“La bandera de mi país”. Sapir-Whorf, violencia epistémica y la colonización de los niños navajos

Hoy vamos de decoloniales. Todo con tal de parecer cool. Foto cortesía de Max.

La llegada” (Arrival, Denis Villeneuve, 2016), además de parecer la descripción del final de una porno, es una de las mejores películas que he visto en los últimos años y -venga la polémica friki- muy superior a Interstellar. Uno de los temas principales de la película es la hipótesis lingüística de Sapir-Whorf. Esta teoría, en resumen, viene a decir que lo que somos (ontología) y lo que conocemos (epistemología) está determinado por el lenguaje. Su máxima sería algo así como “los límites del conocimiento son los límites de tu lenguaje”. En la película, unos alienígenas llegan a la tierra para comunicarse con los seres humanos, que deben aprender su lenguaje a través de sus signos. Un lenguaje que, mucho más desarrollado que el de los humanos, no solo expresa el espacio, sino también el tiempo y otras dimensiones. Peliculón, no os lo perdáis. Y la banda sonora casi mejor.

 

El lenguaje es una forma de poder, y su representación escrita mucho más. La escritura, desde su propia creación, ha funcionado como una forma de dominación y de distinción entre aquellas sociedades con escritura y aquellas que no la tienen. Tan poderosa es la escritura que determina quién tiene Historia y quién no la tiene. Un ejemplo práctico: las decenas de miles de familias que han perdido sus tierras por no tener “escrituras” sobre las mismas. El conflicto mapuche actual, por poner un ejemplo concreto y cercano, se basa en este hecho diferencial de un lenguaje (la escritura) que permite ser poseedor de una cosa (la tierra). Benetton tiene escrituras, los mapuches no tienen escrituras.

Este meme funciona en casi todos los sitios. Es el Simpsons de los memes. Fuente: pinterest.es

Y si hay una forma de expresar el poder es el de inventar una escritura, trasponer un sistema de referencias hacia otro; de la palabra a la letra. Siguiendo la teoría de Sapir-Whorf esto sería una forma extrema de dominación y de violencia epistémica, ya que sería transformar complementamente una forma de ser y de conocer; modificar los límites del conocimiento y encajarlos en otra ontología. No se puede pretender que una forma de comunicación no-escrita se re-presente a través de una forma distinta de codificación como es la escritura sin que haya procesos de violencia de por medio. Sin embargo, para los procesos de colonización este fue un paso necesario. Era imprescindible para la dominación de los colonizadores sobre los colonizados que estos últimos adoptaran la escritura. Así, se crearon “literalmente” (qué bien nos ha venido esta palabra aquí) nuevas formas de expresión escrita mediadas, claro está, por los signos de codificación de la epistemología occidental.

Yo miro a mi bandera. Yo amo al líder. Foto cortesía de Max

Hace un tiempo tuve la oportunidad de asistir a unas clases donde el profesor nos enseñó esta maravilla de la arqueología de la dominación que os pongo aquí en imágenes. Se trata del libro “The Flag of My Country SHIKÉYAH BIDAH NA’AT’A’Í. KING — NEZ — BAH”, publicado por Cecil S. King en 1956 para enseñar a la población Navajo a leer y escribir en inglés y en navajo. Este libro se publicó dentro del denominado “Special Navajo Education Program”, en marcha desde los años 40 tras la Segunda Guerra Mundial y con el objetivo de crear mecanismos y dispositivos de inclusión de los niños navajos en el sistema educativo usamericano. Los Navajo, para aprender todas un poco (me incluyo, que no sé si sabéis que las del GAS aprovechamos los post para aprender también), son la nación de Nativos Americanos cuantitativamente -y económicamente- más importante de todo América del Norte (con unas 298000 personas) y viven fundamentalmente en el suroeste de Estados Unidos de América, en los Estados de Arizona, Nuevo México, Utah y Colorado. El nombre “Navajo” deriva de la españolización del término navahuu, que significa “campo de cultivo” o “cauce seco”. Detalle friki, la película Windtalkers (John Woo, 2004. Y con nuestro amado Nicolas Cage) trata de la incorporación de los navajo al ejército yonki durante la Segunda Guerra Mundial. Como dato curioso, es una de las pocas naciones de nativos americanos que tiene su propio servicio de arqueología; de eso hablamos en otro post.

Estas son las Banderas de nuestros padres y no la peli de Eastwood. Foto cortesía de Max.

No hay que hacer un análisis arqueológico muy profundo para darse cuenta del impresionante sesgo ideológico de esta joya literaria. El título y la portada ya son extremadamente indicativas de los objetivos del programa: “tú, Navajo, has de identificarte con el Estado-nación usamericano representado simbólicamente en su bandera”.  Es un antecedente claro de la política multicultural neocolonial que se pondría de moda a partir de los años 90 hasta la actualidad: “tú, Navajo, y tus (salvajes) costumbres serán respetadas en tanto en cuanto ‘mires a nuestra bandera’ que es la tuya”. Y no solo eso, sino que te lo enseñamos a escribir en inglés y en tu idioma, para que no se te olvide. Para que se te grabe a fuego. Para que sean los límites de tu ser, de tu pensar y de tu conocer: my flag means my home / my flag means my father and mother.

Hombre. Tu haz cosas. Foto cortesía de Max

Las que afirmamos que los tres proyectos de dominación que son el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado van de la mano y son inseparables el uno del otro somos tachadas de locas, de conspiranoicas (eres una feminazi porque… cuchara). Mu bien. Pues solo hay que echar un vistazo a las otras dos páginas que os traemos de este Mein Kampf de la literatura usamericana. En una, el hombre “tiene” que aprender a ser carpintero, a producir, a utilizar herramientas y transformar la naturaleza activamente (I may learn to be a carpenter). Las niñas navajo, en cambio (o sus hermanas, para el caso, patatuelas) tienen que aprender a ser amas de casa, a reproducir el hogar y a coser. Si esto no es ideología patriarcal, colonialista y capitalista, que baje Adam Smith y lo vea.

Tú, mujer. Cose y limpia. Foto cortesía de Max

Si bien la teoría de Sapir-Whorf no ha sido especialmente popular entre los lingüistas por ser excesivamente determinista, no hay duda de que al menos un poquito de razón podían llegar a tener. El lenguaje y la escritura son dos dispositivos de dominación en cuanto que traducen las formas de ser-en-el-mundo en comunicación y en experiencia. Al transponer lo que es hablado en algo escrito parte de ese saber-poder también es transmitido, pero en beneficio de uno de los lados de la balanza, el que pone los signos (las letras). Y mucho más si lo que le enseñas a un niño es que su bandera (usamericana) representa su casa (Estados Unidos de América). Hell yeah!

Max

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