependiendo del momento y lugar en vez de ocupar una identidad estable en todo momento. Las identidades no son un lugar sino un espacio.
  • Y muchos más, pero paro que si no me paso todo el artículo en este punto y no avanzo.

Pero… ¿Qué caracteriza a la TQ? Podemos decir que dicha teoría se caracteriza por los cinco siguientes puntos:

  • Se resiste a la categorización de las personas.
  • Desafía la idea de identidades esenciales y fijadas. Por ejemplo, el género es algo construido y performativo, algo que hacemos más que somos.
  • En un principio cuestionó binarismos de género (femenino/masculino) y de orientación sexual (homo/heterosexual). Posteriormente expandido al sexo (mujer/hombre) y otras categorías (raza, diversidad funcional, clase, etnia, nacionalidad) =
  • Demuestra cómo estas categorías son contextuales basadas en la geografía, historia, cultura…
  • Examina las relaciones de poder bajo categorías, identidades, conocimientos… Así la heterosexualidad ni es lo normal ni lo natural.

Aún así la TQ no ha estado exenta de críticas, siendo una de ellas con doble sentido (hacia y desde la TQ); toda la tangibilidad cultural occidental y contemporánea como puede ser el lenguaje, el conocimiento o el parentesco, se (re)produce desde la “Matriz heterosexual” (la Butler dixit). Es decir, unx tiene un sexo fijado (mujer u hombre), sobre el que se construye un género estable (femenino o masculino) y que determina tu identidad según tus deseos se dirijan hacia el opuesto o el mismo sexo (homo u heterosexual). Pero la realidad es que no existe esa direccionalidad: Tú tienes un cuerpo. Tú puedes expresar una identidad (performatividad= el género es el resultado de nuestras expresiones y comportamientos, no al revés. A base de repeticiones acaba considerándose “real” y legitimando las normas de género). Tú puedes tener deseos.

Si todas las categorías ya criticadas, aunque no creamos en ellas de forma dogmática, siguen teniendo poder y efecto. ¿Qué pasa cuando las usamos para describir poblaciones humanas que solo pueden ser analizadas desde una perspectiva arqueológica? Mediante una serie de ejemplos, me gustaría mostrar esta problemática para (re)pensar e incitar a un debate colectivo sobre las siguientes cuestiones:

1.-¿Seguimos usando esas categorías (hombre/mujer, masculino/femenino, homo/heterosexual…) para individuos de otra época y cultura con el fin de entendernos actualmente entre profesionales o promovemos la creación de nuevas etiquetas para intentar comprender esas identidades a cuya experiencia no podemos acceder, sino aproximarnos desde la arqueología? De hecho, hay cierta acusación de que la teoría queer es etnocentrista y blanca.

2.-En caso de creación de nuevas etiquetas, ¿cuáles serían estas y qué referencias podrían tomarse? Si todo se produce desde la matriz heterosexual, ¿qué salida epistemológica hay (si la hay) a esta cuestión?

3.-¿Somos realmente conscientes del efecto de las etiquetas en nuestro trabajo? ¿Cómo podríamos evitar los sesgos que se (re)producen, no solo en nuestros planteamientos sino también en nuestros análisis?

Para eso vamos a analizar otros sistemas sexo/género/sexualidad en otras culturas y vamos a empezar con un término bastante problemático: tercer género/sexo, un llamado “término paraguas”, un cajón de sastre donde entra todo lo no-normativo. Se incluye la intersexualidad, lo trans, la homo y bisexualidad, los géneros no binarios… Y desgraciadamente muy usado en arqueología, por ejemplo, para explicar ciertos enterramientos: Si tienes una necrópolis en el que las mujeres están enterradas con orientación N-S y ajuar específico (copas, cerámica), y los hombres E-O y ajuar distinto (espadas y otras armas).  Te encuentras un esqueleto masculino enterrado N-S con cerámica. ¿Qué es? ¿Homosexual? ¿Transgénero? ¿Queer? ¿Hetero? ¿Podemos saberlo?

