Qué somos

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Gran Timonel,

El objeto de estas palabras no es otro que el de informarle sobre nuestro colectivo, hoy poco más que un embrión, bautizado como Grupo de Arqueología Social (también conocido por su acrónimo GAS). Consideramos que nuestros medios y fines pueden coincidir en cierto modo y no estaría de más poder apoyarnos mutuamente si las circunstancias lo requieren. Por cierto, y a riesgo de perturbar la conciencia del Amado Líder, sacar a nuestras informantes del gulag campo de reeducación también sería un detallazo, pero vayamos paso a paso.

El Grupo de Arqueología Social (GAS de aquí en adelante) nace a raíz de una inconformidad con respecto a nuestro presente. Para nosotras, la arqueología (entendida como el estudio del pasado del ser humano, desde sus orígenes hasta la propia actualidad, sin excepciones temporales, teniendo como elemento central la relación del ser humano con la materialidad) va más allá del estudio de las cosas viejas. Esta labor nos proporciona, en nuestra opinión, una serie de herramientas de actuación y, en última instancia, de transformación social. Si no aceptamos este hecho, las arqueólogas quedaremos relegadas a las torres de marfil y a los sabios egoístas, atrapadas para siempre en la espiral sin salida de una producción científica dirigida exclusivamente hacia la publicación en revistas de impacto o la justificación de proyectos en seminarios y congresos… o directamente en el paro.

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Las arqueólogas deberíamos estar en los yacimientos y en el resto del mundo, como Chuck Norris.

La arqueología, Su Excelencia, debe devolver a la sociedad algo de lo que ha recibido. Al igual que la agricultura, la ganadería o la pesca nutren al conjunto de la sociedad, nosotras debemos nutrirla (junto con muchas otras disciplinas) también con conocimiento sobre el pasado y el presente, espíritu crítico y valores con el fin de generar un mundo mejor (para Vd., claro). Más aún, como parte de la sociedad, nosotras debemos participar de sus preocupaciones, de sus problemas y de sus soluciones, poniendo a disposición de la gente las herramientas de la arqueología.

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La arqueología sufre cuando el resto de la sociedad lo hace. En la imagen, Homo heidelbergensis sufre otro episodio más de brutalidad policial.

Pero el GAS no pretende dar clases de ética, ni mucho menos. No queremos ser tertulianos de televisión o arreglamundos de bar. Queremos estar apegados a la tierra y eso hace que estemos especialmente a favor de Newton, la gravedad (siempre que el Querido Líder también lo esté) y a su tercera ley que dice que “a cada acción siempre se opone una reacción igual”. Vamos, que si no hay acción y sólo hay gente pensante en sus mesas no hay reacción de ningún tipo. A grandes rasgos, nuestras acciones pueden resumirse en las siguientes:

a) Informar: nuestro nivel más básico. La actualidad, ese río convulso compartimentado y dirigido por los mass media, arrastra materiales que tienen que ver con lo que fuimos y lo que somos. Pretendemos, en este sentido, divulgar, detallar y, en ciertos casos, desmentir nuevos descubrimientos o reflexiones que salen a la luz de la sociedad como trozos de información a través de las rejas de la academia.

b) Remover: determinados eventos que acontecen hoy están directamente relacionados con ciertos elementos pasados; intentamos removerlos, como quien remueve el fango del fondo de un pantano, para impregnar el presente y contextualizarlo.

c) Provocar: tratamos temas polémicos, en ocasiones, de forma pretendidamente esperpéntica o absurda, con la intención de mover a la gente de sus asientos y que reaccione, sea para estar de acuerdo o en desacuerdo.

d) Denunciar: las arqueólogas, al igual que otros sectores profesionales y sociales, estamos capacitadas para señalar con el dedo cualquier vulneración de los Derechos Humanos.

e) Intervenir: rasgar el tiempo por un momento en un espacio concreto nos permite reflexionar sobre la construcción de nuestro mundo y paisajes. Una materialidad determinada, fuera de su contexto temporal, nos lleva del choque a la reflexión. Más allá de los asientos del despacho, la calle como espacio de reflexión, crítica y combate.

f) En definitiva, lo que pretendemos con todo esto es generar debate y reflexión sobre nuestro pasado y, por ende, sobre nosotras mismas y nuestras sociedades, repartiendo armas y pertrechos para la batalla de la transformación de nuestra propia historia.

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El GAS organiza sesiones periódicas de debate y reflexión, abiertas para todas aquellas personas interesadas.

