Felipe II o el imperio en el que nunca se (le) pone floja

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Ilustración de José David Morales para el libro ‘Historia absurda de España’ . Fuente: Strambotic.

Cuentan ilustres historiadores que Felipe II generó una monarquía papelera, por aquello del incremento de la burocracia, los impresos normalizados y las sabandijas que los llevan de un lado para otro como pollos sin cabeza. Pero no me contaron en el cole que la producción de kleneex aumentó durante todo el reinado de este monarca, básicamente, porque no paraba de cascársela. Y su pito sí que debió mantener su cabeza de milagro; reflejan las crónicas de la época que tenía el miembro viril como el joystick de la Playstation (que por aquel momento debía ser la Play 2) o como el mango de un cuchillo. Para colmo de todo eso, acceder a la pornografía no era nada fácil: por entonces el Internet iba por cable, las páginas tardaban un montón en cargar y no se podía hablar por teléfono cuando andabas trasteando en la web, algo que provocó que su madre, Isabel de Portugal, casi lo pillase en plena faena en más de una ocasión al ir a decirle eso de “niño, corta el Internet ese que tengo que llamar a tu tía la Loli”. Encima, en El Escorial el tío del kiosko conocía a toda la familia real. ¿Con qué cara quieres que fuese allí Felipe II a comprar, m’anquesea, la Interviú? Sigue leyendo

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“Franco no estudió en West Point”. Paquito el mediocre.

En el GAS siempre nos hemos caracterizado por hacer lo que nos sale del trilirili la libertad de expresión. Nuestro rollo es que todo el mundo hable independientemente de sus creencias, orientaciones, color de piel o equipo de furgol… Es mentira, Wu Ming censura todo lo que puede y más, pero hoy se nos ha colado esta reseña sobre el libro “Franco no estudió en West Point” de Gabriel Cardona escrita por alguien de nombre Facho Fachez y como el que filtra estas cosas está en las JIA bebiendo las gotas que caen de los floreros que previamente tenían agua que ya se bebió haciendo cencia, pues decidimos publicarla.

Este libro es una mierda y punto. No hay quién lo lea de las mentiras rojo-masónicas que rezuma en cada una de sus palabras. Yo he hecho el esfuerzo vomitando por el camino para dar a conocer las calumnias y desaires cometidos contra nuestro querido CaudillO (tan grande es que tiene, como Cristo, un principio y un final en mayúscula). “Franco no estudió en West Point” es un libro al que Primo de Rivera no daría a like. Con esto lo digo todo y no digo nada. Sigue leyendo

El calostro y las cosas. Capítulo 4: la de la estación total folla menos que el bajo en un grupo de pop-rock

¿Alguna vez te has preguntado por qué tu colega tiene éxito en la vida y tú eres arqueóloga? ¡Hola! Soy Max Mclure, tal vez me recuerden de otros posts conocidos y leídos como… ¡Y volvemos con “El calostro y las cosas“! La segunda sección del GAS menos querida que se adentra en los profundos secretos de esta nuestra profesión que es la cencia arquehólica. Hoy analizamos uno de los grandes misterios que han atraído la atención de las arqueólogas desde que Gordon Childe se hizo su primera paja (Hayden, 1967), ¿cuál es uno de los seres más infectos en una excavación ? Ya en otros capítulos hablamos de los pringaos y de las escorias sociales más bajas en la jerarquía excavatoria, pero hoy centraremos nuestra atención en el que posiblemente sea el dodo de la cadena alimentaria en el mundo arqueológico: la de la estación total. Sigue leyendo

El GAS unplugged: la guarida de Mrs. Margaret

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Mrs. Margaret

Hoy visitamos el backstage del personaje, sin duda, más misterioso y peligroso de cuantos pululan por el GAS: nuestra artista de cabecera, Mrs. Margaret. Nunca ha escrito nada para este insigne portal internáutico, pero sus obras han estado presentes aquí y allá. Un pequeño equipo (fuertemente armado y protegido por sendos sherpas armados a su vez con sendos cuchillos jamoneros) ha podido acceder a la guarida de esta bestia de la creación artística. Acompañadnos en este excitante viaje por el lado más oscuro del GAS…  Sigue leyendo

El Pato está que trina

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Semos carne de ideología: gente a punto de ser devorada por un pato de goma. Fuente: aquí

En esta época de democracias líquidas y significantes flotantes tardábamos ya (ay, pero la carne es débil) en escribir un post sobre uno de los iconos de nuestra realidad contemporánea: el pato de goma. ¿Qué mejor símbolo de la materialidad posmoderna? Pensadlo por un momento. Hace unos años un anuncio que no voy a reproducir reflejó la historia de un barco que transportaba patitos de goma y cuyo cargamento, cruel broma del destino, terminó cayendo al agua y flotando en el mar a la deriva. Los patitos recorrieron millas y millas y llegaron hasta todos los rincones del planeta. La acumulación de plásticos en el océano, la muerte de animales salvajes asolados por nuestros vertidos tóxicos, el cambio climático… ¿Quién se para a pensar en todo eso cuando mira los ojos vivarachos y el pico sonriente de un amarillísimo pato de goma? Sigue leyendo

“Como yo te hablo”: er andalú como arma pa desprehtigiá a la hente

“¡Vámonoh al báh!”. Cuenta Tomás Gutier que’l emperadó Adriano, cuyo origen contramos en la siudá de Itálica, situá en la provinsia romana de la Bética, tuvo que soportá buhlas sobre su asento en el senao imperiá. Lah buhlas sobre lah hablah’andalusas han sío y son una conhtante poh parte de la hente de Despeñaperro p’arriba, y máh aún dehde Madrí pal norte. Sigue leyendo

Los límites del humor, o por qué hacer bromas de Echenique no está mal pero sí los chistes machistas

Todo el mundo se fijó en Echenaik, pero nadie se dio cuenta de que Pablo se compara con un tipo que murió atravesado por el láser de un tío rojo (Garzón intensifies).

Desde el GAS hemos hecho siempre una apuesta directa por el humor como método de acercamiento de la Arqueología a la sociedad. Creemos que frente a una exposición falsamente científica y lineal de los datos arqueológicos que acaban convirtiendo la Arqueología en algo minoritario y jodidamente aburrido, la repetición hasta la exhaustividad de los mismos clichés simplistas sobre la arqueología a un público al que solemos considerar poco menos que como bordelines, o la “guetización” con contenidos que solo nos interesan a nosotras como colectivo (es lo que Soyuz Gorri y yo bautizamos como “el síndrome de Andy Kaufman“; y, lo reconozco, desde el GAS caemos mucho en esto), existen otras formas de hacer para que la sociedad se interese por la arqueología, construyamos pensamiento crítico y generamos espacios de intercambios de ideas. Sigue leyendo