¿Cuál es la problemática de los “terceros”? Primero que refuerza y naturaliza las categorías de género masculino/femenino, que actúan como un standard con el que comparar a estos individuos. Segundo, confina todas las identidades no-normativas en vez de cuestionar las categorías de sexo/género dentro de un contexto cultural específico. Y además nos puede llevar a conjeturas erróneas sobre las dinámicas sexo/género en sociedades no occidentales. Aun así, vamos a analizar ejemplos de otras culturas, tan solo recordad poner comillas mentales a todas las categorías que use.

  • Muxes (región zapoteca del Istmo de Tehuantepec): personas nacidas con sexo masculino que ejercen roles “femeninos” (cuidados a ancianos, niños y enfermos, cocinar, cuidar la casa…). Durante la época precolombina vivían en grupos, en relaciones con hombres o con mujeres, aunque ahora priman las relaciones cortas con hombres. Ahora parecen gozar de más reconocimiento social.
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Una Muxe. Fuente: aquí

  • Hijra (subcontinente Indio): nacidos masculinos o intersexuales, incluso eunucos (pocas veces mujeres) que se refieren a sí mismas en femenino y visten como mujeres. Antes de la ocupación británica tenían mucho prestigio social que ahora están recuperando, aunque muchas se ven obligadas a ejercer la prostitución.
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Una pareja de Hijras. Fuente: esta

  • Aqi (tribus amerindias): categoría formada por parejas de hombres y por mujeres postmenopaúsicas, es decir, individuos que no podían tener descendencia.
  • Yoruba (originarios del oeste de África): en época precolonial no tenían género, se organizaban según la edad del individuo. Los de mayor edad tenían un rango más alto.
  • Dos espíritus (tribus amerindias): individuos en cuyos cuerpos habitan un espíritu femenino y otro masculino. Visten ropas y realizan actividades consideradas de ambos géneros. Considerados seres sagrados y poderosos en comunicación con los espíritus.
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Persona Dos Espíritus contemporánea. Fuente: aquí

  • Vírgenes juramentadas (Balcanes): mujeres que renuncian a la actividad sexual y al matrimonio y viven como hombres (en una sociedad que consideraríamos bastante machista).
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Virgen juramentada contemporánea. Fuente: esta

¿Y qué pasa en el pasado más lejano? Pues que es difícil estudiar este tipo de relaciones e identidades, ya que nos basamos en la materialidad, y la información que proporciona es limitada porque el registro arqueológico es, por definición, incompleto y lamentablemente no existen las máquinas del tiempo. Así que a continuación, veremos algunos ejemplos arqueológicos de interés para este tema.

El primer caso es el famoso Ötzi, una momia de un hombre que vivió en torno al 3300 a.C. (Calcolítico) que fue encontrado en 1991 en los Alpes, entre Suiza e Italia. En 1993 sale la noticia de que se había encontrado restos de semen en su cavidad anal. ¿Gay pasivo? ¿era el Valle de Ötz una zona de cruising? El Investigador Principal declaró que no, que de ninguna manera y que vaya despropósito (maricones prehistéricos no, grasias), pero el hecho fue que Italia y Suiza dejaron de disputarse los restos… hasta que todo se aclaró. ¿Qué pasó? El 1 de abril (April’s fools, algo así como el Día de los Inocentes de aquí) de 1993, la revista gay austriaca “Lambda Nachrichten” publicó esta broma como noticia y el periódico “Der Spiegel” dio como verdad la noticia y la publicó (confirmad las fuentes y la bibliografía, please). Esto produjo un efecto cascada: todos los periódicos compartiendo la noticia, lo cual nos llevó a la situación anteriormente mencionada. ¿La verdad? No se ha estudiado la cavidad anal de Ötzi. Aun así tuvo suficiente impacto como para que dos países decidieran no querer tener uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes (pero no es por homofobia, ¿eh? Que tienen amigos gays…).