Llegadas a este punto, Su Magnificencia, merece la pena destacar que el GAS no es algo homogéneo. Sus miembras se retuercen entre el materialismo histórico y el posmodernismo más absoluto, si bien hay un punto fundamental que actúa a modo de “pegamento”: rechazamos el heteropatriarcado, el sexismo, el clasismo, el racismo o cualquier actitud que justifique la dominación y la explotación de unos seres humanos por parte de otros.

Sin embargo, creemos que hay algunos rasgos que ya definen nuestro incipiente colectivo:

– Su carácter de plataforma: aunque somos contadas las miembras del GAS, estamos dispuestas a dar voz a cualquier persona que tenga algo que contar sobre materialidad, arqueología y sociedad. Estamos dispuestas a recoger y difundir todo aquello que nos hagan llegar autoras anónimas, salvo que contradiga el único punto fundamental que nos une (a no ser que esta contradicción se realice a sabiendas como modo de provocación).

– El humor como estrategia y como espacio a ocupar por parte de la arqueología: existen muchas páginas web sobre arqueología e historia. Descubrimos que el hueco de la arqueología tomada informalmente y con humor era enorme y que tenía mucho potencial. Rechazamos las ideas planas, aburridas, normalizantes; apostamos por la crítica, la ironía y el absurdo reflejo del mundo en el que vivimos.

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Kim a caballo en el Rocío. Los infiernos conceptuales son del agrado del GAS.

Brevedad, urgencia e inmediatez: pretendemos construir de este modo contrahegemonía a partir de productos que se gestan rápido, se mueven velozmente por las redes sociales, se digieren bien y se leen en su momento justo a tiempo, antes de que la información que pretendan matizar, criticar, apoyar, cuestionar, contextualizar o aclarar haya quedado obsoleta.

– El anonimato: da igual quiénes seamos, lo importante es lo que decimos. En la sociedad individualista que nos toca vivir el “yo” es un elemento que determina de tal forma que, dependiendo de quién piense, escriba o diga algo, ya preconcebimos nuestra relación con esa persona. Eso no debe ser así; la crítica debe dirigirse al mensaje, nunca al mensajero (salvo si es usted Amado Líder, que siempre será de regocijo y alabanza), ya que así se desvirtúa la propia crítica. Además, y por fortuna-desgracia, el uso de pseudónimos impide (o dificulta) las represalias que puedan ser tomadas contra la cúpula del GAS. Asimismo, quienes quieran colaborar con nosotras también lo harán a partir de un pseudónimo, a menos que se desee lo contrario.

– La estética contrahegemónica y el lenguaje popular-autoritario (aquí nos inspiramos en gente como Vd., Querido Líder): la estética es un área de lucha igual que cualquier otra y por esto entendemos que el arte es un arma cargada de arqueología. Nos gusta lo anti-estético, lo raro-estético y lo amorfo-estético. Nos gustan Putin subido en un oso y Stalin de gelatina; nos gusta Margaret Thatcher con bigote y Frida Kahlo sin su ceja; nos gusta Yuri Gagarin versión chimpancé y nos gusta Tiananmén psicodélico. Todo sea por la crítica y la crítica sea por todo.

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Putin a caballo mientras Moscú está helado. Esto también le gusta a las miembras del GAS.

– Como colectivo (y como ya habrá el Gran Timonel apreciado este punto a estas alturas) hablamos en plural femenino, como rechazo al heteropatriarcado y a favor del necesario posicionamiento feminista.

– En este sentido, el lenguaje es la primera arma; no dudamos en llamar a las cosas por su nombre, que no es otro que el que sirva a la sociedad. Por eso optamos por denominar a lo que tradicionalmente se llama “patrimonio” como “Bien Común”. Entendemos que este nombre hace más justicia a lo que debería ser de toda la sociedad y rechazamos la etiqueta tradicional por ser patrimonialista y patriarcal.

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Reinterpretación de la matanza de la Plaza de Tiananmén (China, 1989) al estilo GAS.

En condiciones óptimas y en última instancia, las miembras de la cúpula del GAS estarán preparadas para practicar el entrismo en las mismas entrañas de la academia, para así abatir a los monstruos que ha generado desde dentro.

Sin más, nuestro más cálido abrazo,
Wu Ming, Líder Supremo del Grupo de Arqueología Social (GAS)

Texto original publicado en: Wu MING, 2016, “El Grupo de Arqueología Social (GAS) explicado al Gran Timonel”, La Linde, 6, 149-154 (haz click aquí para descargarlo en pdf).

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