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Ötzi con un modelito ideal para ir de cruising. Fuente: su web

Otro ejemplo es el de Nianjjnum y Jnumhotep, servidores del faraón Nyuserra de la 5ª dinastía (2420- 2380 a.C.) que fueron enterrados juntos, lo cual demuestra una intimidad entre ambos. Ambos tenían los mismos títulos: Supervisor de la Real manicura, Confidente Real y Siervo del dios Ra en el Templo del Sol de Nyuserra, y a su vez ambos estaban casados con mujeres y tenían hijos. Pero en la pared aparecen representados de la misma manera que se representaban a los maridos-mujeres en dicho periodo.

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¿¡Maricones!? ¡¿En mi investigación!? ¡NUNCA! Antes que me quiten la subvención. Fuente: esta

Este descubrimiento tuvo críticas muy fuertes: Que si estando casados no podían mantener una relación entre ellos. Que si encasillaba a los gays en profesiones muy actuales. Que podrían tener otros tipos de relación: hermanos, compañeros de guerra y/o de trabajo, muy buenos amiguis, que era un complot para propagar la Agenda gay… Afortunadamente está bastante aceptado que Nianjjnum y Jnumhotep mantenían una relación.

Y para finalizar… ¿Qué pasa con las lesbianas prehistóricas? Pues existe muy poca evidencia, con lo cual me pregunto: ¿Existe una resistencia a identificarlas en el registro arqueológico? ¿Se encuentran sin escape de ser catalogadas con el resto de mujeres: reproductoras y cuidadoras?

Entonces, a ver, ¿conclusiones? Hemos visto que los sistemas sexo/género de cada cultura no son ahistóricos, universales ni invariables, y que hay que considerar cada uno en su contexto. Además, en muchas de las interpretaciones sobre el pasado se usa un enfoque actualista (sin ser conscientes de ello) o incluso se usa la biología para justificar ciertos comportamientos. Y tenemos que tener en cuenta que lo que hoy en día es no-normativo, no tenía por qué serlo en el pasado. De hecho, podemos encontrarnos relaciones de género que no tengan un equivalente actual (ni siquiera podemos usar los ejemplos anteriores para interpretar el pasado, solo para expandir nuestros conceptos). La equifinalidad en el registro arqueológico también juega un papel importante ya que este, por definición es incompleto, y en los enterramientos a lo que “accedemos” es a los últimos años de vida (e identidad) de un individuo. Y nos dejamos cosas por discutir aún así…

Total, que la TQ está muy bien cuando renuncias al conocimiento positivo y objetivo y nos sirve para impedir la cristalización de otras teorías. Por ejemplo, impide la esencialización del constructivismo de género en el feminismo, ya que precisamente (pro)viene de esta cuestión. Entonces, ¿podemos hablar de identidades LGBT+ en el pasado?

Por un lado (y con una perspectiva queer), no. La palabra “homosexual” fue creada en 1869, con lo cual no debería usarse para antes de ese momento, ya que dicha palabra proviene de un contexto específico (medicalización de la sexualidad en el s. XIX) y creación de identidades fijas. ¿Usamos la palabra sodomita? Implica una acción (sodomía) y no una identidad… ¿Qué denominación usamos si no podemos acceder a esas identidades?

Pero por otro lado… SÍ. Donna Haraway en “The promises of monsters” dijo que para resistir a las mitologías tradicionales hay que usar mitologías revolucionarias. Si la familia nuclear es la mitología tradicional, ¿qué más revolucionario que exponer siglos y milenios de individuos que no han seguido esa norma? El filósofo español Paco Vidarte dijo: Siempre hemos estado ahí, a pesar de haber sido asesinados y apaleados, y seguiremos estando ahí. Y en otra ocasión dijo que “en el pasado sucumbimos, solo tenemos presente y futuro”. Pues lo mismo ya va siendo de (re)apropiarnos de nuestro pasado.

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